
Si no nos esforzamos por conectarnos con la fuerza de amor y generosidad que nos creó y nos sustenta, si simplemente deseamos vivir en calma y tranquilidad en este planeta y desde luego, no deseamos sufrimiento ni problemas y realmente no queremos ninguna transformación personal en particular. En ese estado, sólo anhelamos comodidad, estabilidad y paz. Reaccionamos ante la desgracia, intentamos evitarla, huimos de ella y la reducimos al máximo. Es normal y así vive la mayoría de la gente.
Si nuestro único objetivo es vivir bien en este mundo, el principio que nos rige es: «no sufrimiento y no recompensa». Deseamos estar en silencio, pasar desapercibidos, evitar problemas innecesarios, para que la vida sea más tranquila, modesta e incluso, menos llamativa. Así podemos dejar que las cosas fluyan, hay personas cuya naturaleza interior se siente satisfecha con este enfoque. También hay quienes inicialmente se resisten, pero tras algunos golpes del destino, se resignan y aceptan vivir en silencio.
Todo depende de la esencia del alma. Algunas almas se contentan con la simple existencia terrenal. Otras no pueden aceptarlo bajo ninguna circunstancia.
Sin embargo, es diferente para quienes buscan conectarse con la fuerza primordial de la vida, la fuerza superior de amor y otorgamiento que creó y sustenta a todos y a todo. Para estas personas, la cercanía a esta fuerza se convierte en su principal compromiso y no importa qué camino conduzca a ella, fácil o lleno de dificultades y obstáculos.
En ese caso debemos ver el sufrimiento y las dificultades como ayuda. Si nos esforzamos por conectarnos con la fuerza superior de amor y otorgamiento, deliberadamente se interponen diversos obstáculos en nuestro camino. Descubrimos que con nuestras fuerzas no podemos superarlos. Vemos que no podemos cumplir las condiciones necesarias para la conexión. Comprenderlo, nos obliga a buscar ayuda en la misma fuerza que aspiramos a alcanzar, también llamada «ayuda divina».
Así, los obstáculos se vuelven necesarios. Incluso el «palo» que nos golpea tiene significado. Se dice que debemos «besar el palo que nos golpea». No porque el sufrimiento sea bueno en sí, sino porque gracias a él, encontramos dirección hacia el propósito último de la vida.
De lo contrario, si no nos esforzamos por conectarnos con la fuerza fuente de la vida, la fuerza superior de amor y otorgamiento, vagamos dejando que nuestros deseos egoístas de beneficio propio nos lleven por caminos largos, sinuosos y confusos, nadamos como peces pequeños a merced de la corriente.



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