Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Qué pasaría si pudiéramos volver a ser jóvenes?

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Foto: David Sinclair genetista homenajeado, llega con una invitada a la ceremonia Time 100 que celebra el nombramiento que le dio la revista de las 100 personas con más influencia en el mundo, en el último año, en Nueva York , 29/abr/14. REUTERS/Lucas Jackson

David A Sinclair, profesor de genética y codirector del centro Paul F. Glenn para la Investigación de la Biología del Envejecimiento, de la Facultad de Medicina de Harvard, afirma haber encontrado una forma de hacer que la gente vuelva a ser joven. La llama «reprogramación epigenética de los tejidos envejecidos», según él, podemos recuperar los años perdidos. Suponiendo que sea cierto y suponiendo que pudiéramos comprar una píldora o algún otro tipo de medicamento que pudiera rejuvenecer nuestros tejidos, yo no lo querría. No la tomaría aunque fuera gratis. Creo que no es un regalo, sino una maldición para la humanidad. Lo importante no es cuántos años vivimos, sino cómo vivimos nuestros años.

Si me preguntaran si quiero más poder del que me dio la naturaleza, sería sólo más poder para cambiar mi naturaleza egoísta, mi ego. ¿Qué me daría vivir para adquirir más riqueza o poder o estatus social? Corregir el ego, acercarme a la naturaleza de amar a los demás y conectar a la gente con la naturaleza de la creación -la red integrada de amor que nos sostiene- es un objetivo por el que vale la pena vivir.

Sólo si nos conectamos a la red interconectada de la realidad, la vida vale la pena. En ese estado, salimos de la ilusión de que sólo vivimos para nosotros mismos y empezamos a sentir la existencia total. Igual que cada célula existe individualmente, pero vive por el bien del organismo del que forma parte, cuando no vivimos por nosotros mismos, sino por la humanidad y por la realidad, creamos la vida de toda la realidad.

En ese estado, no necesitamos reprogramar ningún tejido. Llegamos mucho más allá del nivel de los tejidos y conectamos nuestra conciencia con lo que nos rodea. ¡A eso le llamo vida!

Si nos limitamos a nuestros tejidos y los veneramos, vivimos mientras existan nuestros tejidos. Pero si nos centramos en ayudar a la humanidad a encontrar la vitalidad que existe en la conexión, estaremos más allá de la vida y la muerte. En ese estado, sólo habrá amor, cuidado y compasión en nuestra realidad.

Por siglos, los cabalistas no pudieron revelar esta verdad a la humanidad, pues la gente no los entendía. Pero ahora que la gente empieza a escuchar, es posible compartir este secreto con la humanidad: La felicidad no se encuentra en el yo, sino en la buena conexión con los demás.

Para concluir, me gustaría citar las palabras del padre de mi maestro, el gran cabalista Baal HaSulam: «Me alegro de haber nacido en una generación en la que está permitido revelar la sabiduría de la verdad».

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