
Cuando intentamos comprender lo que sucede en la vida, lo que, realmente son los acontecimientos, presiones y situaciones, solemos ver un mundo caótico, lleno de guerras, crisis, luchas personales e incertidumbre. Pero, desde una perspectiva más profunda, hay una fuerza única que opera detrás de todo. En la sabiduría de la Cabalá, la llamamos “Creador”.
Esta fuerza constantemente se nos presenta en escenas, situaciones y experiencias que cambian. Al principio, las percibimos como reales, pesadas y a menudo dolorosas. Parecen externas, fragmentadas y amenazantes. Pero gradualmente, si las vemos como provenientes de una fuerza única que, más allá de nuestros problemas, desea que nos identifiquemos con ella, lograremos comprender que no son eventos independientes. En realidad, son como espejismos, formas que se nos aparecen para guiarnos hacia una percepción más profunda y elevada de la realidad.
El problema no está en lo que se nos presenta, sino en cómo lo relacionamos. En el momento en que sufrimos, la sensación interna se reviste de imágenes externas como conflicto, miedo, guerra y dificultades personales. Estas experiencias se convierten en la narrativa en la que sufrimos. Pero, si aprendemos a no sucumbir al sufrimiento, a no identificarnos totalmente con él, la perspectiva comienza a cambiar.
No es que el mundo exterior desaparezca, sino que su significado se transforma. En lugar de ver eventos aislados y amenazantes, percibiremos que, intencionalmente, todo se nos muestra como parte de un proceso. Las mismas situaciones que antes causaban dolor comienzan a revelar su propósito. Nos guían para que comprendamos.
Así, lo que se presenta ante nosotros no es caos ni sufrimiento aleatorio, sino la fuerza rectora única. Esta fuerza guía la realidad y nos permite ser conscientes de cómo opera realmente la naturaleza y de nuestro lugar dentro de ella.
¿Y cuál es el estado hacia el que somos guiados? Es un estado de felicidad absoluta, de gran alegría que proviene de nuestra alineación con la fuerza rectora, de comprender nuestro papel en la realidad, de adherirnos al plan y a la intención de esa fuerza y de ver la realidad tal como es.



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