Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

La inutilidad de ser líder del mundo en vacunaciones

vacunas Israel

Dosis de vacunación COVID-19 administradas por cada 100 personas, 14/ene/21. Fuente: Our World in Data.

En lo que respecta a vacunar a su población, Israel es líder en el mundo por un margen tan grande, que el país en segundo lugar, los Emiratos Árabes Unidos, tiene un poco más de la mitad del éxito que Israel y Estados Unidos, donde se fabrican las vacunas, se encuentra en un distante quinto lugar, con una tasa de vacunación per cápita ocho veces más lenta que la de Israel. Los asombrados líderes mundiales envían delegaciones a Israel para saber qué es lo que estamos haciendo bien. Pero mientras los líderes están asombrados, el resto del mundo está mucho menos impresionado y, más extraño aún, la tasa de infección no disminuye a pesar de las vacunas y a pesar del cierre. ¿Por qué no funcionan las vacunas?

En lugar de admiración, recibimos amonestaciones de todos lados. La gente culpa a Israel por negarles las vacunas a los palestinos. Por supuesto, no es cierto, pero la verdad no importa. Si los palestinos las hubieran tenido primero, antes que cualquier israelí, la gente diría que Israel trata de eliminarlos. Porque no las obtuvieron suficientemente rápido (en opinión de algunas personas), la gente dice que queremos que mueran de Covid. De cualquier manera, su aflicción es culpa nuestra. Así ha sido siempre y así será siempre, hasta que comencemos a hacer lo que debemos.

Nuestro éxito en la vacunación de la población es notable, pero no es algo de lo que debamos alardear. Si fuéramos más inteligentes, lo habríamos hecho con más reserva y no hubiéramos presumido los números.

En general, no veo ningún motivo de orgullo; creamos una enorme deuda nacional, un enorme déficit y no creo en la esperanza de que en unos meses la economía se recupere gracias a las vacunas y podamos saldar la deuda y tener algún apoyo.

Es grandioso que vacunemos a la población, pero no hicimos lo más importante y las vacunas no ayudarán. Mientras no sigamos las leyes de la naturaleza, la naturaleza seguirá dirigiendo a las naciones en nuestra contra. Las leyes de la naturaleza dicta que Israel sea ejemplo de unidad, pero estamos ocupados creando nuevos partidos políticos cada dos días. No somos ejemplo a los ojos del mundo; somos una burla. Un comentario típico de un no judío a un tweet que un judío escribió contra otro, decía: «Se dice que, por lo general, los judíos son los que más odian a los judíos». Nos ven con lástima.

No es como si no supieran lo que quieren de nosotros. En el fondo, los antisemitas más rabiosos saben lo que buscan en los judíos. Cuando nos culpan por causar todas las guerras, como lo hizo Mel Gibson, por ejemplo, en realidad nos dicen que podríamos evitarlas. Y de hecho, podríamos, si sólo diéramos ejemplo de unidad. Pero cuando damos ejemplo de repugnancia y odio mutuos, eso es lo que el mundo absorbe de nosotros. ¿Será entonces una maravilla que en algún momento las naciones decidan deshacerse de nosotros?

No es como si nunca hubiéramos hecho nada bien. El judaísmo se basa en los valores más loables. Somos los únicos que se convirtieron en nación después de que se comprometieron a amarse unos a otros «como un hombre con un corazón»; somos la única nación cuyo lema fue “Ama a tu prójimo como a ti mismo”; y somos la única nación a la que se le encomendó ser “luz para las naciones”, dar ejemplo de amor y responsabilidad mutua a los demás.

Este es el ejemplo que los antisemitas quieren que demos. Henry Ford, claramente uno de los antisemitas más notorios en la historia de Estados Unidos, escribió en su libro El judío internacional: el problema más importante del mundo: “Los reformadores modernos, que están construyendo sistemas sociales modelo, … harían bien en examinar el sistema social bajo el cual se organizaron los primeros judíos». De igual modo, Vasily Shulgin, miembro de alto rango del Parlamento ruso, antes de la Revolución Bolchevique de 1917 y conocido por su rabioso antisemitismo, en su libro Lo que no nos gusta de ellos …, escribió sobre los judíos: “Que … se eleven a la altura a la que aparentemente subieron [en la antigüedad] … e inmediatamente, todas las naciones se pondrán de pie. Se apresurarán no por obligación … sino por su propia elección, gozosas de espíritu, agradecidas y amorosas, ¡incluidos los rusos!»

Hay más ejemplos, pero el mensaje es claro. Nuestro trabajo, el trabajo de los israelíes y el trabajo de cada judío, es dar ejemplo de unidad. Siempre que hacemos algo diferente, se interpreta como un acto contra las naciones e interpretamos su contra reacción como antisemitismo. Por eso, si queremos eliminar el antisemitismo, debemos eliminar nuestra división. Esto es lo que nos exige la ley de la naturaleza. Si lo hacemos, nos vacunaremos contra cualquier adversidad, incluidos virus, guerras, crisis económicas y cualquier otra desgracia, pues estaremos en congruencia con la naturaleza.

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