Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

La COVID-19 nos dio una lección de humildad

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Foto de Joshua Earle en Unsplash

Probablemente, ningún peligro se haya minimizado más, que el coronavirus. Desde el caso 1, el virus se describió como un tipo de gripe, una amenaza insignificante para la salud y básicamente, no como problema. Sin embargo, podemos ver que ese error tuvo gran impacto en la sociedad humana. Encubiertamente, la COVID-19 destrozó los cimientos de nuestra civilización. En dos meses, la humanidad capituló ante un enemigo que no puede ver ni oír ni oler ni saborear ni tocar y cuya nocividad es cuestionable.

Gripe o no gripe, uno por uno, los gobiernos revocaron todas las actividades públicas, congregaciones religiosas y políticas, congresos profesionales, deportes y entretenimiento, centros comerciales, fábricas, empresas de alta tecnología, transporte y recreación. A pesar del costo inimaginable, los jefes de estado sucumbieron en masa al bicho y detuvieron a su nación.

Aún más extraordinario, ahora, mientras los gobiernos intentan reiniciar su país, la gente no está entusiasmada en participar. No es sólo que no tuvo ingresos durante el cierre, aunque esto también es cierto. Es más profundo que eso: la humanidad está perdiendo interés en una civilización que aclama a las personas según sus billeteras.

Aunque los encargados de formular políticas y los magnates insisten que se retome lo que se dejó hace dos meses, pues quieren aprovechar al máximo la recuperación, a costa nuestra, esto no sucederá, no esta vez. La gente cambió.

No sólo los magnates y los gobernantes recibieron una lección de humildad con el virus, todos lo hicimos. Todos aprendimos que somos vulnerables, dependientes de otros para satisfacer nuestras necesidades más básicas, desde salud y alimentación hasta la compasión humana. Aprendimos que lo que realmente nos hace felices es una familia cálida y buenas amistades, no las tendencias populares ni los colegas sonrientes.

Estamos aprendiendo a ser iguales. Nos damos cuenta de que es más gratificante cooperar que competir, que es muy gratificante compartir, cuidar y liberarnos, por fin, de nuestro ego. El coronavirus nos dio vida al someter a nuestro ego.

Y como lo hace el niño, damos pequeños pasos. A veces tropezaremos, a veces caeremos, pero nuestro objetivo debe ser siempre claro: aprendemos a unirnos. Si nos esforzamos por vivir en unidad, la vida nos enseñará lo que debemos guardar del pasado y lo que debemos desechar. No necesitamos tomar decisiones por adelantado, sólo tratar de unirnos unos con otros y ver qué tipo de sociedad emerge, cómo abastece a sus miembros, recompensa a sus campeones y reprocha a sus enemigos.

A medida que cambian nuestros valores, también lo hará la causa de nuestra alegría y tristeza. Nuestras aspiraciones se adaptarán, sin esfuerzo, al nuevo entorno y prosperaremos hasta que todo lo que nos rodea prospere.

Dado que el vínculo humano será el objetivo final de la sociedad, no tendremos miedo por nosotros mismos ni por nuestros hijos ni por nadie a nuestro cuidado. No tendremos que preocuparnos por comida ni por vivienda ni por atención médica ni por educación ni por los amigos de nuestros hijos ni por nuestros amigos. Simplemente, no tendremos que preocuparnos. Y nuestra única demanda será hacer el bien a los demás, al menos, en la misma medida que ellos lo hacen por nosotros.

Debemos temer al virus y cuidar nuestra salud, pero también debemos agradecer que viniera en nuestra ayuda. Nos salvó de matarnos unos a otros y destruir nuestro planeta; nos dio oportunidad de comenzar de nuevo. Así, con toda honestidad, estoy agradecido por la lección de humildad que la COVID-19 nos dio a todos.

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Un comentario sobre “La COVID-19 nos dio una lección de humildad
  1. Hernando Parra Quitian dice:

    Gracias por estas palabras tan sensibles.

    Me alegro el artículo porque también soy agradecido y más humilde por COVID-19

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