Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Dos formas de ser buenos

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[Mary Umetsu, a la izquierda y la amiga de la familia Carol Cunningham, derecha, se abrazan. Cunningham se emociona afuera de la casa dañada de Umetsu el día después de que una serie de tornados causó varias muertes en Ohatchee, Alabama, EUA, 26/mar/21. REUTERS / Elijah Nouvelage]

En cada aspecto que podamos revisar, hoy la vida es mejor que nunca. Si comparamos con hace cien años, tenemos más comida, incluso en exceso, tenemos mejor atención médica, vivimos más tiempo y tenemos más libertad de expresión. La tecnología nos da abundancia, podemos viajar cómodamente a cualquier lugar que queramos en cuestión de horas y a buen precio, podemos comunicarnos a cualquiera parte en segundos, como si estuviéramos presentes, la medicina moderna hace milagros, (incluso la Covid-19 no es nada comparado con las pandemias que mataron a decenas de millones, tan sólo un siglo atrás). Deberíamos ser mucho más felices. Sorprendentemente estamos más deprimidos que nunca. Si buscamos en este enigma, encontraremos algo fascinante; no sólo nuestra vida cambió, también nuestras metas. Solíamos querer sobrevivir; ahora queremos divertirnos y ser felices. La tecnología está diseñada para hacer la vida más fácil, pero no puede hacernos felices. Para ser felices necesitamos gente amorosa no tecnología de avanzada.

De hecho, mientras más se desarrolla la tecnología y más se nos facilita la vida, más nos preguntamos por su propósito. Si ya no es necesario luchar para sobrevivir, si ya no tenemos que mover ni un dedo. Y si no necesitamos mover ni un dedo ¿realmente estamos vivos? En nuestro subconsciente, estas preguntas nos inquietan cada vez más y nos arruinan la fiesta. Cuantos antes las solucionemos y tengamos luz, con mayor rapidez podremos resolverlas y encontrar la verdadera felicidad.

Cuando lo único que deseábamos era sobrevivir, no supimos lo qué era felicidad. Si con suerte asegurábamos nuestra supervivencia estábamos satisfechos. Pero, satisfacción no es felicidad. La felicidad viene de la conexión de corazón a corazón con los demás, cuando los sentimos como si fueran parte de nosotros y ellos sienten lo mismo por nosotros. No es sólo responsabilidad mutua a nivel físico, sino una fusión de mente y corazón con todos, este estado sólo lo podemos lograr si realmente nos preocupamos unos por otros, si amamos a los demás como nos amamos o, como de forma muy literal lo expresan nuestros sabios, «Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Para que esto suceda, primero tenemos que reconocer que nuestro estado mental actual es totalmente opuesto, somos extraños, hostiles y desconfiados. Pasamos de querer sobrevivir a querer disfrutar, pero ¿Cómo podemos disfrutar la vida si no confiamos en los que están cerca y pensamos que nos quieren hacer daño? Siempre estamos nerviosos, vigilantes y estresados. Para disfrutar la vida, primero tenemos que estar seguros de que los que nos rodean estén lo mejor posible. En otras palabras, tenemos que ser buenos con los demás y cuidarlos. Debemos incluir a todos. Si una persona en la sociedad busca dañar a otra, hará que todos nos volvamos cautelosos y hostiles.

Hay dos formas de volvernos buenos unos con otros: 1) Entender que no hay otra opción y cambiar, aún en contra de nuestra voluntad. 2) Entender que es la mejor opción, nuestra forma de vida preferida y perseguir activamente esta transformación.

Actualmente, estamos recorriendo el primer camino, tratamos desesperadamente de encontrar rutas de placer que no requieran preocuparse por los demás. Pero no funciona. Como resultado, nos sentimos cada vez más frustrados y buscamos escapar del dolor con drogas, violencia, extremismo y depresión, que es la enfermedad más común de nuestra generación. Podemos seguir recorriendo este camino hasta sentir que agotamos todas las opciones, aunque puede llevar décadas de sufrimiento inimaginable. O, podemos darle una oportunidad al otro camino y ver cómo funciona.

Si intentamos este otro camino y nos comprometemos a fomentar conexiones positivas, encontraremos lo que realmente buscamos: felicidad. Nadie puede sentirse triste rodeado de gente amorosa. Además, cuando cultivamos conexiones positivas, todo comienza a tener sentido, pues lo hacemos para ayudar y conectarnos con los demás. Cuando trabajamos por otros, inevitablemente damos significado a nuestras acciones. Nadie que haya hecho algo por otros, pregunta sobre el motivo o el propósito de su acto. El propósito es evidente por sí mismo y la recompensa es grande.

Además, si como sociedad nos involucramos en construir conexiones positivas, la existencia material, no sólo requerirá menos esfuerzo, también será placentera y amable. Sabremos por qué hacemos lo que hacemos, cómo nos ayuda y cómo ayuda al mundo. Disfrutaremos siendo buenos con los otros y descubriremos que es mucho más gratificante que la competencia fría y ruin. En el proceso, sentiremos las necesidades de los demás, conectaremos los corazones, no sólo los cuerpos y la alegría crecerá exponencial, poderosa y significativamente.

Al final, aprenderemos que ser buenos con otros, es la única forma de prosperar. Pero cómo lo aprenderemos, depende de nosotros.

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Publicado en: News, Relaciones Interpersonales, Salud y bienestar
2 comentarios sobre “Dos formas de ser buenos
  1. Rosa Maria Lomeli Delgado dice:

    Buen día, muchas gracias, estoy en la mejor disposición de practicar una forma de comunicarme diferente a reaccionar a través de mecanismos de defensa. Dios los bendiga grandemente 🙏🌹🙏

  2. Excelente tema me gusto (Cuando trabajamos por otros, inevitablemente damos significado a nuestras acciones. Nadie que haya hecho algo por otros, pregunta sobre el motivo o el propósito de su acto. El propósito es evidente por sí mismo y la recompensa es grande). y me puso a reflexionar y buscar tomar acción Gracias

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