Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Cuál es el origen del vacío de la vida moderna?

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Cuando hablamos de los problemas psicológicos que afronta la humanidad como: vacío, depresión, soledad o los relacionados con desintegración familiar, inestabilidad económica y desmoronamiento social, en realidad nos enfrentamos a un problema subyacente único. No es problema tecnológico ni político ni siquiera cultural. Es educativo. Más precisamente, es la ausencia de una educación que corresponda a la nueva realidad de la humanidad.

El desarrollo humano siempre ha estado impulsado por el ego, deseo de disfrutar en beneficio propio. El ego crece desde el nacimiento, se desarrolla a través de las generaciones y ha logrado lo que vemos hoy: ciencia, tecnología, cultura y la civilización misma. Pero, en las últimas décadas, ha habido un fenómeno fundamentalmente nuevo. El ego ha alcanzado un estado en el que ya no se desarrolla linealmente como lo había hecho a lo largo de la historia. Ahora, se ha integrado, interconectado y en muchos sentidos, está confuso y agotado.

Esto se ve en la creciente desesperación y vacío que se vive hoy. A pesar de la abundancia material, cada vez más gente se siente vacía. La depresión, el consumo de drogas y las tasas de divorcio aumentan. La generación más joven carece cada vez más de motivación. Incluso las estructuras que antes daban estabilidad, como la familia, la educación y la comunidad, se están debilitando. Al mismo tiempo, nos enfrentamos a amenazas ecológicas e incertidumbre económica que no podemos comprender ni controlar del todo.

Todo esto se deriva de un cambio único: la humanidad se ha convertido en un sistema integral.

Es decir, ya no somos individuos aislados ni naciones independientes que actúan separados. Ahora somos interdependientes, somos parte de un mismo organismo. Esta interdependencia existe, lo reconozcamos o no. Se manifiesta en los mercados globales, en los sistemas ecológicos y en la forma en que los acontecimientos en una parte del mundo afectan instantáneamente a otra. Pero, lo más importante es que están en un nivel más profundo, dentro del propio sistema humano.

El problema es que, si bien el mundo se ha vuelto integral, nuestra percepción no lo ha hecho. Seguimos siendo egoístas. Cada uno piensa principalmente en sí mismo. No percibimos el sistema como un todo ni comprendemos que nuestras acciones lo afectan. En consecuencia, somos como engranajes en una máquina que de repente se interconectó estrechamente, pero cada uno sigue girando en su propia dirección. Naturalmente, esto produce fricción, colapso y crisis.

Ni siquiera somos conscientes de la influencia que ejercemos unos sobre otros. Una pequeña acción de una persona, puede tener repercusiones impredecibles en todo el sistema. Por eso, la creciente avalancha de problemas a nivel personal, social, económico, ecológico y global parece incontrolable. No es que el sistema esté roto, es que no sabemos desenvolvernos en él.

Por eso, la solución no es cambiar el sistema, pues nos fue dado por la naturaleza. La solución está en cambiar nosotros mismos, es decir, adaptar nuestra percepción y comportamiento a la naturaleza integral de la realidad. Aquí es donde la educación integral se vuelve necesaria.

Educación integral no es adquirir conocimientos en el sentido habitual, sino desarrollar una nueva perspectiva, una sensibilidad hacia el sistema en su conjunto. Nos enseña a sentirnos parte de una estructura global e interconectada y a comprender que cada acción contribuye a su equilibrio o desequilibrio.

Este es lo que significa el principio de «ama a tu prójimo como a ti mismo». No es un simple eslogan moral ni ético, sino una ley práctica de supervivencia en un sistema integral. Amar al prójimo es sentir el sistema externo como propio, tenerlo en cuenta en cada acción. De otra forma, no podemos funcionar correctamente en el mundo actual.

Algunas personas tienen la tendencia natural a preocuparse por los demás. Hay individuos altruistas por naturaleza, que ayudan a otros y contribuyen a la sociedad. Pero, no es lo mismo a ser integral. Las acciones aún se basan en sentimientos personales; es decir, ayudan donde sienten compasión o conexión. No necesariamente perciben el sistema en su totalidad ni comprenden cómo integrarse en él.

La percepción integral es completamente diferente. Es aprender conscientemente a percibir el sistema en su conjunto y actuar en consonancia. La percepción integral requiere transformar nuestra forma de pensar, sentir y tomar decisiones. Afecta todos los aspectos de la vida, economía, educación y cultura, hasta la vida familiar y el comportamiento personal.

Cuando logremos desarrollar esta sensibilidad, podremos ver que nuestras acciones contra el sistema, no sólo son perjudiciales para los demás, también para nosotros mismos. El conflicto entre el deseo personal y las necesidades del sistema se resuelve gradualmente, porque comprendemos que el beneficio verdadero está en la armonía con el conjunto.

Por eso, la multitud de problemas que tenemos son, en esencia, crisis educativa. Entramos en una nueva etapa del desarrollo humano, pero carecemos de las herramientas necesarias para afrontarla. Sin educación integral, la tensión entre nuestra naturaleza egoísta y la estructura integral de la realidad, sólo aumentará.

Tampoco es casualidad que el pueblo judío esté en el punto de mira en este proceso. ¿Por qué se le presta tanta atención a un pueblo que representa apenas el 0.2% de la población mundial? La misión del pueblo judío en el desarrollo de la humanidad, está intrínsecamente ligada a la educación. Según la sabiduría de la Cábala, el pueblo judío tiene una conexión histórica y espiritual con el método del desarrollo integral. Este método, se basa en el principio de cultivar la conexión humana positiva por encima del ego y la separación. Primero, debe comprenderse e implementarse dentro de este grupo, luego compartirse con la humanidad.

Por ello, hay una expectativa persistente, en su mayoría aún es subconsciente, por parte del mundo hacia los judíos. Esta es también la raíz más profunda de la presión y negatividad actual. El mundo intuye que hay un método de corrección, pero aún no se ha revelado ni aplicado.

La tarea que tenemos por delante es clara. Debemos empezar a aprender qué es vivir en un mundo integral. Debemos educarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos, no sólo para tener éxito individual, sino para funcionar como parte de un sistema único. Así lograremos un cambio importante: pasar de la acumulación de problemas al equilibrio, del vacío a una forma de plenitud duradera y auténtica y del conflicto a la armonía. 

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