Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Covid-19, La siguiente etapa

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[REUTERS: El restaurante familiar de Kansas sobrevivió a la Depresión, pero no a la pandemia

Estamos entrando en una nueva etapa en nuestra «relación» con el coronavirus. Ya casi terminamos la etapa de negación y la gente está comenzando a aceptar que está aquí y que no hay nada que podamos hacer para ahuyentarlo. Aunque parece que es profunda la etapa de la ira y aún podría causar mucho daño, también estamos comenzando a cansarnos de la guerra y a rendirnos. No tenemos mucho que buscar. Buscamos las viejas formas de divertirnos, de obtener algo, sacar ganancias, competir, pero ya no hay nada de eso. Simplemente, día a día, vamos sin rumbo fijo. Esta falta de objetivo no es tan pasiva como parece. En algunos, despierta ira y agresión; en otros, causa apatía.

Peor aún, la frustración y la desesperanza pueden transmitirse del nivel personal al nivel social y conducir a desórdenes sociales, revoluciones y desintegración de sociedades y países. A partir de ahí, la desesperanza puede extenderse al nivel internacional y conducir a enfrentamientos entre países que, al no ver ningún futuro, podrían conducir a una guerra mundial total, en la que se esforzarán, no por ganar, sino por destruirse unos a otros. Si las cosas llegan aquí, será una guerra mundial nuclear, la peor pesadilla de la humanidad.

No es que antes de la Covid-19 la vida hubiera tenido significado, pero, podíamos camuflar nuestro vacío con viajes, compras, carreras, mudanzas y cambios frecuentes de pareja y, Netflix. Ahora todo lo que tenemos es Netflix. Pero con una industria del cine agonizante, incluso Netflix parece más un monumento a una vida pasada que un agradable pasatiempo en el presente. Es como si el virus hubiera sofocado nuestra forma anterior de disfrutar y nos hubiera dejado sin aliento, en busca desesperada de una nueva forma de encontrar vitalidad, de encontrar una razón para vivir.

En esa etapa, realmente podemos comenzar a construir algo nuevo. Hasta que nos demos por vencidos, de encontrar formas para complacernos, comenzaremos a ver más favorablemente complacer a los demás. Aquí es a donde la Covid nos lleva, porque cuando se trata de complacer a los demás, no hay límite para lo que podemos hacer por ellos ni para lo que otros pueden hacer por nosotros.

La humanidad va hacia una reciprocidad que nunca conocimos. Hasta ahora, estábamos acostumbrados a pensar en la sociedad, los amigos e incluso la familia, como fuente de beneficio y placer para nosotros. El coronavirus nos obliga a invertir nuestra actitud hacia los que nos rodean y comenzar a verlos como oportunidades para dar y sólo en el dar, hay un nuevo significado para nuestra vida, nuevas fuentes de placer y alegría, nueva vitalidad y energía, a medida que nos involucramos en reciprocidad en lugar de ensimismamiento.

La transformación no sucederá de la noche a la mañana. Estamos en el comienzo. La plaga es muy “joven”, sólo tiene unos meses, pero ya podemos ver la tendencia. Poco a poco, el virus nos hará similares al resto de la naturaleza: dar y recibir, equilibrados y armónicos. Nos convertirá en individuos conscientes, parte de un gran y grandioso diseño que la naturaleza creó y que se manifiesta en la realidad que nos rodea. En lugar de un vacío constante por buscar placeres, celebraremos la vida. En lugar de drenar y agotar nuestro entorno social y natural, seremos como grifos abiertos, manantiales que siempre dan y nunca se secan.

Al esforzarnos por dar en lugar de recibir, encontraremos más de una razón para vivir; ¡Encontraremos el sentido de la vida! Descubriremos que hay alegría y satisfacción verdaderas en crear vida, no en extinguirla. En el proceso, recuperaremos la naturaleza integral de la realidad, donde todo está conectado y evoluciona. Nos sentiremos parte de la realidad común y no unidades distintas, cuya existencia termina tan pronto como expira su vida física.

Al robarnos los juguetes de nuestra vida pasada, la Covid-19 no nos castiga. Más bien nos hace levantar la cabeza y ver dónde reside el verdadero placer. Si no nos hubiera quitado esa vida anterior, nos habría llevado décadas de sufrimiento, guerras y aniquilación mutua para, finalmente, voltear hacia arriba y ver dónde reside el verdadero placer. A pesar del costo, la Covid es el medio menos doloroso que la naturaleza podría emplear para mostrarnos el camino hacia una existencia feliz y sostenible. Mientras más pronto sigamos su ejemplo, menos sufriremos antes de encontrar felicidad y sentido a la vida.

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