
Por un lado, pasamos la mayor parte del día trabajando. La vida gira en torno al trabajo y el valor de cada uno, a menudo se mide por los logros laborales. Por otro lado, crece la sensación de monotonía, fatiga, agotamiento, aburrimiento y desánimo. El trabajo ya no da satisfacción y la sensación de vacío aumenta. Las relaciones interpersonales también se deterioran día a día. ¿Puede haber un cambio fundamental? La respuesta es: Sí. Pero hasta que se desarrolle una perspectiva integral de la vida, una visión totalmente diferente a la que conocemos.
La perspectiva integral de la educación nos enseña que vivimos en un sistema integral, el gran sistema de la naturaleza y que dentro de él hay leyes absolutas. La ley general del desarrollo establece que la vida avanza cuando los opuestos se conectan. Hoy, a medida que el mundo se interconecta cada vez más y la interdependencia aumenta, la especie humana debe tomar una forma integral, conectada y complementaria. Mientras más tardemos en lograrlo, mayor será nuestro malestar y surgirán muchas crisis. Pero si conscientemente nos involucramos en el proceso, si indagamos y comprendemos, nos elevaremos a un nivel superior. Surgirán nuevos desafíos, descubrimientos apasionantes y placeres más profundos. Puede ser realmente maravilloso.
¿Por dónde empezar? Una organización que desee desarrollar el enfoque integral entre su personal, debe dedicar tiempo específico e iniciar un proceso de aprendizaje. Es un método completo que requiere estudio y práctica bajo la guía de expertos. Los beneficios se percibirán muy rápido en todos los niveles: en relaciones entre empleados, en cooperación, productividad, eficiencia, creatividad, disposición a contribuir y por supuesto, en resultados financieros.
Llegar al lugar de juegos
Al desarrollar el enfoque integral en una organización, todos tendrán un espacio para crecer y prosperar.
Actualmente, vamos a trabajar, hacemos lo que se nos pide sin entusiasmo e intentamos sobrevivir al día. En una organización integral, no se irá simplemente a «trabajar», sino a un espacio de renovación. ¿Por qué? Porque el enfoque integral da la sensación de que, a medida que nos desarrollamos personalmente, el entorno también se desarrolla. Habrá un proceso constante de renovación mutua, muy parecido al de los niños.
¿Recuerdas cuando despertabas de niño en un día sin escuela y emocionado saltabas de la cama? El sol brillaba y querías salir corriendo. «¿Dónde están mis juguetes? ¿dónde están mis amigos?» Así podríamos sentirnos en el trabajo dentro de una organización integral. No habría presión si estuviéramos rodeados de personas que nos ayuden a afrontar cada situación con facilidad y placer. Todo depende del entorno social.
Tanto empleados como gerentes deberían venir a trabajar como los niños van a un lugar de juegos, a divertirse con sus amigos. ¿Qué tiene de especial ese lugar? Es un lugar de conexión. Donde hay conexión positiva, hay desarrollo humano. Sólo allí podemos prosperar.
Recordemos un juego de nuestra infancia que nos encantaba. El juego en sí no era físicamente fácil. Escalábamos, saltábamos, corríamos y nos esforzábamos mucho. Pero, lo vivíamos como reto y lo disfrutábamos. A veces jugábamos unos contra otros, a veces juntos, pero siempre compartíamos algo en común: disfrutábamos jugando juntos.
¿Por qué se considera juego ese esfuerzo? ¿por qué se disfruta en lugar de sentirlo como trabajo duro? Todo depende de la actitud y de las relaciones interpersonales. En un entorno de tensión constante donde hay presión mutua, nos sentimos miserables. En una sociedad amigable que nos ayuda y nos apoya, nos sentimos seguros, alegres y felices.
Autorrealización plena
Antes de desarrollar una visión integral del mundo, los empleados se miden según su éxito personal, cuánto avanzan o dominan a los demás. Después de estudiar el enfoque integral, el sistema de valores cambia. Los miembros de la organización comienzan a medir lo cálido de su entorno, si los abraza y si hay consideración y apoyo entre todos.
Incluso la definición de autorrealización cambia gradualmente. En la cosmovisión integral la gente aprende acerca de un concepto llamado “centro del círculo” y se fija el objetivo de acercarse a él.
El “centro del círculo” representa la transición gradual de la percepción estrecha y centrada en el ego a un sentimiento más amplio, el de que todos somos parte de un todo interconectado. Cambia el sentimiento de «yo», al sentimiento colectivo de «nosotros».
Mientras más cerca se sienten las personas del centro del círculo, más éxito sienten. Avanzar hacia el centro del círculo es fortalecer la conexión entre todos. Según la nueva definición, se convierte en la forma más elevada de autorrealización. Lo hermoso de esto es que todos pueden avanzar hacia este centro sin interferir con nadie. Al contrario, todos están juntos y cada uno se beneficia del éxito de los demás.
No guardar nada en nuestro interior
¿Qué sucede en una organización integral cuando alguien se enoja con otro? En primer lugar, es importante no reprimir el resentimiento. Debe establecerse como norma de comportamiento. En organizaciones integrales avanzadas, donde se ha interiorizado que el objetivo principal es preservar el sentimiento de conexión, cada uno se compromete a evitar resentimientos ocultos.
¿Por qué? Porque queremos seguir siendo amigos. Si alguien siente odio hacia un compañero, perjudica a todos. La conexión se ve afectada y debe resolverse. La responsabilidad mutua exige honestidad. Debemos comprometernos a expresar nuestros sentimientos para mantener una relación de armonía, como una familia.
¿Qué se debe hacer cuando surge enojo hacia alguien en el trabajo? Es preferible que la persona ofendida no confronte directamente al otro, sino que resuelva el problema en el grupo. Así, todos pueden aprender de la situación y fortalecer la paz.
La persona que se siente herida o enojada debe acercarse al facilitador que lidera el proceso integral dentro de la organización y solicitarle que organice una conversación. En una sesión de taller de conexión, donde todos se sientan en círculo, la persona ofendida describe la situación. Todos los participantes la discuten, reflexionan sobre el caso y buscan una solución que fortalezca su conexión positiva.
Es importante comprender que, entre quienes desean construir una conexión genuina, ningún problema es individual, sino colectivo. En un ambiente así en la organización, nadie se sentirá ofendido durante el proceso. Incluso si el problema surgió de un malentendido, una vez resuelto, pasa a ser cosa del pasado. A partir de ese momento, la relación comienza de nuevo. Nadie mira hacia atrás.
Mucho más se podría decir sobre el método integral. Concluyamos con la esperanza de que comencemos a aplicarlo cuanto antes y avancemos juntos hacia una nueva realidad positiva y conectada.



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