
Para que la sociedad funcione verdaderamente como un organismo, necesita empezar a sentirse como un todo. En ese estado surgen una mente colectiva, sensaciones, necesidades y una percepción común de la realidad. La sociedad deja de ser una colección de individuos aislados y se convierte en un organismo unido que percibe que todos los niveles de la naturaleza están interconectados y son interdependientes.
Cuando integramos este vasto sistema natural en nuestro interior, cuando podemos sentirlo internamente, logramos absorber su programa. Ya no percibimos la realidad en fragmentos, sino como un proceso integral único. Es como si sintiéramos que existimos desde hace miles de millones de años y que seguiremos miles de millones de años hacia el futuro, porque nos integramos en el inmenso organismo de la naturaleza integral. Así, conseguimos sentir las innumerables fuerzas que actúan en su interior y logramos comprender su influencia en nosotros, de forma consciente y con un propósito definido, el de poder influir en nosotros mismos, en nuestro destino y en nuestro futuro. Nos convertimos en el único elemento activo de la naturaleza que actúa conscientemente, por encima de nuestros instintos.
Este logro es posible cuando estamos integrados en todos los niveles de la naturaleza. Y ascendemos a su nivel más elevado, a lo que llamamos «nivel del Creador». En realidad, no existe un Creador separado, como entidad externa. La naturaleza misma es el Creador. Alcanzar ese nivel es lograr equivalencia con la ley integral de la naturaleza.
La razón por la que sociedad y organismo parecen conceptos distintos es que, esta sociedad está rota, fragmentada y desconectada internamente. Es como un cuerpo gravemente enfermo en el que sus sistemas están desequilibrados y ya no se apoyan entre sí. Esta es precisamente la condición de la sociedad moderna, cuyo colapso total intentamos evitar desesperadamente. Sin embargo, cuando todos los sistemas existen en equilibrio y apoyo mutuo, cada uno en beneficio del conjunto y el conjunto en beneficio de cada uno, la sociedad funciona como un organismo, igual que el cuerpo humano. En ese estado, la distinción entre «sociedad» y «organismo» desaparece por completo.
Curiosamente, lo que llamamos comunidades primitivas, eran en muchos sentidos, sociedades integrales. Su integración existía a un nivel instintivo, similar al del mundo animal. La naturaleza las mantenía unidas automáticamente mediante su ley general. La diferencia entre humanos y animales es que, en nosotros se desarrolló el ego (deseo de disfrutar a costa de los demás). Por encima de nuestra naturaleza animal, el ego crece y nos separa. Hoy, precisamente debido a este ego, se nos exige unirnos en un nivel superior, conscientemente, por encima y junto a él.
Los animales están conectados instintivamente. Los humanos necesitamos unirnos conscientemente. El ego no anula la integración; la eleva a un nivel completamente nuevo. Cuando se corrige, el ego se convierte en el medio gracias al cual alcanzamos la forma más elevada y completa de unidad.



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