
Todo lo que se requiere de mí es comprender que todo lo que recibo proviene de la naturaleza, de la fuente única que creó y gobierna todo, y que me conduce hacia la meta de alcanzar equilibrio con la naturaleza.
Toda clase de influencia sobre mí me es dada únicamente para que pueda dirigirme con mayor precisión hacia esa meta. Por lo tanto, la pregunta siempre es: ¿cómo puedo usar lo que estoy recibiendo ahora para orientarme con más fuerza hacia la meta? Primero, debo conectarme con la meta misma, y solo después observar sobre qué está actuando exactamente esta influencia dentro de mí. ¿Contra qué está dirigida? Por regla general, está dirigida contra mi egoísmo, es decir, contra mi deseo de disfrutar para beneficio propio a expensas de los demás, porque no hay nada más en mí. Sin embargo, la fuerza de la naturaleza que actúa constantemente sobre nosotros en todos nuestros deseos, pensamientos y estados, siempre toca un aspecto específico del egoísmo, alguna de sus cualidades, manifestaciones o rincones ocultos.
Por lo general, el golpe más fuerte y doloroso para el egoísmo es una herida al orgullo, una herida al yo. Tememos la vergüenza más que cualquier otra cosa. Nos aterra ser rebajados y humillados ante los ojos de los demás, perder nuestro sentido interno de importancia. La derrota del orgullo, la derrota del “yo”, es la sensación más poderosa que podemos experimentar. Estamos dispuestos a morir antes que atravesar semejante sentimiento, porque la vergüenza anula lo humano en nosotros. Destruye el yo, dejando detrás solo un cuerpo animal. No podemos aceptar permanecer simplemente como un animal. No podemos descender a ese nivel. Por eso estamos dispuestos a cualquier cosa para evitar la vergüenza.
Precisamente este sentimiento, la amenaza de la vergüenza, el colapso del yo egoísta, es el estímulo más fuerte que la naturaleza nos da para impulsarnos hacia la meta. La sabiduría de la cabalá explica que todo el sistema de la creación, toda la aparición de los mundos, comenzó a partir de esta sensación primordial de vergüenza. Por eso, para nosotros, es la herramienta más efectiva para la corrección.
Si aprendemos a sentirnos correctamente, a despertar constantemente un análisis interno de nosotros mismos, a reconocer la vergüenza y al mismo tiempo elevarnos por encima de ella, entonces se vuelve más fácil trabajar sobre nuestro egoísmo en todas sus formas. La vergüenza deja de ser destrucción y se convierte en una guía, en una fuerza que nos dirige hacia el equilibrio con la fuerza positiva y altruista de la naturaleza, hacia el ascenso espiritual.



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