Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Por qué si ayudamos a los demás a veces resulta mal?

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Imagen Vicky Nunn en Pixabay

Ayudar a los demás a veces resulta mal, si quienes lo hacen no comprenden las leyes de la naturaleza. Por ejemplo, un error común es intentar ayudar a los demás buscando mejorar sus condiciones externas, sin una educación interna. Como resultado, aumentan los deseos egoístas, es decir, el deseo de disfrutar en beneficio propio a costa de los demás, lo que finalmente conduce a resultados negativos.

Hay un ejemplo conmovedor de esta situación, en la historia de un joven que creció en condiciones difíciles en una remota aldea china, se hizo millonario y por su sincero deseo de ayudar a sus compatriotas, les construyó casas nuevas con baños y sanitarios con calefacción. Pero en lugar de gratitud y paz, se encontró con un resultado negativo inesperado: disputas, exigencias, demandas, resentimiento sobre quién merece qué e incluso presión por casas más grandes. El millonario quedó conmocionado, decepcionado y casi cayó en una depresión.

Su decepción es comprensible, porque no entendió cómo se construye el egoísmo humano. La gente no puede «calmarse» sólo por recibir mejores condiciones de vida. No funciona así. En el momento en que las condiciones externas mejoran, su consciencia se eleva y su deseo egoísta de disfrutar a expensas de los demás y de la naturaleza se expande. Comienzan a compararse con los demás, a medir quién recibió más, quién merece más, qué inodoro está más caliente y qué bañera es más grande. En otras palabras, el millonario, sin querer, dejó escapar al diablo de la caja. Cuando nuestro ego crece más allá de nuestro desarrollo interior, no podemos soportarlo. Y comenzamos a comernos unos a otros, finalmente, nos disponemos a destruirnos.

¿Quiere decir que nunca debemos cambiar las condiciones de otros? Sí. En ninguna circunstancia debemos cambiar las condiciones de nadie abruptamente. Las condiciones externas deben mejorarse con mucho cuidado, de acuerdo con el desarrollo interior de la población y junto con una ideología correcta. Según Cábala, el progreso debe ir de la mano con la educación y la corrección interior. De lo contrario, nada bueno saldrá. Aunque todos tengan pan, se sentirán aún más infelices y con el tiempo, inventarán armas cada vez más poderosas, hasta destruirse mutuamente. Así funciona.

¿Para qué darle a alguien un baño y un inodoro con agua caliente, si al día siguiente empieza a ver a su vecino con envidia? Ayer vivían y aceptaban la vida como era, hoy su esposa exige un armario, luego uno más grande, luego otro, porque el ego no tiene fin. El deseo crece y lo que era una bendición se convierte en maldición. El desarrollo de nuestro nivel interior debería determinar nuestro estatus material.

¿Cuál es la salida? ¿cómo puede la gente vivir bien y ser feliz? Evidentemente, no es con progreso tecnológico ni comodidad externa. La humanidad ya tiene condiciones más o menos normales, sin embargo, el ego ha crecido tanto que la gente ya ni siquiera quiere tener hijos. Dice que es porque el mundo es terrible, pero la verdad es más simple: sólo pensamos en nosotros mismos. ¿Por qué debería invertir en hijos? En el pasado, los hijos aseguraban el futuro, apoyaban a sus padres, les daban continuidad. Hoy, el ego no quiere nada de esto. Anhela la comodidad hasta la muerte.

El progreso tecnológico, en última instancia, no nos favorece. Nos confunde, nos atrapa en comodidades externas y comenzamos a vivir en un «retrete caliente», pensando que eso es felicidad. Pero, aparte de esto, no tenemos nada: ningún propósito ni plenitud interior ni una comprensión significativa en la vida.

¿Qué debería haber hecho el millonario chino si realmente quería que la gente se sintiera bien? Debería haber abierto escuelas. No debería haber invertido en casas, sino en educación. Primero una escuela, luego una universidad y lo más importante, una educación que enseñe a convertirse en elementos integrales del mundo, es decir, saber cómo funciona la naturaleza, cómo gira el mundo y cómo debemos girar junto con él para no perturbar la armonía. Es un proceso largo, pero es el único que tiene un impacto positivo en el ser humano.

Esto es porque la verdadera corrección no es cambiar el mundo que nos rodea, sino cambiar a la persona misma, gracias al entorno adecuado. Cuando una persona cambia, vemos una generación completamente diferente.

Así se puede traer el bien al mundo. Únicamente con educación y sólo en la medida en que la gente esté dispuesta a aceptarla. Educación hacia el ser integral, hacia la conexión consciente con la naturaleza, con los demás y con el Creador. Esto debe inculcarse desde la primera infancia.

¿Cuál es el progreso verdadero? No son naves espaciales surcando el universo. ¿Para qué? El verdadero progreso reside en las relaciones humanas y en penetrar en las profundidades de la naturaleza integral. Allí lo descubrimos todo. No necesitamos abandonar nuestra aldea. Internamente nos elevaremos por el universo. Entenderemos qué sucede, por qué existimos, quién nos creó y con qué propósito. Cumplimos este propósito y nos sentimos eternos y perfectos, tan completos que ni siquiera la transición de la vida a la muerte nos aterra.

Esto es lo que realmente deseamos: bienestar interior. El bienestar externo nunca es suficiente, porque sólo despierta comparación, envidia, conflicto, revolución y odio. El bienestar interior es cuando logramos equilibrio con nosotros mismos y con la naturaleza. Así nada nos amenaza.

En resumen, el millonario cometió un error. No fue con mala intención. Pero mejoró las condiciones externas sin corregir al ser humano interior. 

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