
«No se perjudiquen unos a otros», instruye la Torá, los sabios explican que significa que «la boca y el corazón siempre deben estar en consonancia». Sin embargo, año tras año, la vida parece llenarse de más engaño y mentiras. ¿Qué cambio de percepción puede llevarnos a un mundo de relaciones sanas?
Nunca dañamos intencionadamente a nuestros hijos. No necesitamos una lista de normas morales que nos diga qué podemos o no hacer con ellos. El sentimiento de amor nos conecta de corazón a corazón y por nuestro deseo de beneficiarlos, naturalmente elegimos cómo comportarnos en cada situación. Ese es el poder del amor.
Si pudiéramos inculcar amor por los otros, en el corazón humano, lo demás surgiría de forma natural. Mientras no lo hagamos, todos nuestros esfuerzos, en gran medida, serán vanos. Lecciones de moral, leyes más estrictas y mejor aplicadas, no frenan un ego cada vez mayor, que nos lleva a ignorar a los demás.
¿Por qué miente la gente?
La naturaleza humana es egoísta; es decir, es el deseo de disfrutar sólo en beneficio propio, a expensas de los demás. En consecuencia, constantemente nos sentimos impulsados a mostrarnos superiores, más elevados y más fuertes que los demás. Nos comparamos con quienes nos rodean y si mentir puede elevar nuestro estatus o rebajar el del otro, mentimos. Lo que no vemos es que, al hacerlo, creamos una ruptura en el sistema general, de hecho, atraemos una reacción negativa.
¿En qué consiste este sistema?
El objetivo final hacia el que evoluciona la humanidad será un estado en el que estemos completamente conectados, «como un hombre con un corazón». Por naturaleza, hay una red invisible que une todos nuestros corazones, mentes, deseos y pensamientos. Cuando alguien introduce un elemento falso en esa red, se libera una reacción en cadena de desconexiones y alteraciones sistémicas.
Por eso, por un lado, el mundo está cada vez más interconectado e interdependiente, por otro, los juegos de poder impulsados por el ego alcanzan niveles que amenazan a la humanidad en su conjunto. La red de relaciones humanas está llena de falsedad y negatividad. Con el tiempo, las fuerzas de la evolución nos llevarán a comprender que todos estamos en el mismo barco y que si no logramos tomar en cuenta a los demás, nos hundiremos juntos.
Cuando surge la necesidad de construir vínculos humanos positivos, el enfoque integral de la educación puede ser de gran ayuda. Este se centra en corregir el corazón y elevar a la humanidad por encima de los cálculos egoístas y mezquinos. Entre personas que se sienten genuinamente conectadas, no hay lugar para engaño ni mentira.
La base del método es el estudio de la naturaleza humana, la del mundo y la dirección general del desarrollo de la humanidad. Enseñar ejercicios específicos para fomentar la conexión y dar un marco para crear un entorno positivo, uno que rodee a cada individuo con ejemplos de relaciones armónicas con los demás. «No hagas a tu prójimo lo que no quieras para ti» y «Ama a tu prójimo como a ti mismo» son principios que todos conocen, pero que cada vez menos personas ponen en práctica.
Un buen futuro para el mundo depende de nuestra capacidad para convertirnos en una gran familia. Debemos aprender a alinearnos con la red de conexión y con las leyes integrales que la rigen.
A medida que comencemos a sentirnos unos a otros en nuestro corazón, nuestra percepción de la realidad se ampliará. Nuestros pensamientos e intenciones se integrarán en un mismo sistema y actuarán en su beneficio. Y podremos percibir un mundo diferente, uno que trasciende tiempo, espacio y movimiento; un mundo eterno y perfecto, lleno de luz y amor. Deseo que todos tengamos éxito y lo alcancemos.



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