Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Por qué los humanos desarrollaron el lenguaje?

Dr. Michael Laitman

¿Por qué evolucionó el lenguaje en la sociedad humana? ¿cuál fue su propósito? Además, ¿por qué hoy es tan difícil entendernos?

La naturaleza se funda en una fuerza motriz básica: el deseo de vivir bien, de satisfacer nuestras carencias, de recibir deleite y placer, de disfrutar. De eso surgen todas las conexiones entre los elementos del universo.

Cuando observamos movimiento en algún lugar, es resultado de la comunicación entre cuerpos, fuerzas, campos y otros factores que aún no comprendemos del todo. Ocurre a nivel inanimado, por ejemplo, en la interacción entre planetas. A nivel vegetal, la comunicación es más intensa en el contacto físico entre plantas y raíces de árboles. A nivel animal, observamos una comunicación extensa con olores, movimiento, señales y sonidos. La evolución se basa en comunicación y conexiones, cuyo propósito es dar a cada elemento lo que necesita para vivir. Sin comunicación entre los elementos y niveles —inanimado, vegetal y animal— no hay vida ni evolución. La comunicación da lugar a diversas formas de complementariedad sistémica y la naturaleza evoluciona como un mecanismo integral único.

Los seres humanos surgieron del mundo animal y a medida que creció su deseo de absorber el mundo para su deleite, se desconectaron del sistema natural. Se convirtieron en criaturas dañinas que actúan según su propio impulso, sin consideración alguna. La intensificación del deseo egoísta en los humanos provocó la pérdida de su capacidad instintiva de conectarse de forma equilibrada y en armonía con las demás partes de la naturaleza, capacidad que aún poseen los demás seres vivos. Como resultado de la pérdida de comunicación con la naturaleza, los humanos ya no la sienten ni la comprenden.

Aquí y allá, aún se pueden encontrar ejemplos de personas que viven en contacto con la naturaleza en selvas remotas. Para ellas, el bosque es un lenguaje. A través de los sonidos de los animales, los aromas de las plantas, el estado del aire, el cielo, la tierra y otras fuentes de información en la naturaleza, reciben información sobre el mundo y su relación. Sienten que la divinidad, presente en la naturaleza, les habla.

A medida que el hombre se alejó de la naturaleza -incluso cuando se integró en la vida colectiva de los pueblos-, se distanció más de ella y fue menos dependiente. Tuvo ovejas, un terreno y organizó sistemas de comercio y negocios, etc. En consecuencia, el lenguaje pasa de una forma integral y mutua, a un lenguaje de recepción, beneficio y explotación.

A diferencia de los niveles inanimado, vegetal y animal, que toman del sistema sólo lo que necesitan y así contribuyen al equilibrio general, el ser humano, al desconectarse, ya no recibe el «programa» para una conexión equilibrada y armónica. Los humanos actúan según impulsos egoístas que se fortalecen cada vez más y que dañan todo y a todos a su alrededor. Carecen de un lenguaje de conexión plena con la naturaleza, de un canal directo y abierto sin limitaciones. Su percepción se reduce a lo que les resulta mejor en cada momento.

Por eso, surgió una realidad en la que los que triunfan son aquellos que saben explotar a los demás con mayor astucia. Se crearon leyes para intentar limitar el daño, para definir los límites más allá de los cuales la explotación se vuelve ilegal. Se formaron acuerdos sociales para establecer límites a las interacciones, para definir lo que está permitido y lo que está prohibido.

Desde una perspectiva más amplia, la vida es estudios de comunicación y lenguaje. Los educadores intentan enseñarnos a relacionarnos adecuadamente en sociedad y los científicos intentan comprender cómo conectarnos correctamente con el medio ambiente. Si no hubiéramos descendido de los árboles, no habríamos necesitado aprender a comunicarnos. El lenguaje surgió para compensar el sentido de conexión que perdimos entre nosotros y con la naturaleza. En cultura, arte, música, danza, canto, teatro y literatura, todo es lenguaje, es transmisión de emociones.

Hasta hace unos cinco mil años, el lenguaje era muy simple. No había muchos fenómenos que se necesitaran describir ni explicar ni registrar ni transmitir a generaciones futuras. El vocabulario era limitado, igual que el lenguaje mismo. Fue cuando, en la región de Mesopotamia, cuna de la civilización humana, aumentó notablemente el ego. En otras palabras, el deseo de disfrutar en beneficio propio a expensas de los demás creció enormemente. Esto creó distancia interna entre la gente y provocó que dejaran de entenderse. Desde allí, se dispersaron en todas direcciones y se desarrollaron diferentes lenguas.

A medida que la distancia interna entre la gente crecía, la necesidad de mantener la conexión persistía, por eso, el lenguaje evolucionó. El comercio, la economía, las caravanas que transportaban mercancías son formas de comunicación y transmisión. Incluso las guerras y conquistas a lo largo de la historia, surgieron del deseo de difundir una visión determinada del mundo o una ideología.

Hoy, por un lado, hay abundancia y tecnología asombrosa. Por el otro, las relaciones son pésimas. En esencia, hay crisis en comunicación, crisis del lenguaje. Precisamente en una era en la que el mundo se volvió una pequeña aldea global, perdimos la capacidad de entendernos. Y ocurre en el hogar, en el trabajo, en la sociedad, dentro de las naciones y sin duda, en toda la humanidad. La violencia y la intolerancia van en aumento, la corrupción alcanza niveles sin precedentes, la economía crea burbujas cada vez mayores, la guerra nuclear se cierne a un ritmo alarmante y el estado ecológico, es decir, lo que le hemos hecho al medio ambiente, es doloroso de contemplar.

Desde aquí, sólo hay una salida y requiere aprender un lenguaje nuevo. Se vislumbran indicios de la historia de la Torre de Babel, la torre del ego humano, cuando la gente dejó de entenderse, Abraham de Babilonia llegó y habló en el lenguaje de la bondad, de la fórmula para una comunicación complementaria. Bondad es abrirnos unos a otros, cada uno a todos, con el deseo de transmitir lo bueno que hay entre nosotros, de persona a persona. Este deseo nos une en amor, nos hace «como un hombre con un corazón» y posibilita un flujo solidario.

Desde el principio hasta ahora, este estado de unidad es hacia donde nos lleva la evolución. A medida que avancemos conscientemente y por elección, volveremos a sentir el sistema de la naturaleza, la fuerza superior que nos impulsa a una consciencia mayor. Esto nos llevará a un nivel totalmente nuevo de conexión con la creación, nos dirá quiénes somos y por qué existimos. 

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