Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Para qué necesitamos tanta gente en el mundo?

tanta gente en el mundo población humanidadA principios del siglo XX, la población mundial era de unos dos mil millones. Hoy, es de aproximadamente ocho mil millones. De esos ocho mil millones, la mayoría son pobres y más de mil millones pasan hambre, hasta el punto de morir. Mantener a tanta gente a un nivel decente, parece una tarea demasiado grande para la Tierra. Además, cada día hay más robots y máquinas automáticas que sustituyen el trabajo humano. La humanidad produce lo suficiente para mantener a todos, la pregunta es, ¿por qué necesitamos a tanta gente? ¿no estaría mejor la Tierra y la humanidad, si sólo fuéramos cuatro mil millones, por ejemplo?

La verdad es que no estaríamos mejor; estaríamos mucho peor. Hay una buena razón para el crecimiento exponencial de la población en el último siglo.

Cuando vemos a la gente, vemos rostros y cuerpos, seres humanos, nada más. Pero la verdad es mucho más compleja e intrincada. Intenta imaginar a cualquier animal sin relacionarlo con su entorno y verás que es una causa perdida. La forma, el color, el comportamiento, el tamaño, la longevidad y los aspectos de su vida derivan del entorno en el que viven. Los animales no están aislados de su entorno; dependen de él, siguen sus leyes y al mismo tiempo, conforman el entorno que los sustenta y del que forman parte.

También los humanos formamos un sistema. Nos consideramos individuos aislados, pero en realidad formamos parte de una sociedad humana global. Nosotros influimos en ella, ella influye en nosotros y casi todo lo que es cierto para el reino animal, es cierto para nosotros.

Sólo hay dos diferencias entre animales y las personas, aunque son fundamentales. La primera es que el hombre, intrínsecamente es mezquino y egoísta, los animales no lo son. La segunda es que nuestros deseos crecen y se intensifican, mientras que los de los animales, en gran medida son los mismos. Nosotros, mientras más dinero y poder tenemos, más queremos, los animales se conforman con lo que tienen una vez que están saciados.

Peor aún, de generación en generación, nos volvemos más codiciosos, dominantes y narcisistas. En cambio, las «aspiraciones» de los animales no cambian de generación en generación: Si se les da suficiente hierba o suficiente caza, son felices.

La razón por la que nuestros deseos crecen y los de los animales siguen igual, es que mayor deseo, hace que se acelere nuestro desarrollo. Finalmente, los humanos no están destinados a percibir sólo la existencia física, sino a penetrar a través de ella y percibir la conectividad e interdependencia de todos, no sólo intelectualmente, como lo estoy explicando aquí, sino en los sentidos, igual que percibimos el mundo físico, incluso más.

El deseo constante de buscar, explorar, descubrir y aprender surge de nuestra aspiración de conocer los niveles más profundos de la realidad. Ese conocimiento es prerrogativa exclusiva de los humanos, sólo la gente desarrolla deseos tan profundos.

A medida que nuestros deseos crecen, debemos aprender a tratar de descubrir el propósito y la estructura de la vida. Los nuevos deseos aparecen primero en el nivel más burdo y debemos cultivarlos, elevarlos al nivel en el que mejoran nuestra percepción de la realidad.

Como estos deseos son muy intensos, necesitamos que más gente «comparta la carga». Como acabamos de decir, aunque nos sintamos aislados, en realidad somos un solo sistema. Todo lo que pensamos que es nuestro, en realidad es parte del sistema humano y la humanidad lo comparte. Por eso, nuestros deseos tampoco son personales, aunque se sientan así.

Cada vez que elevamos un deseo del nivel corpóreo a los niveles superiores de percepción, influimos en la humanidad. Y cada vez que una persona muere, la carga de elevar nuestro deseo común se hace más pesada para todos.

Por eso la vida de cada uno es preciosa. Determina el ritmo de avance de la humanidad. Si nos diéramos cuenta de lo profundamente conectados que estamos y del daño que nos causamos al maltratar a los demás, si lo sintiéramos como realmente es -que nos torturamos nosotros mismos- no nos atreveríamos a maltratar a nadie ni a dejar a nadie sin cuidar.

 

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