Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Nadie ama a una nación cuyos miembros se odian

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Miembros de “Voz judía por la paz» del norte de Nueva Jersey asisten a la marcha Palestine Teach-In and Rally celebrada en Jubilee Park en Cliftons

Me han dicho que los problemas en la cadena de suministro que afligen a la economía global se han agravado y el pronóstico es tan terrible, que algunos países están considerando cerrar el comercio internacional y tratar de volverse autosuficientes. Está claro que es una idea poco práctica, pero muestra lo desesperados que están algunos países y lo pesimista que ven el futuro. Hay una solución, pero implica reciprocidad y consideración por los demás y nadie quiere ir por ese camino. O sea, por el momento, seguiremos sufriendo.

Mira lo que le hicimos a nuestro planeta. Lo contaminamos, corrompimos y agotamos sus recursos y gran parte de su belleza, por la ilusión de poder y control. Podríamos haber logrado mucho más con una fracción del esfuerzo y una fracción de los recursos que hemos drenado del planeta, pero para esto, tendríamos que trabajar codo con codo y nadie quiere hacerlo.

Lamentablemente, la situación seguirá empeorando hasta que todos señalen a los judíos y los culpen de todo el mal en el mundo. Y el mundo estarán feliz de unirse en nuestra contra.

Y no sólo el mundo, muchos judíos también se sienten culpables. ¡Mira todos los judíos que justifican a los que odian a los judíos! Además, los judíos que lo hacen, no son tratados como traidores, como lo serían en cualquier otro lugar, sino como gente progresista que busca justicia. ¿Por qué somos así? Porque en el fondo sentimos que el mundo tiene razón al acusarnos, que realmente somos responsables de todos los problemas. No podemos racionalizarlo, pero de todos modos, lo sentimos. Aunque no lo admitamos, nuestro resentimiento sumiso ante las acusaciones más absurdas, demuestra que no nos sentimos inocentes.

Especialmente ahora, que el mundo se convirtió en un sistema cerrado e interdependiente, donde todos afectan a todos los demás, cualquier cosa mala que alguien haga, de inmediato tiene impacto en el mundo entero. Se espera que nosotros, los judíos, corrijamos al mundo. Y como el mundo está roto, a los ojos del mundo y a nuestros propios ojos, es nuestra culpa.

Piénsalo, ninguna nación ha concebido que una noción como Tikkun Olam (corrección del mundo) sea uno de sus valores y objetivos fundamentales. Ninguna nación ha puesto toda su esencia en amar a los demás, hasta el punto de amar al prójimo como a sí mismo. Ninguna nación ha hecho de la responsabilidad mutua un principio tan arraigado, que sus miembros se sientan autorizados a exigirlo unos a otros. Y finalmente, los sabios de ninguna otra nación culpan de las derrotas propias, al odio infundado entre los miembros de la nación, en lugar de a los enemigos externos.

Incluso con respecto a las naciones del mundo, nuestro llamado siempre ha sido positivo. Tan pronto como nos convertimos en nación, fuimos designados pueblo elegido, elegido para dar ejemplo de estos valores fundamentales –Tikkun Olam-, amor a los demás y responsabilidad mutua, ¿hay algo más que el mundo necesite?

Sin embargo, en lugar de estar a la altura de nuestra misión, nos convertimos en lo contrario. Somos modelo de auto desprecio, división interna y burla mutua. Somos arrogantes, pero no tenemos nada de qué enorgullecernos, la gente no necesita tecnología; necesita amar y ser amada y por nuestra negligencia, le estamos negando lo que necesita.

Nadie ama a una nación cuyos miembros se odian entre sí, más aún cuando esa nación se forjó para ser líder de unidad. Si rechazamos nuestra misión, ¿quién allanará el camino?

Somos una variedad de miembros de todas las naciones del Cercano y Medio Oriente, que una vez se unieron «como un hombre con un corazón». Con nuestro ejemplo único, debemos guiar el camino a la unidad del mundo y la única forma de hacerlo es con nuestro ejemplo.

Nosotros somos descendientes de esos miembros de las naciones. Las naciones no pueden unirse sin nuestro ejemplo. Nuestros antepasados ​​fueron «embajadores» de las naciones, y nosotros somos sus herederos; Nos corresponde cumplir con el legado de nuestros antepasados: ser luz para las naciones y redimir al mundo del odio. Si nos unimos, el mundo seguirá adelante. Si nos rechazamos entre nosotros, el mundo nos rechazará.

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Publicado en: Antisemitismo, News

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