Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

El dinero no puede alimentar a la gente que el ego mata de hambre

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Foto: David Beasley, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, habla durante una entrevista con Reuters en Doha, Qatar, 24/ago/21. REUTERS/Alexander Cornwell

David Beasley, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, dijo que los multimillonarios «deben dar un paso al frente, por única vez» y donar 6 mil millones de dólares para salvar a 42 millones de personas «que van a morir si no damos ayuda”. Añadió, «No les pido que lo hagan todos los días ni todas las semanas ni todos los años; tenemos una crisis única, una tormenta perfecta de conflictos, cambio climático y Covid». Si Beasley cree que esta es una crisis única y que seis mil millones de dólares eliminarán el hambre en el mundo, probablemente sea el único. El hambre no existe por las razones que él cita, sino por el ego humano y ninguna cantidad de dinero es suficientemente grande para alimentar a la gente, que el ego mata de hambre.

El dinero tampoco dará satisfacción al ego. Por el contrario, sólo empeora el problema, porque va a los bolsillos de la gente equivocada y la vuelve aún más codiciosa, los que podrían hacer un buen uso de él, ven muy poco. Si creemos que podemos resolver la crisis del hambre sólo con dinero, seguramente el hambre aumentará y muchos más morirán.

De hecho, creo que nuestro enfoque de combatir los síntomas en lugar del patógeno, hará que las cosas sean tan malas, que sería mejor para nosotros, no vivir esos momentos. Habrá abundancia y a la vez, aguda escasez de los alimentos básicos más importantes como pan y agua. La gente será miserable.

Verás batallones enteros guardando comida, mientras otros mueren de hambre. No será secreto, será a plena vista; lo verás en las noticias. Los que tienen voluntad, dirán que sienten lástima por los hambrientos, pero no moverán un dedo.

El ego nunca nos dejará sentir satisfacción. Siempre nos hará sentir vacíos, por ricos que seamos. Incluso si negamos a todas las personas del mundo los satisfactores más básicos y las guardamos para nosotros, seguiremos sintiéndonos insatisfechos.

El único buen uso que tenemos para el ego es darnos cuenta de que nos está llevando a la extinción. Nos está enseñando que mientras nos concentremos sólo en nosotros mismos, no nos sentiremos satisfechos. Una vez que lo aprendamos, nos impulsará a superarlo.

Otra cosa que nos enseña el ego, es que dependemos unos de otros. No podemos sentirnos ricos, a menos que nos comparemos con otros que son más pobres que nosotros. No podemos tener lo que queremos, a menos que alguien nos lo tenga. En otras palabras, no podemos vivir y no podemos evaluarnos a nosotros mismos, sin otros a nuestro alrededor.

Como no podemos deshacernos del egoísmo, pues es nuestro núcleo, debemos «enseñarle» el valor de la cooperación y la consideración. Cuando el ego aprenda que lo mejor es ser considerados, nos permitirán disfrutar de placeres desinteresados ​​y dejaremos de humillar a los demás y de destruir nuestro entorno y  actualmente es nuestro único placer (lo admitamos o no).

Podemos encontrar alegría en estar conectados y en ser considerados, sólo si dejamos de intentar satisfacer nuestro ego. Podemos lograrlo siendo testigos de lo que el ego nos ha hecho a nosotros mismos y al mundo que nos rodea o podemos hacerlo cuando los desastres nos golpeen personalmente. La primera forma es más rápida, fácil y segura. Espero que elijamos antes de sentir, de primera mano, las desventajas del egoísmo.

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