Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Mamá ¿por qué hay guerra?

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Foto: Evacuados de la zona de Mariupol se instalan en un campo de refugiados en el asentamiento de Bezymennoye, durante el conflicto entre Ucrania y Rusia en la región de Donetsk, Ucrania 8/mar/22. REUTERS/Alexander Ermochenko

El deplorable bombardeo de un hospital infantil en Mariupol, al sur de Ucrania, me trae a la memoria la historia de la madre que dijo a los periodistas que su hijo le preguntó: «Mamá, ¿por qué hay guerra?». Dijo que unas semanas antes había calmado la preocupación de su hijo diciéndole que la gente ya no lucha en las guerras como antes, que lo superamos. Ahora, ella y su hijo se esconden en una estación de metro, un refugio antibombas improvisado, mientras su marido estaba en el frente.

Hoy muchos niños se hacen preguntas muy difíciles, como consecuencia de las terribles circunstancias a las que son expuestos sin previo aviso. Pero los niños entienden la guerra mejor de lo que creemos. Al fin y al cabo, su vida es una lucha diaria. Como aún no tienen las habilidades sociales que les permitan desenvolvernos con soltura en las situaciones sociales, para ellos cada día en la guardería o en la escuela es una batalla.

Para darles una respuesta verdadera y útil, deberíamos decirles que nuestro ego es la causa de todas las guerras. El ego quiere satisfacerse a sí mismo y no toma en cuenta nada más.

Después, deberíamos decirles que, así como los niños se pelean por un juguete, los adultos se pelean por partes de la tierra. Y cuando los niños se pelean, pueden golpearse con un palo o una pala de plástico, los adultos usan tanques y aviones.

Nada cambia de la infancia a la edad adulta: otros tienen lo que yo quiero o creo que debería ser mío y lo tomaré, por la fuerza si es necesario. Así funciona el ego, es la razón de la guerra.

El niño que se esconde de los «juguetes» de los mayores, entenderá muy bien el mensaje. Es nuestra oportunidad de explicarle, lamentablemente de forma demasiado real, que pelearse no es bueno, que si nos cuidamos unos a otros y compartimos, todos tendremos más y no tendremos que pelear por lo que queremos ni por proteger lo que tenemos.

Una vez que los niños interiorizan la lección de compartir, permanecerá con ellos de por vida. Les ayudará en sus relaciones con los demás a lo largo de la vida y con suerte, gracias a la explicación clara de su madre, podrán evitar guerras en el futuro.

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