Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

La única opción, comenzar a monitorear el contenido

contenido monitorear redes sociales medios socialesCada día que pasa, la situación empeora. La violencia crece en todas partes, la gente se siente insegura, la depresión se dispara y las muertes por sobredosis han alcanzado cifras inconcebibles, porque la gente no tiene cómo huir de su miseria. El año pasado, más de 100,000 estadounidenses perdieron la vida por sobredosis. Además, el número total de gente que murió a causa del uso indebido de drogas se duplicó en los últimos cinco años. Sólo hay una forma de detenerlo: comenzar a monitorear lo que ponemos en la mente de la gente. Llámalo censura, monitoreo, regulación o lo que sea, pero la falta de control del contenido que se consume en redes y medios, hace que se actúe de tal forma que termina matándonos.

Hasta hace unos siglos, criar a los hijos era responsabilidad exclusiva de los padres. Desde la Revolución Industrial, la escuela comenzó a desarrollarse y el estado tomó la responsabilidad de la educación de los niños. La capacidad de los padres para determinar la educación de sus hijos disminuyó.

Cuando, en la década de 1950, los medios de comunicación se desarrollaron, los niños comenzaron a recibir gran parte de su «educación» por los canales de entretenimiento y noticias, incluso las escuelas comenzaron a perder el control sobre la educación. Los medios de comunicación penetraron en nuestra casa, reflejando los mensajes que alguien elegía para mostrar a los niños pequeños y susceptibles y también a los adultos distraídos y comenzamos a ser adoctrinados por el “tubo”, como se llamaba al televisor. 

Pero desde principios de la década de 2010, cuando los teléfonos inteligentes se volvieron omnipresentes, perdimos todo el control de lo que consume la gente de todas las edades. No sabemos a qué están expuestos nuestros hijos. Incluso los materiales a los que los adultos estamos expuestos influyen en nosotros y no nos damos cuenta. Sólo podemos imaginar lo que le hace a la mente inocente y abierta de nuestros hijos.

Sea lo que sea lo que están absorbiendo, los está matando. Los vuelve violentos, deprimidos, apáticos, socialmente aislados, narcisistas y suicidas. Y está cobrando cientos de miles de vidas, en su mayoría jóvenes. Antes de la llegada del coronavirus, la muerte de jóvenes fue la única causa de la disminución de la esperanza de vida en Estados Unidos, el virus sólo aceleró el deterioro. Es hora de dar un paso al frente e intervenir para revertir el rumbo.

Creo que el contenido en las redes sociales, sitios de Internet, canales de televisión y radio debe ser monitoreado y que haya regulaciones estrictas en lo que está permitido y lo que no. No hablo de contenido político, sino del contenido que fomenta violencia, abuso de sustancias y narcisismo. Nosotros y, especialmente los niños, aprendemos con el ejemplo. Cuando ven un comportamiento negativo y antisocial, se vuelven negativos y antisociales.

Los padres no pueden controlar lo que sus hijos absorben de los medios. Están ocupados trabajando, a menudo en más de un trabajo, luchando por mantener a la familia y los hijos se quedan solos muchas horas. Es cuando son más vulnerables porque es cuando consumen el contenido dañino de los medios.

En lugar del contenido actual, los medios deberían mostrar contenido que promueva amistad, cuidado y responsabilidad social. Si crees que ese contenido constituye un lavado de cerebro, pregunta si el contenido que vemos ahora, con su extrema violencia y adoración al ego, no es un lavado de cerebro.

Es comprensible que nos guste este tipo de información. Finalmente, la Biblia nos dice, «La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud» y sabemos que es verdad. Por eso, naturalmente preferimos a los protagonistas que se glorifican a sí mismos y tendemos a adoptar sus valores. 

Pero, llegamos a un punto en el que nuestra naturaleza corrupta es tan perjudicial que debemos encontrar la forma de contenerla. Por eso debemos fomentar la consideración mutua entre la gente. No hablo de amar a los demás, sería demasiado pedir, sólo de consideración básica para cada ser humano. Incluso si logramos sólo esto, será un gran progreso.

Actualmente, quiero que todos bailen sólo con mi melodía. Pero como todos quieren lo mismo y nadie quiere bailar al son de otro, la sociedad se está desintegrando. Es lo que estamos viendo ahora. Si lo dejamos así, vamos a caer muy bajo, muy pronto y será imposible detenerlo.

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