Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Jugar a ser Dios

Jugar a ser DiosLa vida está llena de juegos. Animales, bebés, niños, todos juegan. Cuando nos convertimos en adolescentes, los juegos son diferentes y se vuelven cada vez más sofisticados con el tiempo. Nos ponemos y nos quitamos personajes de íconos que admiramos o que influyen en nosotros, pero en el proceso, perdemos contacto con lo que somos.

Los juegos son un medio natural de desarrollo. Nos ayudan a prepararnos para nuestro siguiente nivel de desarrollo: físico, intelectual, emocional o espiritual. A medida que crecemos, llegamos a sentir que debemos escondernos de nosotros mismos y a ponernos en algún personaje popular. Así empezamos a olvidar quiénes somos.

A medida que crecemos, desarrollamos nuevos personajes para cada nueva etapa de la vida. Desarrollamos un personaje para estar con los amigos, un personaje para estar en casa con la familia, otro para ser padre, otro más para estar en el trabajo o con extraños o en cualquier lugar al que vayamos. Al final, incluso cuando estamos solos y no necesitamos ponernos ninguna fachada, no sabemos qué “personaje” somos, porque no estamos acostumbrados a ser simplemente nosotros.

 A veces, por la noche, antes de quedarnos dormidos, una pregunta se cuela en la mente: “¿Quién soy yo? ¿realmente sé quién soy, sin todas las máscaras y fachadas que me he puesto a lo largo de la vida? Y lo más importante, ¿volveré a encontrar mi verdadero yo?

La respuesta a esa pregunta es que es posible, pero con una condición. Necesitas jugar un juego especial y ponerte en un personaje especial: necesitas jugar a ser Dios. Dios no es una especie de Papá Noel sentado en una nube ni una entidad que gobierna el universo. Dios, también conocido como Creador, es una cualidad, un atributo: Dios es la cualidad de entrega absoluta y preocupación por los demás. Sólo la cualidad de bondad absoluta puede engendrar algo, pues lo demás ve hacia adentro, para complacerse a sí mismo, en lugar de ver hacia afuera, para construir un ser nuevo e independiente.

 Así como la madre engendra vida en su amor, el Creador engendra vida en Su amor. Si queremos encontrar a nuestro verdadero yo, debemos jugar a ser como el Creador, en un estado de entrega pura y preocupación por los demás.

Al principio, puede parecer incómodo, pero también lo son los personajes que nos usamos. Así como cada personaje se vuelve natural después de un tiempo, también lo hará el otorgante.

Jugar a ser Dios es aspirar a volverse similar a la cualidad de otorgar, la cualidad que engendra toda la vida. Es el juego más complicado e intrincado que existe. Aunque también es, por mucho, el más gratificante.

No hay perdedores en este juego, porque puedes jugar todo el tiempo que quieras hasta que ganes. Cuando ganas, te conviertes en el personaje que estabas interpretando. En otras palabras, la cualidad de otorgar se convierte en tu segunda naturaleza, una nueva naturaleza que está por encima de la original y ambas existen dentro de ti.

Una vez que logras esa otra naturaleza, tu percepción se expande y abarca toda la realidad. De repente entiendes por qué sucede todo y es, porque lo ves desde la misma perspectiva que lo creó todo y lo sostiene todo. Entiendes, no sólo el presente, también el pasado y el futuro y el «tiempo» adquiere un significado completamente nuevo. A medida que nuestra percepción se limita, también lo hace nuestro sentido de existencia y, la vida y la muerte se convierten en fases de desarrollo, nosotros trascendemos ambas, pues nos volvernos omnipresentes y omniscientes como la cualidad que engendró y sostiene al mundo.

Etiquetado con:
Publicado en: News
Un comentario sobre “Jugar a ser Dios
  1. Rosa María Lomeli Delgado dice:

    Muchas gracias por compartir tan sabio y edificante artículo. Me enriquece!!! Bendiciones infinitas 🙏 🙌 💕

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*