Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Hacia la escasez mundial de alimentos básicos

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Foto: Clientes con mascarillas frente a estantes parcialmente vacíos, en un supermercado en Hong Kong

La guerra en Ucrania plantea muchas amenazas, no sólo para Ucrania, también para el mundo. Las sanciones contra Rusia son extremas y sin precedentes. Sin embargo, no debemos creer que no tendrá costo para el mundo. Los precios del trigo y del petróleo ya se están disparando, pero aún no es lo peor. Lo peor vendrá cuando no ya haya, cuando los estantes de los supermercados en Europa y EUA, estén vacíos, por la guerra en Ucrania. La lección más importante que podemos (y debemos) aprender de esta guerra, es que el mundo es una aldea global interdependiente y que cuando lastimas a alguien, te lastimas a ti mismo.

Incluso antes de que estallara la guerra, la presión sobre las cadenas de suministro hacía subir los precios y la inflación batía récords en EUA y otros lugares. Pero ahora, para algunos productos, las cadenas de suministro colapsarán por completo.

No debemos tratar esta crisis sólo en el nivel superficial. No debemos conformarnos con buscar sustitutos para los productos que faltan. Si lo hacemos, los sustitutos también nos fallarán.

Debemos aprovechar la oportunidad para corregir la razón de las cadenas de suministro rotas: nuestras conexiones rotas. Las sanciones contra Rusia, con sus implicaciones, para Rusia y para Occidente, deberían hacernos entender que no podemos construir relaciones explotando a otros. Nuestras relaciones serán sostenibles sólo si las formamos con base en la confianza y en complementarnos mutuamente.

Está claro que, en cada transacción, cada parte tiene en mente su propio interés; no hay nada de malo. Pero, cuando las partes buscan, no sólo sacar provecho de su trato, sino también extorsionar, ya sea por engaño o por la fuerza, a la otra parte, para quitarles más de lo que está dispuesta a dar, no funcionará por mucho tiempo. Debemos cambiar nuestra actitud de usar nuestros recursos para imponer nuestra voluntad, a compartir nuestros recursos para el mayor bien de todos.

No es que de repente debiéramos amarnos, al menos no todavía. Pero, aunque no nos soportemos, todos tenemos bienes que otros necesitan y no tienen y, otros tienen bienes que nosotros necesitamos y no tenemos. Por eso, incluso si no podemos soportarnos, debemos compartir. Y para que la cadena permanezca abierta, debemos trabajar con respeto mutuo y decencia.

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