
Vivimos en el estado de la razón, es decir, dentro de nuestros sentidos y deseos, donde el deseo se compone de intelecto y emoción, mente y corazón. Vivimos y sentimos la realidad en estas cualidades, lo que percibimos se llama «este mundo». En él, pensamos que lo que apreciamos existe: el espacio con sus estrellas y planetas, la Tierra, su vegetación y la humanidad que lo habita. Todo existe en nuestra percepción, en nuestra sensación.
Necesitamos imaginar que esta percepción tiene un límite y que hay otra percepción que no es la fuerza de recepción, que no es atraer hacia nosotros, sino que es la fuerza de otorgamiento, que aparentemente rechazamos: es un mundo opuesto.
Deberíamos imaginar lo que es ese mundo opuesto, en el que en lugar de odiar , debemos amar, en lugar de recibir, debemos dar y que en lugar de desapego hay que buscar conexión; imaginar que así vivimos. En otras palabras, imaginar que no vivimos en función del bien propio, sino en función del bien de los demás y que nuestras acciones tienen ese propósito.
Es decir, aparentemente estamos dentro de una especie de traje de buceo o espacial. Dentro de ese traje está «lo mío» y fuera hay un mundo que desconocemos. Es un mundo en el que no se nos permite vivir con nuestras cualidades actuales.
¿Y qué podemos hacer? Si recibimos en la mente y corazón, en nuestro intelecto y emociones, las condiciones de ese otro mundo, podremos vivir en él. Además, no hay problema en hacerlo. En realidad, es lo que necesitamos tener, podemos hacerlo ayudándonos y apoyándonos mutuamente.
En última instancia, existimos únicamente en nuestra mente y corazón, en nuestro intelecto y emociones. Así fuimos creados. Sin embargo, podemos cambiar cómo lo usamos. Su uso puede pasar de «en beneficio propio» a «en beneficio de los demás». Al hacerlo, neutralizamos nuestro propio ser y ya no necesitaremos este traje especial; es decir, ya no necesitamos protección.
Eso es porque, si no actuamos para nosotros mismos, sino en beneficio de otros, no necesitamos aislarnos. Nadie puede dañarnos. Al contrario, podemos usar todo lo que existe fuera de esta vestimenta especial en beneficio de todos.
Debemos imaginar más y de diversas formas, la diferencia entre lo que existe dentro de nuestra mente y corazón actuales, en nuestras cualidades de recepción y lo que existe por encima de ellas, donde todo es para otorgar. Así, gradualmente, podremos hacer la transición del mundo corpóreo de la auto recepción, al mundo espiritual de amor y otorgamiento.



Deja una respuesta