Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Cómo disciplinar a adolescentes insensatos

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Si tuvieras hijos adolescentes que necesitaran disciplina, ¿qué harías? Ya son grandes y fuertes, pero tan insensatos como solo los adolescentes pueden ser.

Aquí hay una alegoría: un día, tienes que estar todo el día y dejar a tus dos hijos adolescentes a cargo de la casa y de sus hermanitos menores. Cuando vuelves, tarde por la noche, te das cuenta de que destrozaron el lugar. Rompieron el armario de libros antiguos para usar la madera para hacer una fogata con sus amigos. Construyeron un mini coche desmontando la lavadora para usar el motor y los cables, rompieron la mesa de la cocina para hacer un marco para que el auto gire en las ruedas de la cortadora de césped, la transmisión y el volante son del auto de juguete eléctrico de su hermano pequeño y para el asiento del conductor usaron la silla de escritorio de su hermanita y ahora, no puede hacer su tarea.

Cuando abres la puerta, los más pequeños están llorando y los mayores conducen por la sala de estar en su mini carro, chocando con todo lo que aún esté en pie y riéndose sin sentido de su propio caos y de los gritos de sus hermanos.

Nuestra alegoría podría haber sido una broma de mal gusto, si no fuera verdad. Los padres son la Madre Naturaleza y nosotros, la humanidad, somos los adolescentes rebeldes. Los hermanitos pequeños son, por supuesto, las plantas y los animales y la casa es nuestro hogar común, la Tierra.

Pero la naturaleza encontró una forma de disciplinarnos: el nuevo coronavirus. Con él, nos envió a nuestra habitación separada, para que dejáramos de derribar nuestra casa y de acosar al resto de las especies. En su sabiduría, encontró una manera de disciplinarnos sin lastimarnos demasiado. Su amonestación es muy leve comparada con el daño que hicimos, porque es misericordiosa; no quiere hacernos daño y eligió la forma menos dolorosa.

Pero nosotros, los adolescentes insensatos, no escuchamos. Insistimos en reabrir la economía, en molestar a nuestros hermanitos, volver a derribar la casa y usar lo que hay en ella, ignorando las advertencias de mamá.

No funcionará; ella es más fuerte y más inteligente que nosotros y tiene todas las cartas en sus manos. Si no le dejamos otra opción, nos enviará a nuestras habitaciones sin cenar. Si seguimos obstinados, nos negará comida, agua, comunicación con nuestros amigos y cualquier otra cosa que considere necesaria para disciplinarnos.

Si aprendemos la lección y nos tratarnos, a nosotros y a la naturaleza, con consideración, será tan amable como sólo la madre naturaleza puede ser. ¡Tendremos abundancia! Si nos negamos, de todos modos, aprenderemos la lección, pero más tarde, después de mucho más dolor.

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Publicado en: News, Responsabilidad Social Recíproca

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