Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Cómo cambia nuestra percepción de las crisis con el paso del tiempo?

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Imagen de Couleur en Pixabay

Hasta la fecha, la humanidad se ha dedicado, principalmente, a intentar evitar el siguiente embate de la naturaleza. Construimos defensas, desarrollamos tecnologías y buscamos modos de protegernos de los desastres. Sin embargo, de una forma u otra, el golpe llega. La naturaleza siempre encuentra la forma de atravesar nuestras defensas externas. Por eso, la verdadera pregunta no es cómo evitar el golpe externo, sino cómo resistirlo internamente.

De hecho, tenemos oportunidad de alcanzar un estado en el que, incluso si ocurren esos eventos, no los sentiremos como golpes. Podemos llegar a un equilibrio interno y veremos que, incluso un tsunami o un terremoto, no se perciban como catástrofe. Todo depende del estado de nuestra percepción interna.

Si logramos dominar nuestro mundo interior, podremos ver una realidad totalmente diferente. Lo que ahora percibimos como mundo externo, se nos revelará como algo que, en realidad, existe dentro de nuestra percepción. Así comprenderemos que nada cambia fuera de nosotros, las convulsiones, perturbaciones, tsunamis y terremotos que parecen ocurrir en el mundo, tienen lugar dentro de nuestra percepción.

El futuro mismo es una ley que reside en nuestro interior. Se manifiesta a través de la fuerza general de la naturaleza en la que existimos. Esa fuerza es constante, perfecta e inmutable. Lo que cambia somos nosotros. Dado que cambiamos continuamente dentro de esa fuerza, nos parece que el mundo cambia. Pero, en realidad, la fuerza externa permanece inmutable mientras que nuestros estados internos cambian.

Una vez que lo entendemos, podemos enfocarnos en nuestra propia transformación. En lugar de intentar controlar el mundo exterior, podemos aprender a controlar los cambios que ocurren en nuestro interior. Al hacerlo, determinamos nuestro futuro. Es más, lo determinamos todo: la forma en la que percibimos la vida, el sufrimiento e incluso nuestra sensación ante los límites entre la vida y la muerte.

Cuando conseguimos control interno y armonía con la fuerza general de la naturaleza, la vida cambia por completo. Ya no sentimos incomodidad ni presión externa. Desde nuestro interior, las condiciones de vida se vuelven placenteras y equilibradas. Sin importar si hace frío o calor, o si las cosas son difíciles o fáciles externamente, sentiremos un mundo grato y acogedor.

Y podremos construir una vida celestial, no cambiar el mundo exterior, sino corregir y alinear nuestra percepción interior con la fuerza constante y perfecta de la naturaleza en la que ya existimos.

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