
El enfoque integral de educación considera a la naturaleza como un todo. La naturaleza tiene control absoluto sobre sus niveles inanimado, vegetal y animal y estos niveles, instintivamente mantienen un sistema de reciprocidad y complementariedad. A nosotros, los seres humanos, la naturaleza nos dio la posibilidad de desarrollo consciente. En otras palabras, tenemos la capacidad de discernir qué relaciones queremos mantener entre nosotros. En nuestro máximo desarrollo, llegaremos a reconocer que nuestra condición óptima es una en la que nos adaptemos a la unidad de la naturaleza. ¿Qué quiere decir? Que debemos conectarnos con los demás en plena integración, hasta alcanzar el nivel de relaciones amorosas, bondadosas y afectuosas. Esto elevará a la especie humana al siguiente nivel, en el que nos sentiremos «como un hombre con un corazón». Con esta visión general en mente, veamos a la mujer embarazada.
Cuando una mujer queda embarazada, la naturaleza la eleva de grado, es una promoción. En lugar de ser una criatura más de la naturaleza, se vuelve representante de la naturaleza misma. La naturaleza le da derecho de desarrollar un nuevo ser y este proceso abarca diversos niveles. Debe cuidar su alimentación, descansar cuando lo necesite y otros aspectos físicos. Pero no se limita al plano corporal. Así como la naturaleza se encarga de nuestro desarrollo en un proceso que nos conducirá a la unidad de la creación, la futura madre debe fomentar la percepción integral del niño desde que es un feto en su vientre.
La actitud de la madre hacia su entorno se transmite naturalmente al feto, porque el feto forma parte de ella, es carne de su carne. Dado que, por designio de la naturaleza, estamos conectados en una gran red, la forma en que la madre se relaciona con los demás, así se relacionarán los demás con su hijo. ¿Por qué? Porque cada movimiento, actitud, deseo y pensamiento queda registrado en la red.
Por eso, lo que la madre «hace», el feto lo absorbe. Sería conveniente recordar esta ecuación. Dado que la aspiración natural de toda madre es criar un hijo que reciba actitud positiva de la sociedad, así debe comportarse ella misma desde el principio.
Mientras mejor sean las relaciones de la madre con el entorno, ese cambio también afectará al feto, el entorno le devolverá una actitud positiva. Esto se manifestará en el desarrollo saludable del feto en todos sus sistemas corporales y especialmente, en su estructura cerebral. Por el contrario, las relaciones inadecuadas de la madre con los demás y los estados de tensión, por supuesto, afectarán negativamente al feto.
Desde el inicio del desarrollo, el feto debe recibir una actitud positiva hacia la vida, tanto de la madre como del entorno. Esto implica un enfoque de equilibrio, conexión armónica, amabilidad, consideración y apoyo mutuo. La madre que envuelve al feto en un entorno así, favorecerá el desarrollo de sentimientos y pensamientos que le permitan comprender el mundo en su totalidad y establecer una relación amable y pacífica con los demás.
En términos generales, podemos decir que, erróneamente dividimos las áreas de nuestra vida en dos: la vida dentro del útero y la vida fuera de él. Más adelante, repetimos el mismo error y dividimos la vida del niño en el hogar, por un lado y en la guardería o escuela, por otro. No comprendemos que la vida en su conjunto es una totalidad, un flujo continuo sin separación.
Durante nuestro desarrollo, no deberíamos percibir transiciones bruscas entre diferentes períodos y ámbitos de la vida. En su lugar, idealmente deberíamos sentir que el entorno se expande con armonía. Los círculos que nos rodean se hacen cada vez más grandes y mientras nos adaptamos al nuevo mundo que gradualmente se despliega ante nosotros, nos desarrollamos.
Si enseñamos a nuestros hijos a construir una sociedad integral —un mundo bello, amigable y cálido—, la percibirán como un sistema único y completo. Así como la naturaleza desarrolla a sus criaturas y así como el útero gesta al feto, la sociedad debe servir como hábitat óptimo para cada individuo que la conforma. En este estado integral, el niño se sentirá envuelto en amor y libertad y sabrá relacionarse correctamente con los demás. ¿Qué es «relacionarse correctamente»? Es tener la capacidad de aceptar a los demás, comprender su naturaleza, estar con ellos en una conexión complementaria y la persona misma florecerá y prosperará.
En un mundo cada vez más interconectado, donde la interdependencia mutua se intensifica con rapidez, donde debemos construir una humanidad como una gran familia, no podremos sobrevivir con las armas letales que se están desarrollando ni con los juegos del ego que amenazan con hundirnos. Por eso, deseo que todos tengamos un nacimiento fácil.



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