Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Vívidos recuerdos de la era Nazi en nuestros días: ¿Vuelven los judíos a estar en peligro?

El estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, a la que dio comienzo la invasión de Polonia por parte de Alemania, materializó los antojos del régimen de Hitler, sediento de guerra. Sin embargo, fueron las crecientes políticas discriminatorias del Tercer Reich dirigidas a los judíos las que condujeron a ese acontecimiento histórico.

¿Por qué es tan vital que reconozcamos este precedente hoy? Es esencial que echemos nuestra mirada hacia atrás y leamos las señales de la historia durante la era Nazi —la asimilación, el progresismo, los boicots— porque son sorprendentemente similares a lo que podemos encontrar hoy. La semejanza debería hacer sonar una alarma para los judíos de todo el mundo, y muy especialmente los de Estados Unidos. Un nuevo Holocausto puede asomar por el horizonte a no ser que logremos transformar la fracturada comunidad judía en una fuerza única e indivisible.

Entonces y ahora

Este mismo año tuve la ocasión de visitar Berlín y Nuremberg. Desde el momento en que aterricé, noté que ambas ciudades aún están empapadas de radicalidad y que el pueblo alemán se está preparando gradualmente para el próximo golpe. En el pasado, la tormenta podría haber tardado años en levantarse, pero hoy en día, Dios no lo quiera, puede darse una transición brusca en la actitud hacia los judíos en tan solo unos pocos meses.

Los signos no son muy evidentes en la superficie, por lo que es difícil señalarlos directamente. Pero sí son perceptibles a través de los programas de televisión, las conversaciones con los habitantes de la ciudad así como a través de las impresiones de mis estudiantes veteranos en Alemania.

Un ejemplo reciente de esta tendencia es que un neonazi, Stefan Jagsch, resultó elegido como alcalde de una ciudad en el estado alemán de Hesse. Los principales partidos, incluida la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller Angela Merkel y su socio de coalición, el Partido Socialdemócrata (SPD), votaron por él. Son señales reveladoras.

Los principales historiadores advierten sobre la posibilidad real de otro Holocausto si continúa el actual clima geopolítico de división, de polarización y sigue aumentando antisemitismo.

El director de cine, Steven Spielberg, que creó la USC Shoah Foundation para preservar la memoria del Holocausto, ha expresado su profunda preocupación: el genocidio puede que sea tan posible hoy como durante la era nazi. «Cuando el odio colectivo se vuelve organizado y se industrializa, entonces, lo que llega a continuación es el genocidio», comentó Spielberg en una reciente entrevista en los medios. «Tenemos que tomarlo más en serio hoy de lo que creo que hemos tenido que tomarlo en toda una generación», agregó.

Mirando la historia restrospectivamente, solo unos días después de que Hitler llegara al poder a principios de 1933, fue ordenado un boicot de las empresas judías por todo el país. A esto le siguieron edictos legales para confiscar bienes y propiedades judías. Aunque han pasado décadas desde entonces, la palabra «boicot» sigue resonando en nuestros días en el ámbito del léxico antijudío. Lo que ha cambiado entre aquellos tiempos de la Alemania Nazi y el presente es la existencia de un estado judío. ¿Cómo cambia eso el juego?

Enemigos de Israel: desde dentro y desde fuera

El Estado de Israel en un principio fue considerado como una póliza de seguro para los judíos. Sin embargo, hoy en día, nuestros enemigos se han apoderado de su existencia con tal de que el antisemitismo gane popularidad y legitimidad bajo una apariencia de antisionismo. Curiosamente, en los infructuosos intentos de los judíos por integrarse en la población general y ser «como todos los demás», algunas organizaciones judías de extrema izquierda —J Street o IfNotNow por nombrar un par de ellas— así como activistas e intelectuales israelíes han rechazado sus propias raíces y desempeñan un papel protagonista en campañas mundiales de odio, como el movimiento BDS con el fin de deslegitimar, demonizar y aislar a Israel.

Los judíos deberían tomar nota de que los esfuerzos de los judíos alemanes por distanciarse del judaísmo tradicional en el pasado y asimilarse en la sociedad alemana no les ayudó a escapar de las cámaras de gas del Tercer Reich. Esos esfuerzos tampoco salvarán a los judíos del odio en nuestros días. Hoy por hoy, el antisemitismo nos deja claro que la amenaza puede afectar a cualquier judío en cualquier lugar, pues esas amenazas nos llegan desde todos los lados y bajo todas las formas: el Islam radical, la extrema derecha y la extrema izquierda, pero también desde las principales vertientes políticas, los poderes económicos así como desde el mundo académico y de las artes.

Un ejemplo ilustrativo de esta amenaza es el reciente asalto por parte de activistas del BDS a un festival de cine israelí en Berlín: interrumpieron violentamente el evento causando heridas a los asistentes según informó la policía alemana.

Si por un momento tomáramos en consideración solamente los boicots económicos, la amplia influencia del movimiento BDS nos muestra el peligro que se avecina. Y si observáramos más de cerca, podríamos descubrir que los boicots están siendo efectivos no solo en el nivel macro de los países y las empresas multinacionales, sino también en los niveles micro. El 19% de los estadounidenses piensa que los pequeños comercios tienen derecho a negar el servicio a los judíos si el hacer negocios con ellos va en contra de las creencias religiosas del propietario del comercio, según una encuesta recientemente publicada por el Public Religion Research Institute.

A una escala mayor, el banco más grande de Europa, HSBC, liquidó su inversión en la compañía de defensa israelí Elbit Systems, y la compañía deportiva alemana Adidas puso fin a su patrocinio durante 10 años de la Asociación de Fútbol de Israel (IFA). El movimiento BDS se atribuye el «mérito» de ambas acciones. El actual patrocinador de la IFA, Puma, ahora es el nuevo objetivo de la campaña del movimiento BDS –#BoycottPuma– que acusa a la compañía de ser «cómplice de las violaciones de Israel del derecho internacional y de los abusos de los derechos humanos, debido a la membresía de equipos de asentamientos ilegales en los territorios ocupados palestinos».

Del mismo modo, después de un aumento de la presión externa, las compañías israelíes Soda Stream y Ahava reubicaron sus fábricas de Cisjordania a otras áreas incontestablemente israelíes. También recientemente un tribunal canadiense dictaminó que los vinos israelíes de Cisjordania no pueden etiquetarse como productos de Israel.

Europa compra el 20% de las frutas y verduras importadas desde el valle del Jordán. Después de que la Unión Europea tomara la decisión de etiquetar los productos provenientes de asentamientos (para boicotearlos con más facilidad), los productores israelíes se han visto obligados a buscar mercados alternativos. Irlanda también aprobó prohibiciones punitivas similares. La unión nacional de periodistas del Reino Unido asimismo ha solicitado boicotear los productos israelíes.

No podemos ser ingenuos y pensar que estas son campañas dirigidas únicamente contra los asentamientos israelíes: es una guerra contra la legitimidad misma del estado judío, constantemente señalado por organizaciones internacionales y acusado de las peores atrocidades posibles.

Por qué un boicot israelí le debería preocupar a todos los judíos

Israel es una parte consustancial de la identidad judía colectiva, y así lo perciben las naciones del mundo. Por consiguiente, cuando se dicta un juicio y se impone un castigo a Israel, esto recae sobre la totalidad del colectivo judío y no solo en una determinada parte.

«Cualquiera que difame a las personas por su identidad judía […] está cuestionando el derecho a existir del Estado judío y democrático de Israel así como el derecho de Israel a defenderse», puede leerse en una moción recientemente adoptada en Alemania que define al BDS como antisemita, comparando su método con el eslogan nazi de «No compre a los judíos» como «una reminiscencia de la fase más horrible de la historia alemana».

Durante una campaña de boicot en el Tercer Reich, los camiones nazis en las calles con carteles y eslóganes proclamaban: «¡Defiéndete y no compres a los judíos!». Rompieron las ventanas de las tiendas judías, los comercios fueron saqueados y los dueños de negocios judíos fueron agredidos físicamente.

La explicación oficial de los Nazis para estos boicots era que fueron una reacción contra las demandas de las organizaciones judías en los Estados Unidos y Gran Bretaña llamando a boicotear los productos fabricados en Alemania debido a la llegada al poder de los Nazis, lo cual era cierto. Esa medida legitimó la actividad antijudía y le dio un apoyo oficial que no había existido hasta entonces. La ideología antisemita comenzó a penetrar en la conciencia alemana.

Todas las propagandas lanzadas por los Nazis sobre los judíos tienen su eco hoy en los partidarios del movimiento BDS contra Israel y los judíos. Los Nazis afirmaban que los judíos eran la raíz de todo mal, que provocaron la Primera Guerra Mundial en Europa, que destruyeron la economía alemana y debilitaron el país. Del mismo modo, los defensores del BDS afirman que Israel está provocando la guerra, explotando a palestinos inocentes, extorsionando al mundo y cometiendo genocidio.

Pero aparte del impacto económico, el éxito más rotundo de la actividad del BDS se ha dado en el mundo académico de los países occidentales. Jefes de proyectos de investigación que se niegan a mantener vínculos con universidades o investigadores israelíes, a la vez que las asociaciones estudiantiles presionan para lograr la marginación de Israel. El Departamento de Análisis Social y Cultural de la Universidad de Nueva York votó el boicot al campus de la Universidad de Tel Aviv, y la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios emitió una declaración apoyando la decisión.

Este movimiento de boicot se extiende prácticamente por todos los campus de las instituciones académicas de EE.UU., incluidos los campus de universidades de élite como Harvard, Princeton, Columbia y Yale, entre otras. También llega al interior de las residencias de estudiantes creando una atmósfera hostil y violenta para los estudiantes judíos que apoyan públicamente a Israel.

Y podemos establecer una comparación: en abril de 1933, los Nazis promulgaron la «Ley para la restauración del servicio civil profesional». Su propósito era mantener a los judíos alejados de todas las posiciones clave en el estado, de modo que se les prohibió enseñar y estudiar en las universidades. Ese mismo año, se fundó el Ministerio de ilustración y propaganda del Reich, encabezado por Josef Goebbels. Hitler quería basar el sistema educativo alemán en la «pureza de la raza aria», y los profesores no arios, más concretamente los judíos, fueron despedidos.

Ese mismo Ministerio definió y esbozó la cultura Nazi. El estado determinó a qué obras de arte, música, libros, películas, periódicos y obras de teatro era posible tener acceso. Las obras de judíos y de los «enemigos de la raza» fueron boicoteadas. Toda la población fue adoctrinada para albergar una actitud hostil hacia los judíos desde temprana edad. En los libros escolares, el judío era representado como el peor de los villano. En la prensa, la radio y los discursos, las fechorías de judíos individuales se generalizaron y se los empezó a considerar como delitos judíos, cuya responsabilidad se hizo extensible a toda la comunidad judía. 

Los judíos alemanes fueron apartados ​​de la vida cultural, de las instituciones educativas y de las facultades científicas. Miles de ellos perdieron su medio de subsistencia.

Comparemos eso con el mundo cultural del siglo XXI, donde el movimiento BDS ha logrado convencer a los artistas internacionales de que no actúen en Israel. Uno de sus líderes más vociferantes que trabaja incansablemente por este objetivo es Roger Waters, exmiembro de la banda Pink Floyd. El movimiento también ha tratado de prohibir las actuaciones de emblemáticos grupos israelíes como Batsheva Dance Company en distintas localizaciones de Estados Unidos y Europa.

Nuestro destino compartido

Aunque muchos judíos en la diáspora denuncian al Estado de Israel por cuestiones de sus políticas oficiales, los diversos movimientos de boicot no hacen tales distinciones. Para ellos, un judío es un judío. Y el buen judío es el que está muerto, como suele repetirse en la propaganda antisemita que circula por las universidades occidentales donde operan esos grupos. Y el buen Israel es el que ha sido eliminado del mapa y borrado de la realidad, tal como nuestros enemigos desean abiertamente.

Comprometerse más en el terreno político tampoco garantiza ninguna protección especial. La  destacada presencia de judíos en los dos principales partidos estadounidenses puede ser contraproducente en tiempos turbulentos. Los judíos siempre fueron los chivos expiatorios y nada nos garantiza que, en un futuro, este no llegue a ser el caso en alguna de las fuerzas políticas.

Para comprender ese odio hacia los judíos, debemos analizar tanto el origen como el propósito de la nación judía. Abraham, nuestro Patriarca, tal como se narra en El Midrash (Bereshit Rabá), vio discutir y pelear a sus conciudadanos en la antigua Babilonia, de modo que trató de acercarlos para que sellaran la paz. Y toda aquella persona que se identificara con ese mensaje de unidad por encima de las diferencias, sería bienvenida a unirse a él.

También Maimónides, el gran erudito del siglo XII, describe los esfuerzos de Abraham por la unidad y el amor fraternal como el fundamento del pueblo judío: «Y dado que [las personas allá por donde él transitaba] se reunían a su alrededor y le preguntaban por sus palabras, él enseñó a todos (…) hasta llevarlos de vuelta al camino de la verdad. Finalmente, miles y decenas de miles se reunieron en torno a él, y ellos son el pueblo de ‘la casa de Abraham’». El pueblo de Israel pudo constituirse como nación a los pies del monte Sinaí, una vez que se hubieron comprometido a ser «como un hombre con un solo corazón», tal como RASHI escribe en su Comentario sobre el Éxodo, 19: 2. Cuando recibimos la Torá –la luz– también recibimos el encargo de ser «una luz para las naciones»: difundir nuestro método de conexión único y que ilumine al resto del mundo, que sirva como un ejemplo y muestre los efectos positivos de la unidad.

Este singular ejemplo de cómo se forjó nuestra nación –después de que lograra trascender sus diferentes orígenes y creencias para convertirse en un solo pueblo– es lo que nos hace únicos y especiales. Pero ser especial no significa mirar a los demás desde arriba, sino servir a los demás. Brindar ese ejemplo de unidad bajo la premisa de «ama a tu prójimo como a ti mismo» es lo que nos están exigiendo las naciones del mundo: instintivamente sienten que los judíos tienen las llaves para la paz y la prosperidad en el mundo, y su malestar por no compartir esto con ellos se manifiesta en forma de antisemitismo.

Henry Ford, el infame antisemita estadounidense, manifestó en su escrito «El judío internacional el problema más importante del mundo» lo que parece ser una paradoja en su percepción de los judíos y su papel: «Todo el propósito profético, en lo referente a [el pueblo de] Israel, parece haber sido la iluminación moral del mundo a través de su forma de proceder».

Asimismo, Vasily Shulgin, autoproclamado antisemita y alto parlamentario ruso antes de la Revolución Bolchevique de 1917, reflejó en su libro Lo que no nos gusta de ellos…, la exigencia de que los judíos lideren humanidad:

“Permítales (…) elevarse a la altura a la que aparentemente se elevaron [en la antigüedad] (…) e inmediatamente, todas las naciones se pondrán a sus pies. No se apresurarán a raíz de la compulsión … ¡sino por libre albedrío, y por la alegría en un espíritu, agradecido y afectuoso, incluidos los rusos! Nosotros mismos pediremos: Dadnos un gobierno judío, sabio, benevolente, que nos conduzca al Bien. Y cada día ofreceremos plegarias por ellos, por los judíos: Bendice a nuestros guías y maestros, que nos llevan al reconocimiento de Tu bondad’».

Sin duda, para llevar a cabo este papel de liderazgo, los judíos debemos primero unirnos por encima de nuestras diferencias. Incluso el más pequeño deseo de poner esto en práctica dentro de la esfera del colectivo, atraerá una fuerza positiva que impregnará al mundo y el odio contra nosotros se desvanecerá.

En palabras del libro, Sefat Emet (Lengua verdadera):

«Los hijos de Israel se convirtieron en garantes de la corrección del mundo entero (..). todo depende de los hijos de Israel. En la medida en que se corrijan a sí mismos [y se unan], todas las creaciones los seguirán. Así como los alumnos siguen al maestro, toda la creación seguirá a los hijos de Israel».

En resumen, la creciente presión contra los judíos y el Estado de Israel es un llamamiento para que nos unamos y nos hagamos preguntas sustanciales: ¿Quiénes somos? ¿Por qué el mundo está obsesionado con el odio hacia nosotros? ¿Adónde nos dirigimos? 

Como el cabalista Yehuda Ashlag dejó escrito durante la Segunda Guerra Mundial en su periódico La nación (1940):

«Asimismo está claro que, el enorme esfuerzo que supone el arduo camino que nos espera, exige una unidad de todas partes de la nación, sin excepción, y que esta unidad sea tan sólida y dura como el acero. Si no salimos con las filas bien unidas hacia las poderosas fuerzas que aparecen en nuestro camino para dañarnos, descubriremos que no tenemos ninguna esperanza».

Desde ese punto en común y con objetivo compartido, los judíos deben embarcarse en un camino todos juntos. En lugar de ser perseguidos por esas tragedias del pasado que se asemejan a la realidad de hoy, lo que se espera de nosotros es que tomemos todas esas señales como un impulso para asumir el futuro y el destino de nuestro pueblo en nuestras propias manos. Y que nos convirtamos en una nación pujante y unificada para ese propósito y para las generaciones futuras.

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Publicado en: Antisemitismo, Judíos, News
Un comentario sobre “Vívidos recuerdos de la era Nazi en nuestros días: ¿Vuelven los judíos a estar en peligro?
  1. Beatriz Resler Sborowitz says:

    Excelente Reflexiòn D’s nos proteje

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