Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Todo lo que necesitas saber sobre las festividades judías

Las festividades judías son algo más que comidas y reuniones familiares. Son más importantes para nuestra vida de hoy y tienen una mayor profundidad espiritual de lo que la gente piensa.

Las festividades judías son un recorrido por el destino de la nación, un electrocardiograma con el ritmo cardiaco de nuestro latido conjunto. Los símbolos que encontramos en las fiestas judías nos transmiten unos conocimientos que, de otro modo, se hubieran perdido en el laberinto de la historia o hubieran quedado distorsionados e irreconocibles. Ahora bien, nuestras festividades no solo llevan un mensaje acerca de nuestro pasado, sino también acerca de nuestro presente y futuro.

Dónde empezó todo

La primera de las fiestas judías en otoño es el año nuevo judío, Rosh Hashaná (la cabeza (comienzo) del año). Señala un despertar espiritual. La festividad marca el momento en que el hombre siente un anhelo por descubrir el sentido de la vida.

Adán (marido de Eva y residente por poco tiempo en el Jardín del Edén), fue la primera persona en reflexionar sobre el sentido de la vida. Y el día en que comenzó a pensar en ello, lo marcamos como comienzo del año –el inicio del calendario judío– conocido como Rosh Hashaná.

En otras palabras, Rosh Hashaná no es solamente una fecha en el calendario: es un acontecimiento en el desarrollo espiritual. En ese día hacemos balance de cómo nos fue espiritualmente durante el año previo, y tratamos de hacer correcciones de cara al futuro.

Comprender los símbolos

Rosh Hashaná simboliza nuestra aspiración a valores más elevados: la benevolencia, el compartir y cuidar unos de otros. La esencia del judaísmo es la unidad y el amor fraternal, tal como se expresa en los principios “Aquello que odias, no lo hagas a tu amigo” y “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. La costumbre de comer la cabeza de un pez simboliza nuestra determinación de estar al frente, para dirigirnos –y dirigir a los demás– hacia la unidad.

La granada, con sus cuantiosas semillas jugosas, nos recuerda que también nosotros somos como semillas, y que ha llegado el momento de que maduremos espiritualmente a través de la unidad. Asimismo, las semillas representan nuestros deseos egoístas, de los cuales debemos disfrutar de una manera más equilibrada y llevar a cabo nuestras aspiraciones mediante una contribución a la sociedad.

La manzana de Rosh Hashaná representa la “transgresión” primordial de la desunión. Y la sumergimos en miel para simbolizar su endulzamiento (corrección) gracias a la unidad restablecida entre nosotros. Para alcanzar esta unidad y reavivar nuestro amor fraternal, debemos elevarnos por encima del egoísmo y equilibrarlo creando conexiones positivas entre nosotros.

El día de la expiación

Tras Rosh Hashaná, llega Yom Kipur, el día de la expiación. Es la fecha en que ayunamos y pedimos por nuestra corrección. Una de las partes más significativas de este día es la lectura del Libro de Jonás. Y hay una buena razón para que esta parte de la liturgia de Yom Kipur sea tan significativa. Este libro, con esa historia al estilo de Hollywood, encierra un mensaje que, si le prestamos atención, puede sacar a la humanidad del lodazal en que está sumergida y llevarnos a un futuro mejor.

En dicha historia, Dios ordena a Jonás que ayude a los habitantes de la ciudad de Nínive a corregir su comportamiento; es decir, que vuelvan a establecer unas relaciones positivas entre ellos.

Abraham, el patriarca, trató de hacer lo mismo en Babilonia. Cuando la mayor parte de los habitantes de Babilonia rechazó sus novedosas ideas, Abraham se quedó con aquellos que estaban dispuestos a unirse y con ellos fundó la nación judía.

Esto es lo que el reconocido historiador Paul Bede Johnson reflejó –sobre Abraham en particular y los judíos en general– en su libro La historia de los judíos: “¿Qué hubiera sucedido con la raza humana si Abraham se hubiera (…) guardado sus elevadas nociones para sí mismo y no hubiera aparecido ningún pueblo judío? No cabe duda de que el mundo sin los judíos habría sido un lugar totalmente distinto. (…) A [los judíos] les debemos el principio de igualdad ante la ley (…); el derecho a la vida y la dignidad de la persona humana; la conciencia individual (…); la conciencia colectiva y por ende la responsabilidad social; la paz como concepto abstracto, el amor como fundamento de la justicia y muchos otros elementos que constituyen los componentes morales básicos de la mente humana”.

Hoy en día, el mundo entero necesita conciencia colectiva y responsabilidad social. Pero estas ideas parecen totalmente inverosímiles. En aquel entonces, a Jonás también le parecieron inverosímiles. Así que, en vez intentar lo que Abraham había intentado, partió en un barco y trató de renunciar a su tarea. Pero, como ya sabemos, Dios lo encontró y se lo llevó a dar un paseo correctivo por el vientre de un pez. Él acabó arrepintiéndose y cumplió su misión.

Al igual que Jonás, estamos intentando renunciar a nuestra misión. Creemos que es demasiado difícil, demasiado impopular y, en general, vemos muy poco atractivo en ser los emisarios en este mundo del mensaje de amor al prójimo y solidaridad mutua. Pero al igual que Jonás, no vamos a ser capaces de rehuir nuestro destino. Estamos obligados a formar una sociedad que ponga en práctica estos nobles valores, que sea un ejemplo a seguir para todos. Esa es la esencia de ser “una luz para las naciones”.

Todos vamos en un mismo barco

“En nuestro mundo interconectado, todos estamos en un mismo barco. Cualquier idea de desvincularnos no es más que un espejismo”, dijo Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y tiene razón. Del mismo modo que los marineros del barco de Jonás descubrieron que él era el culpable de sus desgracias, el mundo también nos señala con un dedo acusador a nosotros, los judíos, y nos culpa de las tempestades que actualmente atraviesa nuestra embarcación global. Al final, Jonás asumió su misión. También nosotros debemos asumir la misión de unirnos y proporcionar un modelo, un ejemplo práctico para llegar a la unidad. Esta es ahora nuestra obligación hacia la humanidad. Cuanto antes lo logremos, mejor será para nosotros. Y para el mundo entero.

 

¡Feliz año nuevo!

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