Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Teorías de conspiración, chips y otras ‘explicaciones’

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Situaciones inusuales producen explicaciones inusuales. Esto es muy cierto en la crisis de COVID-19. Por eso, probablemente no ha habido una crisis en la memoria reciente, que haya originado más noticias falsas, teorías de conspiración y otros temores que nadie sabe quién los difundió ni si son verdaderos o falsos.

Ya sea que el coronavirus se haya fabricado o no, en un laboratorio en Wuhan, China, que está destinado a asustarnos o no, para que aceptemos que nos implanten un chip que controle cada uno de nuestros movimientos, todas esas teorías tienen un defecto importante: ignoran la causa raíz del virus. Finalmente, no importa quién creó el virus ni con qué propósito. Lo que importa es que está aquí y está cambiando la estructura misma de la sociedad humana. Eso es algo que ningún humano pretende lograr y ningún humano puede controlar.

El coronavirus, de hecho, expone algo, algo que mis maestros llaman «reconocimiento del mal», el mal en la naturaleza humana. El virus apagó todos nuestros sistemas y nos puso a pensar un poco. Durante el confinamiento, la naturaleza prosperó y los animales comenzaron a deambular libremente donde no habían vagado por décadas, eso demuestra lo perjudiciales que hemos sido para la naturaleza.

Durante el tiempo que estábamos en casa confinados por temor a contraer el virus o a infectar a nuestros seres queridos más vulnerables, jóvenes temerarios se manifestaron para protestar por el encierro, se reunieron y llevaron carteles que decían «Cuomo protege a los delincuentes» y «Cuomovirus la amenaza real en el estado de Nueva York».

Mientras la gente común pide ayudas federales para mantener a flote a sus familias y negocios, los magnates ganan cientos de miles de millones de dólares a expensas de los demás. Incluso los hospitales más ricos recibieron el doble de ayuda gubernamental que los hospitales más pobres ¿cómo se justifica esto? Si eso no es reconocimiento del mal, no sé qué es.

Hay una buena razón por la que señalo todos esos ejemplos de fealdad humana. El coronavirus no los creó; sólo coloca un espejo delante de nuestros ojos para que podamos ver quiénes somos, cómo nos tratamos y lo alienados que estamos. Y si así nos tratamos, no es de extrañar que también así tratamos a la naturaleza. ¿Es eso a lo que queremos volver? ¿es lo que queremos reabrir? Finalmente, esto fue lo que bloqueamos y cuando volvamos a abrirlo, eso es lo que resultará.

Necesitamos vivir, pero debemos hacerlo correctamente. Por «correctamente» quiero decir que necesitamos abrir sólo negocios que sean verdaderamente esenciales y no, como decía el cartel de un manifestante, «Todos los trabajos son esenciales». ¿Esenciales para quién? ¿para los que quieren manipularnos para que compremos lo que no necesitamos? No todas las empresas son esenciales y no todos los trabajos son esenciales.

Más bien, las personas son esenciales. Trabajadores y empresas que aportan valores reales a la sociedad, como alimento, ropa, atención médica, educación, construcción, etc., deben estar abiertas y permanecer activos. El resto deberíamos pasar a un campo completamente nuevo de experiencia: la educación humana.

Por educación humana, quiero decir, aprender a ser humano, es decir, humanitario con los demás. Deberíamos aprender que dependemos unos de otros, en este momento es claro que no nos damos cuenta. Debemos aprender que cuando promovemos valores como consideración, cuidado y preocupación mutuos y responsabilidad hacia nuestra comunidad y ciudad, seremos los primeros en recibir el beneficio. Si queremos tener buen futuro, debemos reconocer que la calidad de ese futuro depende de la calidad de la sociedad en la que vivimos. Si nosotros no construimos una sociedad buena y solidaria, ¿quién lo hará?

El activismo es excelente, siempre y cuando esté dirigido a unir a la sociedad para mejorar la vida de todos y no a promover los intereses de diversos grupos de presión. Para resolver los problemas de la sociedad, todas sus facciones y elementos deben participar en el proceso, comunicar sus necesidades y la sociedad (o a sus representantes) debe decidir unida, cuáles son las prioridades en la asignación de recursos y los esfuerzos para resolverlas.

En la sociedad interdependiente de hoy, si una facción no está satisfecha, inevitablemente derribará a toda la sociedad. Si no lo entendemos ahora, lo entenderemos después de la segunda o tercera ola de virus. Entonces, ¿por qué no hacerlo ahora, antes de tener un millón de víctimas?

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