Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Quién teme a un alto desempleo?

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Imagen de de James Yarema en Unsplash

No volveremos a los negocios como fueron. La contaminación del aire en China volvió, pues las fábricas, de nuevo, están funcionando a todo vapor, pero los compradores no volverán a los días anteriores a la COVID. La bancarrota y los impuestos más altos están a la espera en Estados Unidos, dice Larry Fink de BlackRock, administrador de activos más grande del mundo. Según Reuters, es probable que Europa aumente los impuestos para cubrir sus «subvenciones para la recuperación post-COVID» y el mercado mundial de lujo «va en caída del 18 por ciento», escribe el South China Morning Post.

Así que no volveremos a los negocios como antes. Pero no es sólo por los impuestos más altos ni el desempleo. Ya no vivimos del modo que en que vivíamos: entrando y saliendo de bloqueos, ansiosos por el futuro, inseguros del presente y generalmente perplejos. Muchos simplemente no quieren volver a su vida anterior; no fue tan genial.

El desempleo seguirá siendo alto, muchos estarán estresados por dinero, tampoco los empleos volverán muy rápido como en los días anteriores al virus, muchas empresas no sobrevivirán. Y si aún tenemos dinero extra, el aumento de impuestos y la bancarrota sofocaran el pequeño impulso que nos queda para salir o comprar.

Luz al final del túnel

A pesar de todo lo que acabo de escribir, estoy muy feliz por como estamos ahora, aunque desearía haber llegado aquí de manera más fácil. Sea como fuere, finalmente llegamos al inevitable estado en el que las autoridades deben abordar el problema.

Los beneficios de desempleo y los cupones de alimentos no resolverán nada. Decenas de millones de personas estarán permanentemente fuera del mercado laboral y la predicción es que los números crecerán.

Esto requiere una revisión, un replanteamiento total de la estructura de la sociedad. La única forma de evitar: colapso social, estallido de disturbios violentos, instalación de la ley marcial y quién sabe qué otras catástrofes, es hacer dos cosas simples:

1. Dar a cada persona con derecho a beneficios del gobierno, una ayuda que reemplace todos los demás beneficios. La ayuda deberá ser suficiente para permitir una vida respetable, pero no lujosa. Comida, ropa, vivienda, atención médica, educación y algunas actividades recreativas y vacacionales, deben ser un hecho para todos. Estas son necesidades humanas básicas, no lujos.

2. A cambio de recibir ayuda, todos asistirán a cursos que les den información del mundo en que vivimos, tanto en términos de gobierno, finanzas básicas y habilidades para la vida, como información más comprensiva sobre la situación del mundo de hoy después de la crisis del coronavirus.

El objetivo de los estudios no será sólo educar, aunque eso también es importante. El objetivo es ayudarle a conectarse social y emocionalmente entre ellos mismos, con su familia, su ciudad y su país. La gente que siente que está donde pertenece, no destruye su propia ciudad o país, especialmente si las finanzas personales están aseguradas.

Con el tiempo, los graduados del programa se convertirán en maestros a medida que más y más personas pierdan permanentemente su trabajo. Pero a diferencia de hoy, donde los desempleados a menudo se sienten degradados y pierden su autoestima, la contribución social al programa de estudios será tan importante que se incorporarán con gusto.

A medida que aprendan la importancia de la solidaridad, la responsabilidad mutua y otros activos sociales, su autoestima crecerá, serán miembros activos y pondrán en práctica estos valores. Así como hoy ofrecemos servicios sociales y lo consideramos importante, todos los involucrados en estos estudios estarán muy conectados, serán tan considerados, que cambiarán la atmósfera en su vecindario y comunidad. Su inmensa contribución a la cohesión de la sociedad será tan valiosa que se convertirán en pilares de la sociedad, serán base para construir comunidades sustentables y felices.

Si este futuro brillante nos parece oscuro, es porque no comprendemos completamente la profundidad de la transformación que la COVID-19 nos hizo a todos. Nos cambió para siempre. Cuando salgamos de la pandemia, estaremos agradecidos y tal vez, lo único que lamentaremos, será que hubiésemos necesitado una pandemia para que nos mostrará lo obvio.


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