Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Qué tan equivocados estamos al pensar que Dios es como nosotros

Desde que era niño, mucho antes de conocer la sabiduría de la Cabalá, nunca pensé que la fuerza superior fuera similar a un ser humano de carne y hueso que consume comida y secreta desechos, suda, se enferma de vez en cuando y no siempre “estéticamente agradable”, por decir lo menos. No tenía sentido para mí que este cuerpo limitado y transitorio reflejara de alguna forma una fuerza supuestamente universal, eterna y elevada.

Así que me sorprendió escuchar que una nueva investigación pedía a los participantes que describieran cómo pensaban que era el rostro de Dios. Fusionando los resultados de cientos de creyentes estadounidenses, los investigadores reunieron la “cara de Dios”. Ahora, si la imagen del Creador es realmente como la del ser humano, entonces, algo está mal con ese Creador.

Según la sabiduría de la Cabalá, “Dios” o “Creador” es la cualidad de amor y otorgamiento completo e incondicional. Es una fuerza espiritual sin ninguna representación corpórea, una fuerza que guía y sostiene toda la realidad y su propósito es hacer el bien. Con ese fin, el Creador creó una criatura destinada a alcanzar la bondad suprema y a adquirir las cualidades divinas y eternas de amor y otorgamiento absolutos.

Sin embargo, el camino a la perfección inicia con la imperfección. El Creador “destrozó” al ser creado, eso lo puso justo en el estado opuesto: en la cualidad de auto-recepción. Como resultado, todos somos piezas rotas del ser creado y la realidad corpórea con la que estamos familiarizados, es el estado más lejano al Creador. De hecho, no tenemos conexión con las cualidades de amor y otorgamiento absolutos. Y aun cuando pensamos que le estamos otorgando a otros, es una ilusión; nuestro acto de dar se mezcla con el interés propio.

Por lo tanto, no es sorprendente que los participantes en el estudio eligieran la imagen más hermosa y elevada que se les pudo ocurrir. Es lo máximo que la imaginación humana puede conjurar. También explica por qué algunos participantes eligen imágenes que reflejan su posición en el espectro político. Perdón por matar el romance, pero cualquier imagen humana que se nos ocurra, por hermosa que sea, nunca tendrá ninguna conexión con la verdadera imagen del Creador. Es decir, con las cualidades de amor y otorgamiento incondicionales.

Entonces, ¿cómo “delineamos” la imagen correcta del Creador? Primero, borrando cualquier representación corpórea. Segundo, internalizando que el Creador no puede ser percibido con nuestros cinco sentidos. Y tercero, aprendiendo a desarrollar cualidades internas que sean similares a los atributos del Creador. La persona que aprende a desarrollar una actitud universal de amor y otorgamiento a todos los seres creados y a la realidad como un todo, se vuelve internamente similar al Creador. Por lo tanto, con sus nuevos pensamientos y deseos, construye la imagen del Creador dentro de sí misma.

La auténtica sabiduría de la Cabalá es un método que se logró a través de generaciones, con base en la experiencia práctica de miles de personas que se distanciaron de la representación corpórea y adquirieron las cualidades internas del Creador. Algunas registraron sus hallazgos por escrito y los transmitieron a las siguientes generaciones. Hoy, cualquier persona puede usar su método para desarrollar un nuevo conjunto interno de “pinceles y paletas de colores” con el que se pueda dibujar la imagen del Creador.

 

(Fotografía: Reuters)

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