Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Que no haya pánico, hay dinero detrás

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Un trabajador junto a un sismógrafo anticuado, durante una demostración de un nuevo sistema de alerta temprana de terremotos, que activa sirenas, si la red nacional de 120 estaciones de monitoreo sísmico detecta un terremoto. Servicio Geológico de Israel en Jerusalén, 7/feb/22. REUTERS/Amir Cohen

En Israel hay una nueva serie de televisión titulada, 𝐷𝑜𝑛𝑡 𝑃𝑎𝑛𝑖𝑐 (Que no haya pánico), examina si Israel está preparado para eventos de destrucción masiva, como terremotos, tsunamis o una fuga de gas venenoso. No es sorprendente que la serie concluya que Israel no está preparado para esos eventos: no hay suficiente personal de rescate, los residentes no saben qué hacer y la infraestructura es inadecuada en muchos lugares. La respuesta de la gente a estas conclusiones suele ser la indiferencia. No soy experto, pero tiendo a estar de acuerdo con el sentimiento del público, porque no creo que el peligro sea tan grave como lo retrata la serie. Creo que detrás de esta serie y de otros agoreros, está la pregunta «¿A quién sirven?»

Creo que el interés detrás de estos espectáculos es intimidar a la gente e intimidar al país. Es cierto que Israel está en una zona propensa a los terremotos, pero la forma en la que se presenta y maneja este tema, depende de los intereses de políticos y científicos. Algunos quieren usar la información para ganar más poder y otros para obtener fondos para sus estudios y los hallazgos se presentan de manera que sirva a las partes interesadas.

Una vez más, vemos que el problema no es el peligro que plantea la naturaleza, sino el peligro que plantea el ego. Tuerce todo a su favor y tuerce la verdad para que se sirva. La gente lo siente y duda de la credibilidad de la información.

Si queremos evitar eventos de destrucción masiva, debemos enfrentar la raíz del problema, es decir, nuestro ego y el hecho de que no tenemos en mente el bien común, sino sólo el nuestro. No sólo los políticos y líderes actúan así; somos todos. El ego de los políticos, sin duda, es el más conspicuo. Pero, no es exclusivo, es reflejo de toda nuestra sociedad.

En consecuencia, si queremos información imparcial, debemos cambiar nuestra actitud hacia la sociedad. Sin un proceso educativo que eleve el valor de preocuparnos por los demás, por encima de la preocupación por nosotros mismos, nada cambiará.

No debemos decir que es imposible porque hasta hoy, realmente no lo hemos intentado. Además, la idea de que es imposible es con lo que se protege el ego, contra nuestros esfuerzos por destronarlo de su gobierno sobre nuestra sociedad y nuestras relaciones.

Este esfuerzo no puede limitarse en su alcance. Tiene que ser un proceso educativo que abarque a toda la sociedad, en todas partes. El ímpetu para una hazaña tan ambiciosa debería surgir de que no vemos futuro, de comprender que nuestra falta de consideración mutua nos destruirá, a menos que decidamos ser considerados. Si hay una verdad que no debemos temer exponer, es que nada es verdad porque el ego distorsiona nuestra percepción para favorecernos a nosotros mismos. Si no cambiamos, el ego nos traerá destrucción masiva.

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