Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Qué le ocurre a la conciencia humana después de la muerte?

muerte consciencia
Imagen de jplenio en Pixabay

El nacimiento se percibe como renovación, es alegre, mientras que la muerte se percibe como triste, incluso aterradora. ¿Hay alguna forma de vencer a la muerte, de seguir viviendo? No, en el cuerpo físico no, porque en algún momento se debe descomponer en la tierra, pero ¿quizá en el plano del espíritu, en el plano de la consciencia?

En primer lugar, la muerte asusta porque se desconoce lo que sucede. Quienes seguimos en este mundo tras un fallecimiento, nos separamos de esa persona y no sabemos qué le ocurre, lo único que sabemos es que su cuerpo se descompone gradualmente.

En general, nos parece que la muerte es perder nuestra esencia, nuestra independencia, todo lo que hicimos en vida. Por eso, hay algo en nuestro interior que se resiste, una especie de fuerza interna que anhela vivir. Desde temprana edad, entendemos que esta vida tiene un final y es un misterio: ¿Por qué vivimos? ¿Por qué morimos? ¿Cuál es el sentido de lo que hacemos y del sufrimiento?

A lo largo de las generaciones, ha habido personas a quienes estas preguntas no les han dejado en paz y las han investigado profundamente. Algunas lograron descifrar el secreto de la vida y descubrieron un método especial de desarrollo interior, un método que nos eleva a un nivel por encima de la vida física y de la muerte. Este método se transmitió de generación en generación y hoy está al alcance de todos.

El método nos enseña a conectarnos con los demás y con la sociedad de manera especial, a construir una conexión integral con el entorno. Nos eleva de la percepción natural —egoísta y limitada por definición— a una percepción que trasciende los límites de tiempo, espacio y movimiento. Se pasa de percibir la realidad en el yo individual, a percibirla en lo colectivo. Se descubre y se comienza a vivir dentro de una red de conexiones, una red que vincula todos los detalles de la realidad en un sistema único. Incluso cuando el cuerpo físico deja de existir, se sigue sintiendo la existencia dentro de esta red eterna. El espíritu y la conciencia existen ahí y el evento de la muerte no le afecta.

Ese es el panorama general y ahora podemos profundizar un poco en el proceso de desarrollo que se define como espiritual. El proceso inicia con el despertar del deseo de alcanzar la esencia de la vida, de trascender metas como riqueza, control, honor, conocimiento y educación. Dentro de un grupo pequeño que funciona como especie de laboratorio, aprendemos a conectarnos con los demás con responsabilidad mutua, participación y generosidad, hasta llegar al nivel del amor.

Como resultado, comenzamos a sentir lo que existe entre la gente. Se obtiene un corazón y una mente nuevos y colectivos, una conciencia externa, una vida más allá del cuerpo. Se forman nuevos sentidos internos, junto con un nuevo cuerpo espiritual compuesto por sentimientos y pensamientos compartidos. A medida que se desarrolla, ya no nos sentimos dentro de nuestro cuerpo, sino extendidos entre los demás. Gradualmente, descubrimos que gracias a esta conexión, nos asemejamos a la fuerza general presente en la naturaleza, una fuerza cuya cualidad es otorgamiento, amor y entrega pura. Cada vez más nos integramos en esa fuerza y descubrimos que al hacerlo, logramos la forma más elevada de autorrealización. Ya no tememos a la muerte, tememos la posibilidad de no aprovechar la oportunidad que se nos dio, para ayudar a los demás a tener el mismo desarrollo.

Hoy llegamos a una etapa especial en la que surge la necesidad general de avanzar hacia un nivel de existencia más integral. Nuestro mundo está cada vez más interconectado, al mismo tiempo, el ego humano alcanza extremos que nos impiden considerar a los demás. De aquí se derivan las dificultades en las relaciones, las crisis y guerras, las presiones y enfermedades, la desesperación y la depresión. Dado que la dirección del desarrollo del mundo y del ser humano es opuesta —conectividad frente a egoísmo—, nos enfrentamos a choques extremadamente peligrosos, sin precedentes.

Desde la perspectiva evolutiva, lo que percibimos hoy, puede entenderse como dolores de parto de un ser humano y de una humanidad nuevos. Con embates globales, la naturaleza impulsa a la especie humana a evolucionar, a transitar de la percepción egoísta de la realidad, donde cada uno vive aislado, a una percepción integral, común e interconectada, donde todos existimos como uno solo, dentro del colectivo. Así como la naturaleza en su totalidad está interconectada con sus partes y forman un mecanismo integral único, así debemos aprender a funcionar. Si lo hacemos con consciencia y comprensión, no sólo sobreviviremos en el planeta Tierra, también alcanzaremos un nivel de existencia más allá de la vida y la muerte, nos integraremos a la fuerza total y eterna de la creación.

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