
Desde la infancia, estamos atados a este mundo por un hilo muy fino, de hecho, el mundo nos oprime desde el principio. Crecemos ajustándonos sus hábitos, valores y miedos, ni siquiera pensamos en escapar. En nuestro interior, sentimos que hay libertad, que existe algo más allá de este marco familiar, pero tenemos miedo de dar el paso.
¿Por qué tenemos miedo? Porque liberarnos es superarnos a nosotros mismos, nuestros hábitos, nuestra actitud hacia el mundo y nuestras relaciones con los demás; es decir, todo lo que nos ha moldeado. Tendríamos que renunciar a todo y trascenderlo. Eso es lo que nos asusta. Aquí tenemos un hogar, comida, una vida definida. Allá afuera está lo desconocido. Eso nos aterra.
No soy yo quien insta a la gente a liberarse. Los grandes sabios de Cábala hablan de eso. Ellos mismos dieron ese paso. Dicen que debemos elevarnos por encima de esta atracción hacia lo terrenal, por encima de la gravedad egoísta y así, veremos otro mundo. Nos veremos a nosotros, a la vida y al universo de forma completamente nueva.
¿Los cabalistas tenían un valor especial? No. Les fue dado por la naturaleza. No fue heroísmo personal. Fue un despertar desde lo alto, desde su esencia interior. Y otros pueden seguir su consejo, acumular en su interior una reserva de energía y esfuerzo que algún día les permitirá liberarse de esta atracción.
Si parece que lo has intentado por años y nada funciona, eso también forma parte del proceso. Es acumulación. Así como un cohete acumula combustible antes de escapar de la gravedad terrestre, el individuo acumula fuerza interior hasta el momento decisivo.
¿Cómo no desesperarse cuando pasa tanto tiempo? Debemos entender que no hay otra salida. Si te sientes atado a este «poste» por una «cuerda» y deseas liberarte, debes seguir. No hay alternativa. Eventualmente, si tienes «suerte» —lo decimos porque desconocemos las leyes que rigen la realidad— reunirás fuerza suficiente para romper la cuerda y correr libre, como un elefante pequeño en el campo abierto. De lo contrario, seguirás atado hasta que surja otra oportunidad.
¿Qué aumenta esta fuerza? La unidad con los demás y el estudio de las leyes del mundo superior. Solos es mucho más difícil; juntos es mucho más probable. Vemos en los antiguos cabalistas e incluso en aquellos más cercanos a nosotros en el tiempo, que esa liberación es posible. De lo contrario, la vida terrenal carecería de fundamento.
La vida terrenal sólo tiene sentido si la usamos para dar este paso, para liberarnos de la gravedad del ego. Ese es su propósito. Al liberarnos, entramos en un espacio regido por leyes diferentes, por las leyes de generosidad. Liberarnos del ego, es decir, del deseo de disfrutar sólo en beneficio propio, es la verdadera libertad.
En este mundo, nuestras acciones son egoístas. Nos dejamos guiar por nuestra naturaleza. En el mundo superior, actuamos libremente, por encima del ego. Aunque, en el fondo, no creo que realmente deseemos esta libertad con tanta intensidad. Hablamos de libertad, pero la imaginamos de forma infantil: simplemente huyendo de la cuerda. Todavía no comprendemos cuál es la verdadera libertad.
La verdadera libertad es liberarnos del egoísmo y esa es la libertad espiritual.



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