Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

No hay a dónde ir

no hay a dónde ir antisemitismo judíos PoloniaEn 1938, después de que, en Polonia, ciudadanos polacos perpetraran pogromos contra judíos, Mordejai Gebirtig, influyente poeta y compositor judío escribió una canción advirtiendo a los judíos polacos del peligro inminente. Escribió: «¡Fuego, hermanos, fuego! ¡Nuestra ciudad está en llamas!». Aseguró que lloró como un bebé cuando escribió esas palabras. Aunque la canción se hizo popular y el estribillo decía «Pero te contienes y no echas una mano», no ayudó.

Como él, el cabalista Yehuda Ashlag, autor del comentario Sulam (escalera) a El Libro del Zóhar, previó la calamidad. Siendo residente de Varsovia, advirtió a los judíos y trató de hacer arreglos para que cientos de familias judías vinieran a Israel (entonces Palestina) y se salvaran. Lamentablemente para los judíos, los líderes de la comunidad de Varsovia los disuadieron del plan prometiendo que no sufrirían ningún daño.

En vísperas del día de la Independencia de Polonia, cientos de manifestantes se reunieron en la ciudad polaca de Kalisz y prometieron perseguir a los enemigos de la patria hasta Israel, en referencia a los 3,500 judíos que viven hoy en Polonia. Quemaron libros, gritaron «¡Muerte a los judíos!» y nadie los detuvo.

Y no sólo está sucediendo en Polonia. Todos los días escuchamos de otra manifestación contra los judíos en algún lugar del mundo. Los judíos son escupidos en Nueva York, golpeados en Bélgica, sus tiendas están manchadas con grafitis neonazis en Alemania, son asesinados en Francia y, sinagogas y cementerios son profanados en todo el mundo.

A diferencia de los días del Tercer Reich, hoy, todos ven lo que sucede. En algunos casos, los ataques se transmiten en vivo por las redes sociales. Lo único que no ha cambiado es nuestra complacencia, nuestra ceguera a la verdad de que estamos en medio de una ola antisemita que crece como bola de nieve y que nadie puede ni quiere detener.

No debemos sucumbir a semejante torpeza. Debemos reconocer la (muy) inconveniente verdad: si los judíos, antes de la Segunda Guerra Mundial, tenían un lugar a donde ir, al menos hasta cierto punto, hoy no queda ningún lugar. No hay refugio seguro para los judíos.

El único refugio que nos queda son nuestros vínculos. Debemos forjar un vínculo tan fuerte que forme un escudo contra aquellos que quieren nuestro daño. Ahora es el momento de volver a nuestros valores fundamentales: «Ama a tu prójimo como a ti mismo» y ser «como un hombre con un corazón».

Hay poder espiritual en nuestro vínculo. Es el vínculo que nos unió en la antigüedad. Siempre ha sido nuestra protección; cuando lo cultivamos, derritió el odio de las naciones hacia nosotros.

No somos una nación aislada. Nuestros antepasados ​​vinieron de todo el Creciente Fértil y la gente que vivió allí, finalmente se extendió por el mundo. La nación judía tiene en su interior representantes de todas esas naciones y ese vínculo diminuto e indistinguible nos conecta con todas las naciones de la Tierra.

Por eso, cuando hay paz entre nosotros, las naciones del mundo nos respetan y hacen la paz. Pero, cuando estamos desunidos, la humanidad nos desprecia y nos culpa de las luchas que estallan en ella.

Para ayudarnos a nosotros mismos y ayudar al mundo, debemos dejar de huir y cuidarnos entre nosotros, los hermanos que se odian. Debemos superar la animosidad que sentimos, no porque queramos, sino porque es lo que el mundo necesita y es lo único que hará que deje de perseguir a los judíos.

Etiquetado con: ,
Publicado en: Antisemitismo, News
Un comentario sobre “No hay a dónde ir
  1. Rosa María Lomeli Delgado dice:

    Indiscutiblemente!!!! Tanto ustedes cómo nosotros los mexicanos da igual. Permanecemos cómo ya adaptados a lo que venga sin detenernos en seguir dañando nuestra tierra. Vivimos un consumismo sin medir consecuencias. 😔😔 Muchas gracias 🌹 Dios los bendiga grandemente 🙏🙏

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*