Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

La raíz espiritual y las ramas corporales de los judíos

La sabiduría de la Cabalá es el método fundado por Abraham hace unos 3,800 años, que guía el proceso de conexión positiva, para que alcance equivalencia con la fuerza superior de la naturaleza de amor y otorgamiento.

La Cabalá enseña que al tratar de parecernos a la fuerza de amor y otorgamiento, con nuestros esfuerzos por conectarnos, la atraemos a nuestra vida y nos corrige.

«Corrección», en la sabiduría de la Cabalá, es lograr percibir la singularidad de la fuerza de amor y otorgamiento y cuando alcanzamos esa percepción, vemos que es la única fuerza que opera en el mundo. 

Opuesta a la fuerza de amor y otorgamiento está la fuerza de recepción, la fuerza que actúa en los seres creados. 

La fuerza de recepción, que es la naturaleza de los seres creados, nos brinda la capacidad de distinguir entre recepción y su fuerza opuesta, amor y otorgamiento, ya que la existencia de cierto fenómeno se puede percibir, sólo a través del opuesto. 

Al existir en una naturaleza receptiva opuesta a la naturaleza otorgante, podemos conectarnos y despertar la fuerza de dar y amar, por encima de la fuerza de recepción y al hacerlo, logramos equilibrio con la naturaleza y la sensación de armonía, perfección y eternidad.

De acuerdo con las dos naturalezas opuestas; dar y recibir, la humanidad se divide en dos grupos generales: uno pequeño que se originó con los que estudiaron con Abraham, que querían conectarse y alcanzar la fuerza de amor y otorgamiento. El otro, mucho más grande, cree en innumerables formas, objetos e imágenes corporales.

El grupo de Abraham recibió el nombre, «Israel» (Yashar El, directo a Dios), porque se orientó a alcanzar la fuerza de amor y otorgamiento, en generaciones posteriores recibieron el nombre de «judíos», de palabra «unidos» (Yijudi). Quienes no tuvieron esa inclinación recibieron el nombre de «naciones del mundo».

De acuerdo al origen de la nación judía, la unión en la tendencia común hacia la fuerza de amor y otorgamiento, esa misma tendencia debería ser su compromiso principal. En otras palabras, la nación de Israel no tiene necesidad de realizar acciones físicas, sólo necesita enfocarse en conectarse «como un hombre con un corazón». En pocas palabras, ese es el método de Abraham.

Durante los años de exilio, la nación de Israel se mezcló con las naciones del mundo. Muchos descendientes del grupo de Abraham terminaron actuando sólo con la fuerza de recepción, separados de la fuerza de amor y otorgamiento. Y, algunas de las naciones del mundo fueron atraídas por la unidad y se unieron al grupo de Israel.

Aquellos de Israel que no pudieron unirse por encima del creciente deseo egoísta que actuaba en ellos, se convirtieron en idólatras, propagaron formas corporales, objetos y acciones y les dieron importancia espiritual.

Los dos grupos existen en cierta mezcla hasta hoy.

El cambio de ser una nación unida que percibe la fuerza superior, a desapegarse de la sensación de unidad y centrarse únicamente en recibir, sucedió principalmente durante la ruina del Primer y Segundo Templo y se intensificó en el exilio que siguió.

Mucha gente de la nación judía comenzó a ejecutar una serie de acciones que parecían signos de movimientos espirituales, que existen separados del cuerpo humano y del mundo material. Pensaron que así podrían protegerse de alguna manera en un marco común, para no dispersarse.

Mi maestro, Rabash, llamó a esas acciones «costumbres». Las costumbres seguirán hasta que estemos lo suficientemente preparados para comprender que es más importante el trabajo del corazón, es decir, el trabajo interno de unidad con los demás en una tendencia común hacia la fuerza de amor y otorgamiento.

Lo que hacemos con nuestras manos, piernas y boca, en última instancia, nos hace avanzar para realizar acciones internas es nuestra actitud hacia los demás: cambiar internamente, de estar preocupados sólo por nosotros mismos a estar preocupados por los demás, hasta lograr amarlos.

Hasta hoy, a la humanidad le resulta difícil absorber la idea de que el Creador es una fuerza. Es comprensible, pues nuestra percepción es sólo la de los sentidos corporales.

Sin embargo, según la sabiduría de la Cabalá, no hay nada sagrado en un árbol ni en una piedra ni en la sangre ni en la carne. La santidad sólo puede estar en nuestra conexión, diferente de y por encima de la fuerza egoísta que nos separa. La santidad existe en el equilibrio entre dos fuerzas fundamentales en la base de la naturaleza: recepción y otorgamiento, sin cancelar ni la cualidad ni la inclinación.

Por eso los principios de la sabiduría de la Cabalá suenan complicados y difíciles de absorber, a pesar de que el principio importante es fácil de entender: necesitamos alcanzar una conexión positiva, una conexión que incluya a todos y cada uno por igual. Además, en el corazón de nuestra conexión, el amor se revela y esa es la fuerza positiva que cubre división, odio y conflicto, al alcanzar ese estado, descubrimos nada menos que, perfección y eternidad.

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Publicado en: Judíos, News
2 comentarios sobre “La raíz espiritual y las ramas corporales de los judíos
  1. El metodo de conexión que habla la Cabala es diferente al cumplimiento de las Mitzvot?
    Para entender la Cabala, es necesario primero saber Torah?

  2. Ismael lugo dice:

    Hola deseo leer la Torá ,ustedes me la pueden enviar?? Gracias

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