Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

EUA y el interés mundial por calmar las aguas turbulentas de la guerra

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Foto: El presidente Joe Biden sale después de un breve comentario que da una actualización sobre Rusia y Ucrania, en el Salón Este de la Casa Blanca en Washington DC, 15/feb/22. (Foto de Oliver Contreras)

La guerra en Ucrania se desarrolla a millas de distancia, pero los estadounidenses la siguen muy de cerca. Preocupados por el aumento de los precios del gas, entre otras repercusiones de este conflicto. Según una encuesta reciente de YouGov/Yahoo News, el 86% de los adultos del país consideró muy o algo importante, la situación de Rusia y Ucrania.

La guerra, sobre el terreno, también se refleja como guerra de palabras. En un podcast del Comité Nacional Republicano, Donald Trump, expresidente de EUA, recientemente dijo que la guerra en Ucrania “nunca hubiera ocurrido” bajo su mandato.

Por otro lado, el presidente Joe Biden, insiste en que trató de evitar esa guerra de todas las formas posibles. La tendencia de los presidentes a volverse más populares en tiempos de guerra no se aplica ahora. Múltiples encuestas revelan que, en promedio, el 51.4% de los ciudadanos desaprueban la presidencia de Biden, es uno de los índices de aprobación más bajos desde que tomó el cargo.

¿Se podría haber evitado la guerra? Lo más probable es que no. Las fuerzas que operan en el mundo están cambiando muy rápido y el escenario global parece un mar tormentoso. Soplan fuertes vientos en todas direcciones, provocando enormes mareas de conflicto que inundan al mundo en varios niveles.

No quiero predecir de qué forma terminará la guerra actual, para rusos y ucranianos, pero no hay duda de que el mundo no estará mejor. Tanto EUA como Europa ven algún beneficio en el conflicto actual, pues cambia el equilibrio de fuerzas y fortalece su hegemonía.

De hecho, el estado actual, expone la verdadera causa fundamental de las guerras. Es la naturaleza humana, el deseo egoísta de beneficio a expensas de los demás, que ya es exagerado y aún crece constantemente. No podemos arreglar la guerra con los mismos poderes egoístas que incitaron la forma en donde un lado prevalece sobre el otro. En la aldea global en la que vivimos, nadie tendrá éxito como resultado de las guerras, todos perderán.

Cuando vemos la situación actual, la paz mundial parece un concepto utópico y descabellado, pero no tenemos más remedio que aspirar a ese ideal. Necesitamos esforzarnos al máximo para calmar las aguas turbulentas de la guerra, superar nuestra naturaleza divisiva, que abre brechas entre la gente y las naciones y, las separa. Nos acercaremos a la paz, hasta que reconozcamos que la naturaleza es un sistema interconectado e interdependiente y que los humanos somos los únicos que alteran su sensible equilibrio. Como consecuencia, nos hacemos daño a nosotros mismos y llegamos a este estado insostenible.

Aumentar la importancia de la solidaridad y la necesidad de unir, por encima del odio mutuo, los corazones de las naciones en conflicto, debe ser de interés general. Rav Yehuda Ashlag explicó este objetivo crítico como un medio para lograr la paz, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial escribió: “No te sorprenda si mezclo el bienestar de un colectivo en particular con el bienestar de todo el mundo, porque de hecho, hemos llegado ya a tal grado, que el mundo entero es considerado un colectivo y una sociedad”.

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