Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Entre el bien y el mal

el bien y el malDesde el nivel subatómico hasta las sociedades humanas más sofisticadas, todo está compuesto por dos elementos básicos, aunque opuestos. Definimos uno como positivo y el otro como negativo. Por ejemplo, definimos la carga eléctrica del protón como positiva y la del electrón como negativa. Definimos luz como positiva y oscuridad como negativa, crecimiento como positivo y deterioro como negativo, nacer como positivo y morir como negativo, amor como positivo y odio como negativo. También atribuimos valor a nuestras definiciones: consideramos lo positivo bueno y lo negativo malo.

Pero la vida no son estados estáticos, sino ciclos. Generación y degeneración están entrelazadas y no tendríamos una sin la otra. Por eso, no son buenas ni malas. No tendríamos amor si no hubiera odio, ¿Cuál es bueno y cuál es malo? En un ciclo, igual que en una rueda, todo pasa por todas las posiciones posibles; nada tiene valor absoluto e inmutable. Todo depende de su posición en el ciclo.

Ahora, imagina lo que sucedería si quitamos uno de los opuestos, ¿Qué pasaría con el día si no hubiera noche? ¿Qué pasaría con la vida si no hubiera muerte? Sólo si están ambos tenemos un sistema completo y en funcionamiento. Si tenemos un número equilibrado de protones y electrones, tenemos un átomo. Si tenemos equilibrio en los animales de un área, tenemos un ecosistema estable y saludable.

A medida que se evoluciona, todo se inclina y se balancea y cada vez, un aspecto diferente se hace cargo, hasta que cambia por el elemento opuesto. Cuando alcanzan un estado más o menos estable, es señal de que el sistema terminó su ciclo y un nuevo sistema comienza su evolución. Por eso la evolución va de lo más sencillo a lo más complejo y por eso la sociedad humana ha evolucionado, de sociedades pequeñas y más simples a más grandes y complejas.

El mismo patrón impregna a la creación; la inclinación de positiva a negativa es el motor de la realidad. Nunca se detiene; cuando logra estabilidad, genera un nuevo nivel en el que el proceso de inclinación vuelve a iniciar, hasta que, una vez más, el nuevo nivel logra armonía y estabilidad, pero sólo para desarrollar otro nivel, aún mayor.

Las sociedades humanas pasan por el mismo proceso que el resto de la realidad. El siglo anterior demostró los extremos que la humanidad puede alcanzar. Baal HaSulam, padre de mi maestro, escribió sobre esto desde la década de 1950, señaló: «La humanidad se dividió en extrema derecha, Alemania y extrema izquierda, Rusia, pero no aliviaron la situación en sí, empeoraron la enfermedad y la agonía». Como toda la realidad, la sociedad humana tenía que pasar por los extremos, pero también tiene que encontrar equilibrio, donde los extremos se apoyan, para pasar al siguiente nivel de desarrollo.

Este es nuestro estado actual. Intentamos todo lo posible para ordenar los extremos más fanáticos, pero todos dieron paso (como debe ser) a su opuesto que a su vez, se derrumbó. Ahora tenemos todos los extremos simultáneamente y es hora de que se complementen como los átomos, las estaciones y los animales.

Sin embargo, aquí es donde entra en juego la singularidad de la humanidad: en la naturaleza, la inclinación y armonía subsecuente ocurren por sí mismas, por las fuerzas inherentes a la naturaleza. La humanidad es diferente. Ya estamos unidos, pero nos resistimos a la idea y nos esforzamos por cancelar a los otros. Para crear un equilibrio saludable que pueda generar el siguiente nivel de desarrollo, debemos ser conscientes del proceso, aceptar convivir con nuestro opuesto, aceptar nuestra dependencia mutua y aceptar que sin el otro lado, no nos desarrollamos.

Además, tenemos que aceptarlo en todos los niveles. Debemos pasar por ese proceso de reconocimiento en asuntos de género, raza, cultura, opinión y todo lo que atañe a la existencia humana. Si, por ejemplo, no aceptamos que haya demócratas y republicanos en la sociedad, nunca creceremos por encima de la ruptura política. En lugar de generar una realidad más alta y más avanzada que incluya ambos puntos, nos hundiremos en la ruptura hasta que estalle y se derrame sangre.

Peor aún, no importa cuánta sangre se derrame, aún así, no podremos eliminar al otro lado, pues la naturaleza lo creó, así como nos creó a nosotros. Si, por casualidad, un lado destruye al otro, el lado «triunfante» también desaparecerá, pues no tendrá su opuesto. Dejaremos de avanzar y la naturaleza recreará esa situación de nuevo y en última instancia, tendremos que aceptar que ambas partes deben existir y complementarse.

Sólo así surgirá el nivel superior. Cuando aceptamos que los opuestos son necesarios, nos elevaremos al siguiente nivel de desarrollo. Este es el secreto de la evolución.

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Un comentario sobre “Entre el bien y el mal
  1. Rosa Maria Lomeli Delgado dice:

    Buen día, tengo años sabiendo esto sin practicarlo x eso me he dado d trancado hasta tener un accidente que me dejó discapacidad pero me gracias a Dios me conectó el cerebro. Muchas gracias, en eso estoy trabajando aceptando que lo que veo en los demás bien o mal está en mi. Dios los bendiga grandemente 🙏

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