Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

El único destructor en el mundo

destructor ego paz guerraHa pasado más de un mes desde que comenzó la guerra en Ucrania y todavía no se vislumbra una tregua. Reuters estima que más de 15,000 personas han muerto y más de tres millones han sido desplazadas. Aún así, no hay final a la vista. Cada día es más claro que sólo hay una razón para la guerra y un objetivo que el asesinato y la destrucción pretenden lograr: el dominio del ego.

En su ensayo clásico de principios de la década de 1930, Paz en el mundo, el gran pensador y cabalista Baal HaSulam escribió que el hombre se rige por el sentido de singularidad, el sentimiento de que sólo yo existo en el mundo. Unos años después de que escribiera el artículo, el mundo entero percibió los efectos devastadores de esta percepción.

Desde entonces, la gente no es menos egoísta, en realidad es mucho más. En 2009, los psicólogos Jean M. Twenge y Keith Campbell ganaron renombre por su perspicaz libro La epidemia del narcisismo. En él, no sólo lamentan “el aumento implacable del narcisismo en nuestra cultura”, también destacan que “el aumento del narcisismo se está acelerando”.

El conflicto actual en Ucrania demuestra que el ego humano ha llegado a un nivel en el que los horrores de la Segunda Guerra Mundial, ya no son impedimento. Una vez más, el ego no se detendrá ante nada para ganar poder y control. El ego, como lo describe Baal HaSulam, “siente que todos en el mundo deben estar bajo su propio gobierno y en su propio beneficio”.

No podemos desarraigar el ego; es nuestro carácter. Pero, no es necesario que lo hagamos. Sólo necesitamos redirigirlo hacia objetivos constructivos, en lugar de destructivos. Dado que poseemos un sentido inherente de singularidad, debemos hacer que los demás se sientan únicos por su contribución a la sociedad y no por su poder y control.

Usando la opinión pública, podemos “manipularnos” a nosotros mismos para actuar a favor de la sociedad y no en su contra. Así, crearemos comunidades donde todos se sientan inspirados, seguros y amados, precisamente porque aportan sus habilidades y esfuerzos al bien común.

La destrucción sin sentido que estamos viendo hoy, es producto de nuestra naturaleza. Podríamos evitarlo si la reconociéramos y la tratásemos adecuadamente. Porque no estamos tomando el control de nuestro ego, el ego nos está controlando a nosotros. No puede haber compromiso: O nosotros, como sociedad, gobernamos y dirigimos el sentido de singularidad de cada uno hacia objetivos constructivos o nuestro sentido de singularidad, también conocido como narcisismo, nos llevará a donde quiera. Si optamos por la inacción, sucederá esto último y nos destruiremos a nosotros mismos y al mundo en el que vivimos. Esto es una certeza.

“Los ojos del sabio están en su cabeza”, escribió el rey Salomón (Eclesiastés 2:14); ve el futuro. Si somos sabios, trabajaremos para construir un buen futuro para nosotros y para nuestros hijos. Si no lo somos, destruiremos nuestro futuro con nuestras propias acciones.

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