Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

El COVID-19 nos envió a casa y limpió el desastre

Si fueras padre con hijos adolescentes y tuvieras que salir de casa durante el fin de semana, ¿qué tan aterrorizado estarías cuando regresaras a casa y estuviera hecha un desastre? ¿qué harías si volvieras y descubrieras que tu pesadilla se hizo realidad? Esto es exactamente lo que los humanos hicimos a nuestro hogar, el planeta Tierra: lo estropeamos y lo pusimos patas arriba. En comparación con el daño que hicimos, se podría decir que el “castigo” de la Madre Naturaleza, que es, ante todo una orden: “Ve a tu habitación separada”, es más que leve… ¡es compasivo!

La madre naturaleza calla; habla con acciones, no con palabras, pero es una maestra dedicada. Si estamos atentos, nos llevará a un nuevo mundo de felicidad y prosperidad. Si somos obstinados, su castigo será cada vez más duro.

La primera lección que nos dio, fue quedarnos en casa. Al hacerlo, nos dijo que somos desagradables entre nosotros y desagradables con nuestra casa. Milagrosamente, en pocas semanas, limpió la mayor parte del desorden, el agua y el aire se volvieron claros y limpios.

Pero estar encerrados en nuestra casa por algunas semanas, aún no nos demuestra qué tenemos que cambiar. Sólo detuvo la destrucción del planeta y firmemente nos indica que hicimos mal a la Naturaleza. Pero, no expresó lo que tenemos que hacer para dejar de ser tan malvados.

Esta será nuestra siguiente lección, la percibiremos en las próximas semanas y meses. A medida que se reabra la economía del mundo, descubriremos que muchas de las empresas que fueron la columna vertebral de nuestra sociedad y que alimentaron nuestra mentalidad de extrema búsqueda de placer y narcisismo, perdieron su encanto. Se declararán en bancarrota, no porque el gobierno no las apoye, sino porque el público perdió interés en esos dispositivos y accesorios.

Como resultado del cambio en la mentalidad de la gente, después del bloqueo prolongado y de su impacto en las empresas, las tasas de desempleo seguirán siendo peligrosamente altas y sin signos de alivio. Al mismo tiempo, a medida que se automaticen más y más trabajos, el desempleo aumentará, eso representa una amenaza palpable de disturbios sociales violentos, disturbios provocados por hambre, falta de vivienda desenfrenada, caída en la retención escolar y otros problemas que socavarán la estabilidad de la sociedad.

Estas réplicas del COVID-19, obligarán a los gobiernos a adoptar políticas impulsadas por la sociedad. Los encargados de formular políticas deberán tener en cuenta las necesidades de los más desafortunados; tendrán que darles ingresos decentes durante el tiempo en que no puedan mantenerse y tendrán también que ayudarles a tener mejor educación para que puedan integrarse en el nuevo mundo. Así, el virus enseñará a las autoridades a pensar más socialmente y a establecer un sistema económico más considerado.

Aquí también, como en la lección de encierro, mientras más rápido aprendamos, menos dolorosa y con más éxito será la lección.

En el nuevo mundo, la carrera más requerida será la enseñanza. Se necesitarán maestros en las profesiones requeridas en la era automatizada, pero la materia de enseñanza más preciada será la habilidad social: personas que nos ayuden a aprender a comunicarnos en una sociedad cuyos valores son radicalmente diferentes del entorno hostil que, espero, hayamos dejado atrás.

El virus nos hizo iguales: desde jefes de estado hasta conserjes, desde magnates hasta barrenderos, todos somos vulnerables. Esta es una experiencia de humildad saludable para la sociedad. Nos permite ponernos verdaderamente en los zapatos de los demás. No hubiéramos llegado aquí, si no fuera por el virus, pero ahora que lo hicimos, nunca querremos volver. Por eso necesitaremos maestros para mejorar y desarrollar nuestras habilidades sociales de empatía, solidaridad y responsabilidad mutua.

La amenaza del virus no se disolverá tan rápido. La necesitaremos por un tiempo más, aunque sólo sea para recordarnos el dolor causado por desobedecer sus lecciones. Pero mientras más crezcamos en el paradigma de dar, menos necesitaremos esta guardia intimidante a la salida del viejo mundo. Así, un día, en el futuro cercano, descubriremos que entramos en un nuevo mundo de esperanza, confianza y alegría.

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