Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

El caso de la envidia

envidiaLa envidia tiene una reputación terrible. Se le ha culpado de tantos crímenes y atrocidades que hemos aprendido a temerle. Cuando surge dentro de nosotros, es un sentimiento ardiente, difícil de controlar y difícil de contener. Además, nos hace desear cosas en las que, de otro modo, nunca pensaríamos y mucho menos desearíamos. Debido a estos malestares y precarias ambiciones que la envidia suscita en nosotros, la humanidad lleva muchos siglos buscando formas de superarla.

Sin embargo, no creo que debamos superarla ni suprimirla ni aniquilarla (suponiendo que pudiéramos) sería equivalente a decir que, en el mundo, hay cosas redundantes o inherente e incorregiblemente dañinas y que deberíamos deshacernos de ellas. Baal HaSulam, el padre de mi maestro y el más grande cabalista del siglo XX ridiculizó este enfoque; se refirió cínicamente a la gente que lo defiende, como “reformadores mundiales”.

En su ensayo Paz en el mundo, Baal HaSulam escribió que, si dejáramos que los reformadores del mundo se salieran con la suya, “seguramente ya habrían limpiado al hombre por completo, dejando en él, sólo lo bueno y útil”, a sus ojos. Una de las inmundicias que seguramente limpiarían sería la envidia y eso sería un error imperdonable.

Así como no dejamos de usar la electricidad, aunque nos pudiera matar, tampoco deberíamos reprimir la envidia. Así como hemos aprendido a utilizar la electricidad para nuestro beneficio, debemos aprender a usar la envidia para nuestro beneficio. 

En parte, ya lo hacemos. Las madres a menudo dirigen la atención de sus hijos hacia el éxito de otros niños, para empujarlos a esforzarse más. Al hacerlo, usan la envidia natural del niño. Cuando los niños ven que su madre aprecia a otro niño, hacen que los envidien y los impulsan a mejorar para también, ganar el aprecio de su madre.

La envidia no es un sentimiento agradable, pero los sentimientos agradables no nos hacen crecer. La necesidad tampoco es una sensación agradable, pero la necesidad es la madre de todos los inventos. Y aunque la envidia no es agradable, es motor de desarrollo y progreso. Para decirlo sin rodeos, si no fuese por la envidia, aún estaríamos en la edad de piedra.

Así como la electricidad, si la envidia se usa correctamente, nos edifica y no destruye a los demás. Cuando la usamos así, ver el éxito de otras personas nos hace sentir agradecidos, pues, gracias a su éxito nosotros también estamos mejorando.

Por lo tanto, debemos desarrollar un enfoque maduro ante la envidia y agradecer a la gente cuyo éxito nos hace triunfar a nosotros también. Si lo logramos, encontraremos que después de un tiempo, aprenderemos a apreciar a otros, tanto, que comenzaremos a amarlos por el regalo que nos dan gracias a la envidia.

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Publicado en: News
2 comentarios sobre “El caso de la envidia
  1. Cecilia Guzman dice:

    !Qué maravilloso alcance, así como la electricidad también nos pudiera matar y nos hace tanto bien al saberla usar del mismo modo usemos bien la envidia para avanzar.

  2. Rosa María Lomeli Delgado dice:

    Extraordinario!!! Donde trabajaba se decía «si la envidia fuese tinta el mundo estaría teñido» siempre tuve envidia de las personas que lograban formación académica y ha sido una gran lucha quitar un bloqueo de «tú no tienes que estudiar». Pero lo estoy superando con la ayuda de Dios. Muchas gracias. DIOS los bendiga grandemente.

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