Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Desesperados por una economía de compartir

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A pesar de la insistencia por mantener la economía en funcionamiento, cada día se detiene. “La economía de Estados Unidos se contrajo a una vertiginosa tasa anual del 33% en el trimestre de abril a junio, la peor caída trimestral de la historia”, escribió la revista Time.

En un futuro cercano, la gente será consciente de que sólo el bienestar de la sociedad garantiza el bienestar de cada individuo dentro de ella.

La desaceleración tiene consecuencias. Según Bloomberg, “un proyecto especial de la Oficina del Censo hizo un mapa para medir la ansiedad que Covid-19 trajo a su paso”. Los hallazgos son alarmantes: en algunos estados, casi un tercio de la gente tiene poca o ninguna confianza en poder pagar el alquiler o la hipoteca en agosto. Desde mediados de marzo, por la pandemia, casi 127 millones tuvieron pérdida en su ingreso, y millones se vieron obligados a dejar de trabajar. Peor aún, la salud se vio afectada negativamente por el virus, incluso los que no lo contrajeron. De hecho, además de los altos niveles de ansiedad y depresión que provocó el virus, entre mediados de junio y mediados de julio, 71 millones de adultos no recibieron la atención médica que necesitaban para afecciones no relacionadas con la Covid-19.

Es claro que estamos en una encrucijada. Eventualmente, el gobierno, cualquier gobierno que haya sido elegido, tendrá que hacer los cambios necesarios para asegurar el bienestar de la gente. De lo contrario, el caos que ya se está viendo en algunas ciudades, se extenderá por todo el país.

Aunque todas las pandemias son problemáticas, la Covid-19 es mucho más que eso. Las transformaciones que nos impone no son meras medidas para frenar su expansión; están revolucionando toda nuestra civilización.

Las pérdidas de empleo que hemos tenido hasta ahora, serán pequeñas en comparación con el mercado laboral que veremos en un futuro próximo. De hecho, vamos hacia una realidad en la que no trabajar será la norma y trabajar la excepción. En esas circunstancias, los paquetes de ayuda no servirán; necesitaremos un cambio profundo en nuestra percepción de los conceptos de trabajo y sociedad.

Sólo quedarán los trabajos esenciales. La producción de alimentos, ropa, vivienda, atención médica, educación y otros elementos básicos son necesarios. Pero incluso aquí, la automatización y la robótica reducirán el número de trabajadores. En tal estado, será imposible mantener el modelo existente de salarios para los que trabajan y unos meses de prestaciones para los desempleados. No se puede tener a la mayoría de la nación viviendo de cupones de alimentos y en viviendas asequibles o subsidiadas (de bajos ingresos).

Por eso, necesitamos establecer un programa de dos brazos en el que un brazo, adapte la economía a las circunstancias cambiantes y el otro, adapte la sociedad a esas mismas circunstancias cambiantes. El brazo económico remodelará la producción para que los monopolios no puedan explotar su poder y la gente pueda permitirse comprar todo lo que necesita para mantener un nivel de vida modesto pero razonable. Si el brazo de la sociedad funciona correctamente, no habrá necesidad de medidas de austeridad de ningún tipo, todos tendrán una vida digna y el presupuesto del país estará equilibrado.

El ingreso de la gente vendrá de los trabajos o del gobierno, federal o estatal, un poco como los empleados del sector público de hoy. Pero, no se trabajará en puestos de servicio público, sino en construir una sociedad totalmente nueva, pues la estructura actual de la sociedad es la causa de la crisis.

La economía es reflejo de la sociedad en la que vivimos.

La sociedad actual fomenta el consumo excesivo, la competencia desenfrenada, la crueldad y la apatía ante las dificultades de los demás. Estos, a su vez, crean depresión, violencia, abuso de drogas, suicidio, homicidio, intimidación, racismo, trastornos alimentarios, numerosos problemas de salud mental, abuso sexual, físico y emocional y cualquier forma de miseria concebible. La tarea del brazo social del programa será crear solidaridad, responsabilidad y cuidado mutuos. Como resultado, la economía se convertirá en una economía de compartir.

Para fomentar una sociedad así, todos deberán comprender el cambio que ocurre en el mundo y participar por su propia voluntad. Para facilitar este entendimiento, los gobiernos darán cursos obligatorios que mostrarán que nos estamos convirtiendo en una sociedad interdependiente donde nuestra vida depende de la vida de los demás, de manera similar a la forma en que debemos mantener el distanciamiento social para no contagiar a otras personas.

En una economía así, el papel de la producción no es llenar aún más las ya infladas cuentas bancarias de los accionistas de las empresas. La economía rediseñada producirá sólo lo que se necesita y con el objetivo adicional de acercar a la gente. Tanto si se trabaja en la industria manufacturera como si se prestan servicios, los salarios serán similares y el objetivo será el mismo: aumentar la cohesión social y la solidaridad.

Hasta hoy, la sociedad estuvo formada por individuos que intentaban explotar a otros en beneficio propio, sin ninguna responsabilidad. Pero, ese modelo falló, se agotó. En un futuro cercano, todos se darán cuenta de que sólo el bienestar de la sociedad garantiza el bienestar del individuo dentro de ella. Y, la gente aprenderá a cuidar a la sociedad para que ella la cuide. Cuanto antes nos demos cuenta de que hacia allá vamos, mejor y más fácil será para todos.

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