
Por un lado, vemos que el mundo se interconecta cada vez más y que la interdependencia crece. Por el otro, vemos que el ego, es decir, el deseo de disfrutar a costa de los demás, se dispara.
Parece que nosotros mismos debemos superar esta brecha creciente entre la interconexión del mundo y el ego humano. Si lo logramos, podremos comprender hacia dónde nos lleva este impulso interno. En otras palabras, ¿en qué forma debería evolucionar el deseo de disfrutar y en consecuencia, cómo podemos organizar las relaciones humanas en la sociedad?
Si no desarrollamos esta conciencia, es probable que suframos reveses que dejen claro que todos estamos en el mismo barco, habrá crisis económicas mundiales, guerras, disturbios, pandemias, desastres ecológicos y quién sabe qué más.
Una persona sabia prevé el futuro y sabe que vale la pena tomar medidas preventivas. Deberíamos empezar a estudiar la dirección general de la evolución y adaptarnos a ella. Esto implica desarrollar un enfoque integral hacia nosotros mismos, hacia los demás y hacia el medio ambiente. Verlo todo como partes diferentes de un mismo sistema que debe conectarse con reciprocidad y complementariedad.
Precisamente aquí reside nuestra disyuntiva: seguir comportándonos como hasta ahora, sin cambiar nada o buscar avanzar juntos hacia un futuro positivo.
La palabra clave es «juntos», porque el libre albedrío se expresará en la construcción de un nuevo entorno, una sociedad con nuevos valores integrales que correspondan al desarrollo requerido.
Nadie puede cambiar el deseo que le impulsa. Pero, si juntos decidimos trascender el estrecho y egoísta deseo de disfrutar y desarrollar un deseo de disfrutar integral, conectados en armonía, podremos descubrir las fuerza en las profundidades de la naturaleza. Fuerzas que nos ayudarán a construir una sociedad completamente nueva, con conexiones positivas de consideración, reciprocidad, calidez y apoyo mutuo.



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