
El trabajo espiritual de los seis días de la semana comienza con lo llamado “reconocimiento del mal”. Comprendemos que el propósito del desarrollo es estar totalmente conectados “como un hombre con un corazón”, pero reconocemos que nuestra naturaleza es el ego estrecho, la inclinación al mal, la resistencia interna a conectarnos con los demás.
Tras reconocer este mal, luchamos contra él para lograr amar al prójimo. Gracias al esfuerzo mutuo por superar el ego, atraemos la fuerza de conexión, también llamada “luz”, que corrige los lazos que nos unen.
Dentro de estas relaciones corregidas, se revela la fuerza superior, que es la fuerza universal de la naturaleza, también llamada “Dios”. Su cualidad es bondad, amor y otorgamiento, cualidades que buscamos adquirir.
En el pasado, la gente contaba los días de la semana como “primer día hacia Shabat”, “segundo día hacia Shabat” y así sucesivamente, porque cada día simboliza un acercamiento más profundo a la conexión. Cada día representa una corrección interna y mide qué tan dispuestos estamos a trascender nuestro ego para conectarnos con los demás.
El viernes es la culminación del esfuerzo interno de la semana. Cada día aporta un aspecto diferente de conexión y juntos, nos llevan a la víspera de Shabat.
En la semana, la gente se esfuerza por superar el ego destructivo y se reviste en una actitud amable y amorosa hacia los demás. Esta hermosa vestidura interior está simbolizada por la vestimenta de Shabat, preparada en honor a Shabat.
El viernes, habiendo culminado nuestros esfuerzos hacia la conexión, buscamos identificarnos con la fuerza de amor y otorgamiento que reside en nuestro estado conectado. Esto es llamado “santificación de Shabat”.



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