Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Combatir el creciente estrés por el cambio climático

cambio climático

Si logramos un acercamiento entre nosotros, conectándonos a través de la fuerza del pensamiento –con intenciones positivas de favorecernos mutuamente– podremos detener el calentamiento global y el deterioro del planeta.

El calentamiento global es un tema candente. Las olas de calor extremo, sin parangón en toda la historia de la civilización, se han convertido en una fuente de estrés creciente, un problema que ya no percibimos de lejos sino en nuestra propia piel. Según las Naciones Unidas, se estima que el estrés por calor supondrá para la economía mundial un desembolso de 2.4 mil millones de dólares anuales durante la próxima década. Ahora bien, el impacto en la salud mental no es menos preocupante. Los estadounidenses ya se encuentran entre la población más estresada del mundo, y el calentamiento global de hoy no está contribuyendo a aliviar la presión, especialmente entre la generación joven.

El calor extremo entraña riesgos para la salud que impedirán que las personas trabajen al aire libre, lo que provocará la destrucción de 80 millones de empleos en todo el mundo para el año 2030. Estas son las previsiones poco halagüeñas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y nos sirven a modo de advertencia: no hay tiempo que perder. Hacer frente a la situación actual requerirá de nuevos paradigmas –una forma de pensar completamente nueva– pues los anteriores nos han conducido a esta precaria realidad.

Estudios recientes muestran que las personas que más sienten el calor son las generaciones más jóvenes. Al mismo tiempo, son los agentes con una mayor obligación de cambiar este mundo en quiebra que han heredado de sus padres y abuelos. Pero hay un problema: un asombroso 90% de la Generación Z entre las edades de 15 y 21 años presentan un peor nivel de salud mental que cualquier otra generación en los Estados Unidos, el mayor nivel de estrés, según la Asociación Americana de Psicología. Según los informes, el estrés es debido a la violencia armada, la agitación política y los problemas personales. Es la población más vulnerable en lo referente a salud mental, y ahora se les plantea un nuevo desafío abrumador: cargar sobre sus hombros la responsabilidad del futuro.

Que la nueva generación consiga darle la vuelta a la situación dependerá de cómo empiecen a comportarse. La generación previa –con su búsqueda temeraria de nuevas industrias y desarrollo– está acabando con el planeta. Por eso, es preciso apoyar los esfuerzos de la nueva generación para detener esta tendencia irreflexiva e imprudente. Es preciso que entendamos que el mundo se ha vuelto integral, interdependiente y cada vez más interconectado. En consecuencia, cada acción tiene un impacto sobre el conjunto del sistema: en la Tierra, el cosmos y en nosotros mismos. Sin embargo, el mayor poder que tenemos, uno incluso mayor que el de las acciones, es el poder del pensamiento.

Si logramos un acercamiento entre nosotros, conectándonos a través de la fuerza del pensamiento –con intenciones positivas de favorecernos mutuamente– podremos detener el calentamiento global y el deterioro del planeta. Sin embargo, la preocupación y los pensamientos de individuos por separado no generarán resultados. La fuerza capaz de generar un cambio efectivo y verdadero solo puede activarse colectivamente.

¿Cómo pueden las relaciones entre nosotros ser una fuerza tan poderosa como para cambiar nuestro entorno? La razón es que precisamente el problema se encuentra en el nivel humano: el nivel más elevado y desarrollado de la naturaleza. Nuestra naturaleza egoísta —el beneficio personal a expensas de los demás— es la fuerza más dañina y destructiva de la naturaleza, e influye negativamente en el resto de niveles inferiores en la naturaleza: inerte, vegetal y animal. Por lo tanto, el modo de restablecer el equilibrio en la naturaleza es reparar la rotura en nuestra conexión como humanos, que es la causa fundamental del desequilibrio ecológico.

Está claro que en un mundo donde al menos una docena de países cuentan con armamento nuclear, no puede haber una solución egoísta a nivel físico. Somos nosotros mismos los que tenemos que cambiar, transformar nuestra actitud y comportamiento unos con otros, con el fin de recuperar la armonía de nuestro ecosistema.

Y el momento es ahora. Por lo tanto, alentemos y apoyemos a la generación joven para que pueda engrasar los engranajes de la recuperación, y llevar a la humanidad a un estado de serenidad y equilibrio en todos los niveles de la naturaleza.

Publicado en: News

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