Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Antisemitismo institucionalizado en la Universidad de Berkeley – Datos y detalles

La columna de días atrás, Nuevo curso en la Universidad de Berkeley: ¿Cómo deshacerse de Israel – Cancelado y restablecido, causó bastante revuelo. He recibido numerosos correos electrónicos a propósito de la columna, la mayoría apoyando las observaciones que formulé en la columna.

No obstante, concretamente uno de los correos llamó mi atención. El remitente era el Sr. Dan Mogulof, vicerrector adjunto de la Oficina de Comunicaciones y Asuntos Públicos de la Universidad de Berkeley. En el correo, el Sr. Mogulof se quejaba: el “artículo en el Jerusalem Post acerca del curso sobre ‘Palestina’ en Berkeley era obsoleto, incompleto e inexacto”, ya que el curso había sido cancelado dos días antes. Mogulof también expresó su deseo de que, en el futuro, mis colegas y yo “tengamos a bien confirmar hechos y detalles antes de su publicación”.

Me pareció que era un buen consejo y decidí explorar los datos  y los detalles relativos al antisemitismo en la Universidad de Berkeley para poder compartir mis averiguaciones con los lectores. Lo que descubrí no me sorprendió, pero ver toda esa apabullante evidencia supone un panorama preocupante.

Como comprobará el lector a continuación, hay una buena razón para inquietarse por el futuro de los judíos en los campus americanos.

 

Datos y detalles

En primer lugar, en relación al propio curso: Si, según el Sr. Mogulof, “el instructor del curso (…) no se ajustaba a las políticas y procedimientos que rigen la inspección académica y la homologación de cursos propuestos”, ¿por qué la universidad, tras su cancelación, lo restituye en menos de una semana?

El antisemitismo y el antisionismo en Berkeley no empezaron con esta farsa académica: apareció allá por la década de 1990, cuando “su población estudiantil y académica –predominantemente de izquierdas– adopta a Palestina como su nueva causa política”. Durante la segunda Intifada, esto se volvió mucho más explícito y agresivo, y comenzaron a aparecer en los medios testimonios de estudiantes acerca del antisemitismo en el campus de Berkeley. Poco a poco, la universidad se ganó la reputación de ser un semillero para el activismo antisemita y contra Israel.

A medida que la conducta de los estudiantes pro-palestinos se volvía más agresiva, incluyendo el incidente de una embestida a un estudiante judío con un carro para compras de supermercado mientras expresaba pacíficamente su apoyo a Israel, se abrió un procedimiento legal contra la institución. Aunque la universidad no ha negado los hechos, el procedimiento no dio lugar a ninguna resolución judicial, y la atmósfera antisemita y contra Israel se ha vuelto cada vez más palpable.

En 2014, Ami Horowitz, que tiene un canal de vídeo en YouTube, grabó un vídeo de dos partes en la Universidad de Berkeley. En la primera parte, Horowitz ondea una bandera de ISIS y grita consignas a favor de ISIS. En la segunda parte, ondea una bandera israelí y habla a favor del estado de Israel. Los resultados son condenatorios. El único comentario “negativo” que Horowitz recibe mientras agita la bandera de ISIS (mientras se fuma un cigarrillo) es: “No se puede fumar en el campus, que te van a amonestar”. Pero cuando el Sr. Horowitz agitaba la bandera israelí, le lanzaron todo tipo de blasfemias y alaridos.

 

Berkeley no está solo

Es cierto, los videos pueden ser editados para “sesgar” la verdad. Aun así, Las voces judías en el campus, una colección de testimonios en vídeo, y el documental, Sobrepasando la línea 2: la nueva faz del antisemitismo en el campus, certifican que el antisemitismo en los campus de Estados Unidos es un problema generalizado y profundamente arraigado. A pesar de que a menudo no resulta agradable ver los testimonios dada su innegable autenticidad, ambas películas no dejan ninguna sombra de duda: los campus de Estados Unidos están plagados de antisemitismo.

Ahora, gracias al curso reinstaurado de Berkeley, el cual promete “explorar las posibilidades de una Palestina descolonizada”, el antisemitismo se ha institucionalizado oficialmente en “la mejor universidad pública de los Estados Unidos y del mundo”.

 

¿Por qué está pasando esto?

A pesar de todos nuestros esfuerzos, las naciones nos siguen excluyendo. Cada vez que las cosas se tuercen, nos culpan por ello. Incluso después del 11 de septiembre, una gran inscripción en un muro de la Universidad de Berkeley (¿dónde si no?) decía: “¡Son los judíos, estúpido!”. Y si observamos nuestras raíces, uno puede descubrir cómo realmente somos diferentes.

Sin embargo, por extraño que parezca, la raíz del antisemitismo está dentro de los propios judíos, en el alejamiento entre unos y otros. Cuando el antisemitismo golpea, instintivamente nos unimos. Pero en cuanto todo vuelve a la calma, comenzamos a arremeter unos contra otros y abandonamos nuestro vínculo.

 

¿Por qué somos los parias?

Nosotros, los judíos, somos una nación que fue concebida para que llevara la conexión y la unidad al mundo. Cuando no conseguimos implementar nuestra misión, nos dicen nuestros ancestrales sabios, que las naciones sienten que no hay justificación alguna para nuestra presencia aquí en la Tierra. Y aunque no todos los no judíos creen esto, ese perpetuo odio hacia nosotros ya es significativo por sí solo. Siempre que algo va mal, las personas murmuran, “¡Son los judíos, estúpido!”. Cada vez que la gente no halla una razón a sus problemas, echan la culpa a los judíos.

Incluso El Libro del Zóhar recoge que cuando no llevamos a cabo nuestra misión: “¡Ay de ellos [judíos], ya que con estas acciones que provocan que haya pobreza, ruina y robos, saqueos, asesinatos y destrucciones en el mundo” (Tikuney Zóhar, 30).

En otras palabras, nuestra única culpa es que hemos dado de lado nuestra vocación: facilitar la unión y la conexión. A los pies del Monte Sinaí se nos dijo que si no nos uníamos “como un solo hombre con un solo corazón”, ese sería el lugar de nuestra sepultura. Y una vez que nos unimos, se nos encomendó el ser “una luz para las naciones”. Tenemos el encargo de compartir el singular vínculo que creamos cuando logramos esa unidad.

Hace aproximadamente dos milenios, rompimos nuestro vínculo y nos sumimos en el odio infundado. En ese momento quedamos incapacitados para transmitir nuestra extraordinaria unidad y, en consecuencia, desatamos lo que actualmente llamamos antisemitismo. El creciente egoísmo de las naciones por un lado, y nuestra incapacidad para ofrecerles la cura por otro, hacen que cada vez recelen más de nuestra existencia.

 

La curación es urgente

A medida que el egoísmo y el ensimismamiento se propagan por todo el mundo, las sociedades se desmoronan. La única solución a este problema es unirnos por encima de nuestro ego, y exclusivamente de los judíos se espera que muestren la forma de hacerlo. Mientras sigamos eludiendo la tarea, el mundo nos acusará de provocar guerras. De nada sirve que no estemos haciendo ese tipo de cosas. Lo relevante es que no estamos favoreciendo la unidad, y esa ausencia de unidad está causando guerras en todo el mundo.

La actual ola de odio irá en aumento, hasta que dejemos de odiarnos unos a otros. Esa es la solución al antisemitismo en los campus de Estados Unidos y en otras partes donde nos lo encontramos de lleno. Si nos unimos y envolvemos nuestra aversión recíproca con amistad, encenderemos de nuevo ese vínculo especial que una vez perdimos. Y con ello volveremos a ser “una luz para las naciones”.

El antisemitismo nos está obligando a unirnos. Sin embargo, si nos unimos por nuestra propia voluntad, no habrá necesidad de antisemitismo y desaparecerá.

En 2013, en una conversación televisada que mantuve con el difunto Prof. Robert S Wistrich –investigador de renombre internacional sobre el antisemitismo en la Universidad Hebrea de Jerusalén– afirmó que, tras haber investigado el odio a los judíos durante toda una vida, creía que el antisemitismo está relacionado con la ancestral misión de los judíos de ser una luz para las naciones, y explicó cómo esta misión tiene que ver con el completo mandamiento de “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

El mundo nos está indicando que es hora de volver a nuestras raíces. Es hora de volver a unirnos y reavivar nuestra solidaridad y amor mutuo. No tenemos que amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos porque queramos. Tenemos que hacerlo porque las naciones nos piden que mostremos el camino. Sin nuestro ejemplo, permanecerán en el odio mutuo destruyéndose unas a otras. Pero antes de eso, nos destruirán a nosotros. El mundo no nos va a legitimar hasta que le demos lo que necesita, y lo que necesita es nuestro ejemplo de unidad.

Estimado Sr. Mogulof, permítame concluir con una oferta: ¿Y si, sin cancelar ningún curso existente, la Universidad Berkeley ofreciera un curso para enseñar a las personas a conectar por encima de sus diferencias? Mis colegas y yo tenemos toda la experiencia y las credenciales académicas necesarias para hacer posible esta iniciativa. Si realmente deseamos que reine la paz, debemos comenzar por nuestros corazones, y después, de manera natural, llegarán las soluciones políticas.

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