Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Cómo podemos alcanzar el mundo superior?

Michael Laitman unidad exilio

En primer lugar, ¿qué es el mundo superior? El mundo superior no es un lugar lejano, más allá de las estrellas. Es un estado de percepción: el de una correcta evaluación de uno mismo. Se alcanza mediante un profundo examen interior, en el que evaluamos nuestros sentimientos, pensamientos, intenciones y acciones desde la perspectiva de la verdad, en lugar de hacerlo a través de las distorsiones del egoísmo personal, es decir, del deseo de disfrutar para beneficio propio a expensas de los demás.

Cuando las personas piensan en la espiritualidad, a menudo se preguntan si la vida continúa después de la muerte. Sin embargo, una pregunta aún más fundamental no es si el cuerpo muere o sobrevive, sino si somos capaces de separarnos de nuestro egoísmo.

Mientras percibamos la realidad a través de deseos egoístas, solo veremos una imagen limitada de la existencia. Todo se mide según el beneficio personal, la pérdida, el placer o el sufrimiento. Esta perspectiva limitada es lo que la Cabalá denomina «este mundo».

Sin embargo, cuando nos elevamos por encima del egoísmo, surge una percepción completamente nueva. Dejamos de percibir la realidad a través del filtro del interés personal. En su lugar, comenzamos a ver la existencia tal como realmente es. A esta percepción se la llama «el mundo superior» o «el mundo venidero».

Es importante comprender que este mundo superior no tiene nada que ver con un lugar al que vamos después de la muerte del cuerpo físico. Podemos alcanzar el mundo superior mientras seguimos viviendo en este mundo y habitando el mismo cuerpo físico. No existe ningún obstáculo que impida lograrlo.

El verdadero desafío no consiste en llegar al mundo superior, sino en prepararnos para él.

Percibir la realidad más allá del egoísmo requiere un estado interior especial. Necesitamos desarrollar una actitud correcta hacia nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras fuerzas internas. Sin esa preparación, la experiencia sería abrumadora. En lugar de utilizar correctamente la revelación, la traduciríamos inmediatamente en una ganancia egoísta y la convertiríamos en otra fuente de placer personal.

Por esa razón, el logro espiritual no se nos concede antes de que estemos preparados para recibirlo.

La sabiduría de la Cabalá explica que, antes de poder percibir el mundo superior, la realidad superior, debemos adquirir lo que se denomina una «pantalla» (Masaj): una fuerza interior que nos permite resistir la recepción egoísta. La pantalla nos ayuda a relacionarnos correctamente con la revelación espiritual, sin explotarla para obtener un beneficio personal. Solo cuando existe esta preparación interior podemos revelar con seguridad estados más profundos.

El proceso para alcanzar este estado se asemeja a la preparación de un recipiente antes de llenarlo. Cuanto mayor sea la luz que va a recibirse, mayor deberá ser la preparación.

Los estados espirituales que nos esperan son estados de inmensa plenitud, amor, comprensión y armonía, muy por encima de cualquier experiencia que podamos vivir normalmente en nuestra existencia corporal. Sin embargo, esos estados solo pueden apreciarse y mantenerse cuando desarrollamos las cualidades interiores correspondientes.

Por eso, el desarrollo espiritual no consiste en escapar de este mundo ni en esperar una existencia futura. Consiste en transformar nuestra percepción mientras vivimos aquí y ahora. El mundo superior se vuelve accesible cuando, poco a poco, nos liberamos de las limitaciones de la percepción egoísta y aprendemos a contemplar la realidad desde una perspectiva más amplia y verdadera.

Además, toda persona tiene el potencial de alcanzar este estado. La oportunidad está abierta para todos. El único requisito es el deseo de prepararse para ello. Si realmente deseamos elevarnos por encima del egoísmo y descubrir la realidad tal como es, el camino está disponible.

El mundo superior permanece oculto solo en la medida en que aún necesitamos adquirir una forma diferente de percibir. Cuando desarrollamos esa nueva percepción, descubrimos que la realidad superior siempre ha estado presente.

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