Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

Si las emociones fueran contagiosas como los virus, ¿qué tipo de sociedad tendríamos?

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Imagen de G.C en Pixabay

¿Por qué hay enfermedades contagiosas? ¿por qué las bacterias se vuelven resistentes a la medicina? ¿tendremos alguna vez una solución que cure todos estos problemas desde su raíz? El enfoque integral de la educación, que considera al ser humano, a la sociedad y a la naturaleza como un todo, ofrece respuestas únicas a estas preguntas.

En principio, no hay nada dañino ni malo en la naturaleza. Sus fuerzas están interconectadas, se complementan y apoyan el desarrollo de la vida. La vida se desarrolla en equilibrio entre los opuestos. Por eso, la enfermedad, es una expresión de desequilibrio.

Los niveles: inanimado, vegetal, animal y humano de la naturaleza conforman un sistema integral único. El equilibrio o desequilibrio en el sistema fluye entre estos niveles. El factor distintivo entre los humanos y los animales es que los humanos no son controlados instintivamente por la naturaleza, sino que poseen la capacidad de examinar y decidir de forma independiente. Esta libertad posibilita un gran progreso, pero también es la raíz de todos los problemas.

Mientras más nos desarrollamos, más debemos reconocer el código integral de la naturaleza y elegir conscientemente alinearnos con él. Es decir, desarrollar una actitud integral hacia lo que nos rodea, una actitud de consideración, mutualidad, complementariedad, apoyo y conexión armónica.

Mientras actuemos de forma no integral con los demás, irradiamos desequilibrio hacia los niveles inferiores de la naturaleza. La mayor perturbación del equilibrio se produce en el plano humano, por eso, las relaciones egoístas destruyen, no sólo a la sociedad, también el entorno ecológico y los sistemas del cuerpo humano. Las relaciones egoístas, donde cada uno busca beneficio propio a expensas de los demás y de la naturaleza, son el origen de todos los fenómenos negativos, incluyendo dolor y enfermedad.

Esto siempre ha sido cierto, pero hoy, cuando el mundo se ha vuelto tan interconectado, ha cobrado mucha más importancia. Cuando todos estamos en el mismo barco, pero el ego de cada uno crece hasta tal punto, que impide considerar nada ni a nadie, nos ahogamos mutuamente.

La naturaleza, como madre protectora, quiere guiarnos hacia un buen lugar, por eso, del sistema llegan fuerzas diversas que buscan restablecernos. Podemos comprender el funcionamiento del sistémico con el ejemplo de bacterias y virus.

Las bacterias y los virus no son simples partículas, son sistemas complejos. Son formas de vida que operan según su programación interna y tienen interconexiones especiales. La naturaleza está vinculada a ellos para influir en nuestras condiciones climáticas, estacionales y otras. Tras desarrollar antibióticos, medicamentos y vacunas contra ellos, surgen nuevas mutaciones contra las que no tenemos solución.

Una bacteria o un virus es un mecanismo inteligente y un sistema sofisticado para percibir el entorno. Constantemente analiza las condiciones y se mejora. Podría decirse que son más inteligentes que nosotros, porque obedecen las leyes de la naturaleza: nos crean problemas para que podamos elevarnos y desarrollar nuestra mente y corazón, nuestra comprensión y sensibilidad de lo que es el verdadero equilibrio entre nosotros y con el entorno.

Sin embargo, idealmente deberíamos involucrarnos en el desarrollo cualitativo, antes de que lleguen los golpes, no por escapar del sufrimiento, sino para investigar y descubrir que el equilibrio es el estado más elevado y mejor.

En cualquier caso, la gente se contagia mutuamente, no sólo con enfermedades y virus, también con comportamientos, hábitos, decisiones y actitudes. Una red de conexiones nos une con hilos invisibles y en ella, proliferan innumerables contagios. Cada mente y corazón —nuestros pensamientos, deseos y aspiraciones— habitan en esta red. Constantemente transmitimos señales y ondas de diversos tipos.

De hecho, el poder del deseo y el poder del pensamiento son de una fuerza inimaginable. Si una persona genera ondas de deseos egoístas a su alrededor, inyecta un «virus» en la red. Cuando alguien desea dominar a otros, explotarlos en beneficio propio, emite ondas dañinas en la red. Estas frecuencias pasan a otros, los infecta con tendencias egoístas. Es un proceso de multiplicación sin fin. Vivimos dentro de este vórtice, por eso, la humanidad moderna es una red llena de «olas de odio».

En efecto, generamos esas mismas fuerzas negativas, que nos atacan como bumerán. Es muy importante comprenderlo, porque la moneda tiene otra cara. Si queremos erradicar la enfermedad desde su origen, debemos involucrarnos en un proceso educativo y cultural amplio, en toda la sociedad. Su propósito debe ser alinear a la humanidad con la dirección general del desarrollo de la naturaleza, es decir, crear conexión integral y equilibrio entre todos.

Mientras más comprendamos, que en la naturaleza todos estamos conectados como órganos de un cuerpo, mayor será el deseo de esforzamos por beneficiar a los demás, a medida que despertamos, este deseo se irradiará más a nuestro alrededor como ondas que se extienden en todas direcciones. Estos serán «virus buenos» y también serán contagiosos, pero será un contagio saludable, que hará que cada vez más personas se abran amorosamente.

Gradualmente, juntos alcanzaremos una altura, desde la cual podremos proyectar equilibrio sobre todos los sistemas de la naturaleza y erradicar de raíz todas las enfermedades y problemas. Nos uniremos entre nosotros y con toda la creación, descubriremos la maravillosa unidad de la naturaleza y aprenderemos a equilibrar las fuerzas positivas y negativas, en otras palabras, crearemos una vida de armonía total, desde los opuestos. Les deseo éxito en esta búsqueda bendita. 

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