Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

El significado oculto de las costumbres de la noche del Séder

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La Hagadá de Pésaj, alimentos especiales, cuatro copas de vino y una más para el profeta Elías, “derrama Tu ira sobre las naciones”, tres matzot y el afikomán. ¿Qué es todo esto y por qué?

En primer lugar, la noche de Pésaj simboliza el resumen de nuestra esclavitud en Egipto. Cuando los hijos de Israel descendieron a Egipto, al principio todo era bueno: siete años de abundancia. Después vinieron años menos buenos. La angustia fue aumentando, a pesar de la abundancia material. Un proceso similar al que atraviesa la humanidad en la era moderna. A pesar del progreso científico y tecnológico y del bienestar económico, el mundo no se ha convertido en un paraíso. Muy lejos de eso. La salida de Egipto simboliza la salida hacia una nueva vida, en la que la felicidad no vendrá de un gran ego, de pisotear a otros ni de logros materiales, sino de una buena conexión con las personas.

La noche del Séder presenta el orden de la transición hacia el nuevo método de vida. Comencemos con el plato del Séder. La sabiduría de la Cabalá enseña que el ego está compuesto de diez partes internas, “las diez sefirot”, que deben ser corregidas en cada etapa de nuestro camino. Las tres matzot corresponden a las tres sefirot Kéter, Jojmá y Biná. El hueso (zeroa), el huevo, las hierbas amargas, el jaroset, el karpas y el jazeret corresponden a las sefirot Jesed, Guevurá, Tiféret, Netzaj, Hod y Yesod, respectivamente. El propio plato corresponde a la sefirá Maljut.

Las cuatro copas de vino simbolizan cuatro etapas principales en las que se desarrolla el ego humano, llamado en el lenguaje de la Cabalá “el deseo de recibir”. Por eso también hay cuatro exilios y frente a ellos cuatro redenciones. El vino en sí simboliza la “luz de la sabiduría”, una fuerza especial en la naturaleza que desarrolla el deseo de recibir. Cada copa que bebemos simboliza otra etapa en nuestro desarrollo. El ego crece a un nuevo nivel, debemos reconocerlo nuevamente como el factor que amarga nuestras vidas y elevarnos por encima de él.

El invitado de honor de la noche del Séder, el profeta Elías, simboliza la fuerza que puede sacarnos de la esclavitud del ego hacia la libertad. Esperamos que nos dé una dirección correcta en la vida, que nos abra un poco el corazón y la mente, para que podamos avanzar hacia la conexión y el amor al prójimo. Y cuando realmente queremos aprender a amar, descubrimos al profeta Elías como una fuerza que se encuentra dentro de nosotros, viva, existente, activa, y que nos impulsa hacia la cima de nuestro desarrollo como seres humanos. Cuando le dejamos una copa en la noche del Séder, es una señal de que queremos que esa fuerza venga a nosotros. La pregunta que debemos hacernos es: ¿realmente queremos que Elías venga?

Elías es una fuerza que viene a redimir a quien desea salvarse de la esclavitud de su ego. Mientras la redención que anhelamos sea egoísta, es decir, mejorar nuestra situación personal o cualquier otro deseo material, Elías no viene. Para realizar tales aspiraciones conviene invitar al director del banco, al jefe en el trabajo u otras figuras de autoridad. Elías no se ocupa de deseos egoístas; ese es el ámbito del faraón.

La redención que se menciona en la Hagadá de Pésaj y la revelación de Elías son la sensación de una fuerza de amor que viene y habita entre nosotros. Que cada uno esté dispuesto a amar al otro, quiera conectarse, elevarse por encima de su interés personal y actuar en beneficio del prójimo. Para empezar a avanzar en esta dirección, debemos actuar juntos y promover el nuevo método de vida por todos los medios posibles. Entonces descubriremos que se despierta en nosotros una fuerza opuesta, que no nos permite conectarnos, que nos separa. Se llama Faraón. Nuestro estado será entonces considerado como la esclavitud de Egipto, un estado de exilio. Descubriremos cuánto ego hay en cada uno de nosotros, cuánto desprecio y orgullo que no nos permiten acercarnos a los demás. Pero entonces también nacerá en nosotros un clamor común de ayuda. “Y los hijos de Israel gemían a causa del trabajo”, como se dice en la Escritura.

A partir de considerar la noche del Séder como el orden de la corrección del ego, observemos otras costumbres de la festividad. El principio “el ser humano es un pequeño mundo” dice que cada costumbre externa señala un proceso interno que debemos realizar dentro de nosotros. Por ejemplo, en la noche del Séder pedimos: “derrama Tu ira sobre las naciones”. ¿De qué se trata? Dentro del corazón de cada persona hay muchos deseos que luchan entre sí. En términos generales, se dividen en Israel y las naciones del mundo. El deseo llamado “Israel” se dirige directamente al amor al prójimo; los demás deseos son egoístas. “Derrama Tu ira sobre las naciones” significa que pedimos ayuda para reconocer que los deseos egoístas dentro de nosotros nos someten a un duro trabajo y amargan nuestras vidas.

Hay tres matzot en el plato del Séder, como se dijo. La mitad de la matzá del medio se destina al afikomán, que se esconde y debe comerse antes de la medianoche. Matzá, de la raíz “disputa y contienda”, señala la lucha interna que una persona debe llevar a cabo con su ego, con su inclinación al mal. Sobre esto se dijo: “Siempre debe el hombre irritar la inclinación buena contra la inclinación mala”. Las tres matzot simbolizan fuerzas especiales mediante las cuales se aclara cómo escapar de Egipto. El afikomán simboliza la gran luz que se recibe hacia la medianoche y con cuya ayuda se escapa. Precisamente en la mayor oscuridad, cuando se siente definitivamente que en Egipto estamos realmente muertos y que lo único que nos falta es el amor fraternal, somos redimidos.

Esta es la verdadera historia de Pésaj, en pocas palabras. Se salta de un estado a otro, se pasa de una era de luchas del ego a una nueva vida basada en la conexión y el amor. Así se celebra la festividad de manera correcta y alegre.

De las fuentes:

“Salida de Egipto: que salieron a la libertad del exilio de Egipto, donde estaban esclavizados al amor propio”.

El hombre no recibe ayuda sino cuando necesita ayuda, es decir, cuando ve que no está en sus manos hacerlo solo… Por lo tanto, el orden del comienzo es en el aspecto de la matzá, que proviene de ‘disputa y contienda’, como está escrito: ‘cuando contendieron contra el Señor’. Y como dijeron nuestros sabios: ‘Siempre debe el hombre irritar la inclinación buena contra la inclinación mala’, como se dice: ‘Temblad y no pequéis’; y Rashi explicó: ‘que haga guerra contra la inclinación al mal’. Y cuando la persona lucha con ella cada día, y ve que aun así no se mueve de su lugar ni un ápice, sino que por el contrario se vuelve peor, entonces comienza a sentir amargura —esto se llama maror—. Y esto es según lo que escribió el santo ARI, que Israel en el momento de la redención ya se encontraba en las cuarenta y nueve puertas de la impureza, y entonces se les reveló el Creador y los redimió”.

Rabash — Rav Baruj Shalom HaLeví Ashlag

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