Dr. Michael Laitman Para cambiar el mundo cambia al hombre

¿Por qué los humanos tienen deseos?

deseos humanos
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El deseo es la materia prima de la que estamos hechos. Más precisamente, es el deseo de existir en abundancia, también conocido como deseo de recibir placer y deleite o deseo de disfrutar. Este deseo se desarrolla constantemente, de generación en generación, de un momento a otro y constantemente nos plantea nuevas metas, nos hace pensar que si logramos tal o cual objetivo, nos sentiremos bien.

Además, el deseo de recibir compara lo que tenemos con lo que otros tienen y se alinea con los valores sociales. hacemos mucho esfuerzo en alcanzar las metas que la sociedad nos impone. Y una vez alcanzadas estas metas, ¿qué sigue? ¿cuánto tiempo disfrutamos de esos logros, medallas o premios?

Al observar esta dinámica repetitiva, en algún momento vemos el límite del deseo de recibir. En ese momento, surge la necesidad de algo más, algo inagotable y renovador, como un depósito cada vez más profundo.

Aquí podemos comenzar el viaje de aprendizaje sobre nosotros mismos, nuestra naturaleza, el mecanismo interno que nos mueve, el gran sistema de la naturaleza que opera sobre nosotros y el proceso evolutivo que nos sitúa en el umbral de una nueva realidad. Si comprendemos este aprendizaje, la meta a la que debemos aspirar se hará cada vez más clara.

Por eso, el deseo de recibir impulsa a los seres humanos y también a los niveles: inanimado, vegetal y animal de la naturaleza, es la fuerza que sustenta. Podemos ver que opera, incluso en las partículas más pequeñas del nivel inanimado, equilibra las fuerzas de rechazo y atracción. El deseo de existir en bondad, genera innumerables formas y modos de conexión y conduce a la creación de las sustancias básicas de la vida.

La evolución continua generó un deseo de recibir más complejo y llevó a las sustancias a que se unieran de formas más sofisticadas. Se define como, nivel vegetal de la naturaleza. En este nivel, observamos movimientos, conexión y separación, la absorción interna de lo bueno y la emisión externa de lo perjudicial. El nivel vegetal posee una capacidad de discernimiento más evolucionada. Busca fuentes de energía como luz solar y agua y aprecia las estaciones del año. Por un lado, su existencia depende más de las condiciones ambientales. Por otro, permite una evolución más cualitativa y superior. Por cierto, resulta que las plantas se comunican entre sí, perciben los fenómenos de su entorno e identifican lo que les perjudica.

En el nivel animal, el deseo de recibir es aún mayor, ya no basta con estar atado a un lugar. Los animales se mueven constantemente en busca de alimento y otras condiciones de vida. Eligen pareja, construyen viviendas y cuidan a sus hijos.

Sigue el nivel humano. El deseo de recibir del ser humano ya no se satisface sólo con alimento y reproducción. Debemos crecer de forma diferente. Desarrollamos ciencia, tecnología, cultura, educación, economía y comercio. A diferencia de los animales, que se guían sólo por el instinto, nos guiamos por los valores que nos da el entorno y dependemos de nuestro entorno social.

A lo largo de la evolución humana, el deseo de recibir se ha vuelto cada vez más egoísta. Nos lleva a construir nuestro éxito sobre la ruina de los demás, explotando a quien podemos en beneficio personal. la preocupación principal es sentirse superior a todos. Además de explotar a otros con este fin, también explotamos el entorno natural que nos rodea, sin ninguna consideración. Esta conducta ya se ha vuelto peligrosa.

Hacia el final de este proceso evolutivo, se encuentra una etapa de introspección llamada, «reconocimiento del mal». Empezamos a entender que no somos muy diferentes del conejo que corre tras la zanahoria. La única diferencia es que vivimos unos 70 años, siguiendo las órdenes de nuestro ego, siguiendo los dictados de la sociedad gobernada por ricos y poderosos, hasta que nos cansamos, nos desvanecemos y cerramos.

¿Es esta nuestra vida? ¿hay alguna forma de liberarnos de este control?

Estas preguntas fundamentales, finalmente nos llevan a la sabiduría que nos explica cómo desarrollarnos como seres humanos, para descubrir la fuerza general y única de la naturaleza, que se encuentra en la base de la realidad. Es un motor interior que lo mueve todo. Podemos descubrirla, comprenderla, sentirla e identificarnos con ella. Al hacerlo, nos elevamos a su nivel y la realidad se vuelve nuestra.

Hacemos este viaje interior de acuerdo con un método especial, en un grupo pequeño de unos diez participantes. En cada encuentro hay estudio y práctica de la experiencia. Compartimos impresiones, inspiración, dificultad y preguntas, que se convierten en fuerzas que nos revitalizan para seguir avanzando en este viaje.

Abrimos nuestra percepción, visión y mente analítica y aprendemos a elevarnos cada vez más, es como escalar una montaña. Ascender es dejar nuestro deseo individual y buscar el amor al prójimo. ¿Por qué? Porque al hacerlo nos asemejamos a la fuerza única de la naturaleza. Su cualidad es amor, entrega pura y otorgamiento, descubrirlo es desarrollar una cualidad similar dentro de nosotros.

En cada etapa de este ascenso debemos transformarnos, expandir nuestros sentidos y el sistema, gracias al cual vemos, examinamos y calculamos todo. Gradualmente, aprendemos a salir de nosotros mismos, a incluirnos en «la decena», es decir, los diez amigos de nuestro pequeño y dedicado grupo y los absorbemos en nuestro corazón. Así, ampliamos nuestro círculo cada vez más, hasta que sentimos a todos como parte inseparable de nosotros mismos, como células y órganos de un solo cuerpo.

«La decena», este pequeño grupo con el que trabajamos para aumentar nuestra conexión positiva con hilos comunes de amor y otorgamiento, se convierte en un laboratorio para el desarrollo espiritual interior. En la decena, obtenemos una naturaleza nueva de amor al prójimo y penetramos en las profundidades de la naturaleza, en la raíz única y general de toda la creación y la naturaleza.

No hay viaje más interesante ni más poderoso que este, que nos lleva a conectarnos con la naturaleza eterna y perfecta. 

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