
Debemos percibir los giros y cambios de la vida con cierta emoción, como si fuera un juego.
Es similar a cuando jugamos al ajedrez, nuestro oponente hace una jugada en el tablero y comenzamos a ver nuestro siguiente movimiento. Debemos alegrarnos de tener conexión con el “jugador”. Deseamos, a través de la conexión con el jugador, descubrir al Creador, la fuerza superior de amor y otorgamiento que está detrás de este juego.
Así, cada una de nuestras respuestas, pensamientos, decisiones y cambios internos se convierten en parte de la aventura. Este trabajo interior es nuestro verdadero viaje.
Aunque aún no sintamos que el Creador está detrás de estos giros del destino, el deseo de percibirlo, de comprenderlo en estos movimientos, nos lleva por el camino cierto y óptimo.
Es exactamente lo que deseamos lograr: descubrir que detrás de cada movimiento de la vida, está Aquel que juega con nosotros, amorosa y sabiamente y con el único propósito de acercarnos a Él.


